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lunes, 29 de diciembre de 2014

Atapuerca, la clave para saber de dónde venimos



Año a año, el yacimiento arqueológico de Atapuerca, en Burgos, arroja una nueva sorpresa, un nuevo fósil con el que recomponer la compleja enciclopedia de la evolución humana, el apasionante libro de lo que somos, escrito hace miles de años y que poco a poco los científicos reconstruyen desde este rincón.

No en vano, la sierra de Atapuerca es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde el 2000 y Príncipe de Asturias desde 1997.

Este lugar, del que sólo se ha excavado el 0,0001 %, esconde "la enciclopedia completa de la evolución humana, que aún tardaremos cien años en ordenar", explica a Efe el codirector del yacimiento, Eudald Carbonell.

Pero ¿en qué momento Atapuerca se hizo tan especial?. Hasta 1990, la mayor parte de los expertos sostenían que los primeros pobladores de Europa habían llegado desde África hace medio millón de años.

Apoyaban su teoría una mandíbula descubierta en Heidelberg (Alemania) en 1907 que durante más de 90 años fue considerada el fósil más antiguo de Europa. La especie, en honor al lugar del hallazgo, fue bautizada como Homo heidelbergensis.

Pero en los 80, muchos paleontólogos empezaron a pensar que los primeros hombres habían pisado Europa mucho antes: hace un millón de años, pero carecían de pruebas que confirmaran esta teoría.

El 8 de julio de 1994, Atapuerca ponía punto y final al debate.
Ese día, se recuperaron los restos casi intactos de -al menos- seis individuos (dos niños, dos adolescentes y dos adultos de unos 20 años) que vivieron en la zona hace 800.000 años.

Análisis posteriores lo confirmaron: los primeros homínidos llegaron a Europa hace casi un millón de años y eran además una especie nueva, con características morfológicas diferentes, y bautizados como Homo antecessor, la especie más antigua de Europa y el ancestro común del Homo sapiens (nosotros) y del Neanderthal (la otra especie humana inteligente que habitó Europa hasta su misteriosa extinción hace unos 40.000 años).

Atapuerca subía así al podio de los yacimientos internacionales -junto a los de China y África- aunque sus excepcionales cualidades de conservación y sus dimensiones (casi 6 kilómetros de yacimiento), hacían prever que este rincón castellanoleonés oculta más sorpresas.

En 2007, da un nuevo golpe de autoridad; La Sima del Elefante, una de las cuevas del yacimiento, contiene restos de hace 1,3 millones de años, "posiblemente de Homo antecessor, aunque los últimos estudios apuntan a que podría tratarse de un homínido distinto", puntualiza Carbonell.

Mientras se confirma esta posibilidad, Atapuerca sigue dando alegrías: en junio, la revista Science informaba del hallazgo, en la Sima de los Huesos, de 17 cráneos de 430.000 años de antigüedad, de la especie Homo heidelbergensis pero con rasgos neandertales, es decir, "pueden ser neandertales tan primitivos" que "probablemente sean una nueva especie", detalla el paleontólogo catalán.

Para constatarlo, junto al Max Plank de Alemania, "estamos haciendo los análisis de ADN nuclear, y confiamos que en los próximos meses confirmarán el hallazgo".

El tiempo dirá, pero hasta entonces, parece que Atapuerca ha puesto sobre la mesa otra pieza más del inmenso puzzle que es la evolución humana, que lejos de ser un árbol genealógico lineal, se parece más a un escenario de "Juego de Tronos", con poblaciones muy dinámicas compartiendo o rivalizando por un mismo territorio.

La genética, según Carbonell, "nos está ayudando mucho. Está cambiando la interpretación de muchas cosas. Nos explica los movimientos de las especies y las diferencias genéticas en un mismo género".

Atapuerca es una red de cuevas de piedra caliza horadadas por el agua hace 1,5 millones de años, que fueron visitadas por todas las poblaciones que han pasado por Europa y que permanecieron ocultas hasta finales del XIX: las obras de construcción de un ferrocarril descubrieron este filón arqueológico.

Las excavaciones comenzaron en los 60, y en 1974 el profesor Emiliano Aguirre, paleontólogo de la Complutense de Madrid, puso en marcha un proyecto científico que después pasó a sus tres mejores discípulos: Juan Luis Arsuaga, Eudald Carbonell y José María Bermúdez de Castro, los tres codirectores del yacimiento.

Cada verano, los tres científicos dirigen una campaña de excavaciones en las que durante cerca de un mes y medio, un equipo de paleontólogos, arqueólogos, geólogos e incluso médicos trabajan a destajo para extraer un material que estudian el resto del año y con el que van reconstruyendo la historia de nuestros ancestros.

(Recursos de archivo eb www.lafototeca.com.  y otros)

Fuentes: EFE.

martes, 10 de enero de 2012

«Nuestro cerebro es una herramienta social»

Juan Luis Arsuaga recuerda que somos «la consecuencia del juego de especies» y que la clave de nuestro éxito es que «hemos desarrollado sociedades muy complejas»

Juan Luis Arsuaga posa delante de un panel de la exposición 'La aventura de la Prehistoria en Gipuzkoa', en el Museo San Telmo, en San Sebastián./ Lobo Altuna


Juan Luis Arsuaga todavía se emociona cuando en una excavación desentierra un hueso. La última vez fue el pasado verano, con los dientes de leche de una niña neandertal. «Si, en el yacimiento en que estoy, sale un diente de rinoceronte, me pongo como una moto», dice el codirector de Atapuerca. Hace unos días, abrió en San Sebastián las XII Jornadas de Arqueología de Aranzadi, sociedad a la que se unió en su época de estudiante en Bilbao.

-¿Cómo le explicaría a un niño de dónde venimos?

-¿Puedo contar un chiste?

-Sí.

Un niño le pregunta a su padre: «¿De dónde venimos?». El padre le dice: «Al principio, eramos monos y estábamos en África. Vivíamos en los árboles, pero bajamos para vivir en la sabana. Luego, salimos de África y fuimos a Atapuerca. Después, inventamos la agricultura y la ganadería, empezamos a construir casas y todo lo demás...». Entonces, el niño le hace la misma pregunta a su madre, que le dice: «Dios nos creó en el Paraíso y vivíamos allí; pero hubo un problema con una manzana, fuimos expulsados y nos repartimos por el mundo». El niño responde: «Ama, vamos a ver... Aita me ha contado una historia completamente diferente: éramos monos, vivíamos en África, bajamos de los árboles... ». Y la madre le dice: «Mira, hijo, es que tu padre te ha contado la historia de su familia».

-Ja, ja, ja... La de la familia paterna es la historia real.

-Sí, es el relato científico, la historia real. La ciencia se ocupa de averiguar cómo funciona el mundo, de dar explicaciones naturales a lo que pasa en el mundo material.

-¿Cómo casa eso con la pretensión de que un descendiente de esos monos que bajaron del árbol recibió una especie de chispazo divino para convertirse en lo que somos, que es lo que mantiene la Iglesia católica?

-No está mal. Es un avance. Hasta hace no mucho, el relato creacionista decía que Dios había creado las especies tal como son ahora, que eran inmutables. Si ahora el relato religioso admite que ha habido una evolución, y que Dios ha intervenido en algo que es inmaterial y no ha afectado a la biología, estamos ante un creacionismo muy ilustrado.

-Sigue siendo creacionismo.

-Sí, pero, por lo menos, no niega la evidencia. A partir del hecho de que la Tierra es un planeta que gira alrededor de una estrella que está un brazo de una galaxia que es una de tantas, hay gente que quiere ver una trascendencia. Hay quien defiende, por ejemplo, no que la divinidad interviene en la Historia, sino que crea el orden, las propiedades de la materia...

Parientes lejanos

-El linaje de los homínidos es amplio. ¿Por qué hemos sido nosotros los supervivientes?

-Estamos aquí por lo mismo que están los leones y no los esmilodontes, los elefantes y no los mamuts... Somos consecuencia del juego de especies en la biosfera. Lo que tiene la historia es que, cuando se produce un acontecimiento, éste condiciona el futuro. Si se extingue una especie, esa vía se cierra y, a lo mejor, la que sobrevive tiene la posibilidad de crear algo nuevo.

-¿Cuándo situaríamos a nuestro primer antepasado homínido?

-El otro día leí a un paleontólogo una cosa que tiene bastante gracia y que me parece muy acertada. Decía: «La pregunta de cuándo pasamos de ser monos a humanos carece de sentido. Nosotros siempre estuvimos allí». Es cierto: siempre hemos estado ahí.

-Pero hay un momento en el que el mono de la familia paterna baja del árbol.

-Sí, hay un momento en que se separan la línea de los chimpancés y la humana. Eso ocurre entre hace 6 y 7 millones de años en África. Es lo que dice la genética combinada con los fósiles.

-¿Eran bípedos aquellos primeros homínidos?

-Los australopitecos son bídepos; eso está claro. Conocemos bien nuestra historia a partir de los australopitecos, que vivieron entre hace 4,2 y 1,9 millones de años. Antes de ellos, hay una serie de fósiles -"Sahelanthropus", "Orrorin" y "Ardipithecus"- que tienen muy poquito de humanos. De ser bípedos, lo serían ocasionalmente. Son my primitivos. Es lo normal. Los primeros homínidos no tenían que ser muy diferentes del último antepasado común con el chimpancé. -Lucy, que vivió hace 3,2 millones de años y es una australopiteco, era ya bípeda.

-Bípeda obligada: no tenía otro sistema de desplazarse.

-¿Sigue sintiendo algo especial por Lucy?

-Desde 1974, se han descubierto otros fósiles; pero yo suelo recordar eso tan fino que dicen los franceses: «Siempre se vuelve al primer amor». Lucy fue mi primer amor. La examiné para mi tesis. Una día, estaba en Addis Abeba viéndola, era tarde y no había terminado. Los del museo se iban, me dejaron que siguiera y cerrara yo, pero antes me dijeron: «No la lleves tarde a casa».

-¿En qué momento podemos hablar de humanos?

-Hace unos 2 millones de años.

-¿Por qué?

-Aparece "Homo", nuestro género. Seguramente, surge antes, pero no tenemos fósiles. Aunque los australopitecos ya tienen herramientas varios cientos de miles de años antes, "Homo" empieza a parecer otra cosa... Algunos "Homo" son altos y tienen ya un cerebro mucho más grande; otros no.

-¿A qué lo achaca?

-Es nuestro rollo. Desarrollar el cerebro no es, en principio, ninguna garantía de éxito. Los osos, por ejemplo, hibernan. Ése es su rollo. Durante el invierno, ser oso es un trabajo muy difícil porque no hay nada que comer. Entonces, la evolución ha favorecido a los que se pasan el invierno durmiendo. De hecho, hasta hace bastante poco tiempo, había en la Tierra más osos que humanos. Si un extraterrestre hubiera venido entonces, hubiera concluido que ser oso es lo que funciona.

Hombres y hormigas

-¿Pero cuál podría ser la causa de ese desarrollo cerebral que nos diferencia?

-Pues la misma que cualquier otra especialización, que los individuos que la desarrollan tienen éxito, más hijos... Cuando al biólogo inglés John Haldane le preguntaban por Dios, respondía: «De Dios, solo sé una cosa: que le encantan los coleópteros -los escarabajos- porque es el grupo animal con más especies». Yo creo que nuestro cerebro es, básicamente, una herramienta social. La clave de nuestro éxito no es que seamos listos en el sentido ecológico del término, sino que hemos desarrollado sociedades muy complejas.

-¿La clave es el grupo?

-El grupo, la red social.

-Entonces, Internet nos refuerza.

-Sí, claro. Solamente nosotros podíamos crear una cosa así. Ése es nuestro trabajo. El naturalista Edward Wilson dice, y tiene razón, que hay dos especies animales que son los reyes del planeta: en el mundo de lo grande, los humanos; en el de lo pequeño, las hormigas. La biomasa de las hormigas supera la biomasa humana. Wilson destaca que es muy curioso que, en lo pequeño y en lo grande, hayamos triunfado dos especies con sociedades muy complejas, y -esto hay también que tenerlo en cuenta- las hormigas no conocen la palabra paz, están en guerra permanente, como nosotros.

-¿Cuándo alcanzamos la autoconciencia, empezamos a pensar en nosotros?

-¡Eso me gustaría saber a mí! Es muy difícil contestar esa pregunta porque, de momento, no se sabe qué es lo que hace que tengamos conciencia del yo. Somos capaces de imaginarnos situaciones y experimentar cómo nos sentiremos, por ejemplo, si vamos de vacaciones al monte sin haber ido todavía. Ves cómo te sientes si vas. Lo experimentas por adelantado. Te proyectas al futuro. ¡Eso es muy fuerte! ¡Es la leche!

-¿Somos los únicos?

-Sí. Somos los únicos que planificamos.

-¿Los neandertales no tenían esa capacidad?

-Sí, yo creo que sí. Es una cuestión de debate. Yo diría que los restos arqueológicos apuntan a que los neandertales planificaban, pero habría que probarlo científicamente.
Fuente: ciencia.elcorreo.com

miércoles, 30 de junio de 2010

Un grupo de homínidos devoró un león hace 350.000 años en Atapuerca


Los codirectores de Atapuerca posan con el libro junto a Jordi Rosell y Enrique Baquedano. Foto. Dicyt.

Los yacimientos de la Sierra de Atapuerca acogieron la presentación de un libro en el que se recogen las conclusiones más destacadas de la primera reunión científica celebrada en Alcalá de Henares en enero de 2009 para analizar las relaciones entre grandes carnívoros y los homínidos en la Península Ibérica durante la prehistoria.

Según explica Jordi Rosell, investigador del equipo de Atapuerca, el encuentro fue todo un éxito porque recogió las aportaciones de un nutrido grupo de expertos que llevan años trabajando en este tema, procedentes de países como Portugal, Francia, Italia y España. De esta forma, se analizó por primera vez de manera conjunta el comportamiento de estos animales, sus hábitos cavernarios, su evolución, el papel que desarrollan en el medio, las extinciones o su relación con los grupos humanos.

El episodio más “curioso” que se puso de manifiesto en esta reunión fue el acontecido hace 350.000 años en la Sierra de Atapuerca, en concreto en el nivel TD10 de la Gran Dolina. Fue allí donde un grupo de homínidos dio caza a un león gigante, un león de las cavernas, y lo devoró. La conclusión más revolucionaria que se extrae de este suceso, como indica Jordi Rosell, es que “por primera vez se demuestra que este ente es capaz de cazar un león”.

Este episodio se ha publicado recientemente en el Journal of Archaeological Science, un trabajo que han llevado a cabo Jordi Rosell, Ruth Blasco, también investigadora del equipo de Atapuerca; y los tres codirectores del proyecto, Juan Luis Arsuaga, José María Bermúdez de Castro y Eudald Carbonell.

Pero las conclusiones no se quedan en corroborar que el Homo heidelbergensis era un buen cazador. Las implicaciones de este hecho son “tremendamente grandes” para acercarnos al conocimiento del comportamiento humano de esta especie. Desde el punto de vista social, por ejemplo, nos indica que su organización era muy cohesionada porque dan caza al león en grupo; pero a su vez, nos revela una alta capacidad de improvisación ya que la idea de capturar al gran carnívoro no era premeditada, sino que surge porque supone una amenaza para el grupo o porque les molesta a la hora de dar caza a sus propias presas. En definitiva, nos indica que “son lo suficientemente hábiles como para hacer frente a un animal de estas características”, reseñó Jordi Rosell.

Los homínidos que habitaron la Península durante la prehistoria tuvieron que convivir con más carnívoros, además del león de las cavernas, mucho más grande que un león africano actual. A través del estudio de estos yacimientos, Rosell apunta que también han encontrado restos de hienas que merodeaban por el campamento una vez que los homínidos se habían marchado para aprovechar los restos de sus presas que habían abandonado. Zorritos, linces, osos y panteras completan la lista de carnívoros que compartieron territorio con nuestros antepasados.

Burgos: gran destino científico

La I reunión científica sobre cubiles de hienas y otros grandes carnívoros en los yacimientos arqueológicos de la Península Ibérica se creó para analizar las relaciones entre estos animales y los homínidos durante la prehistoria. Fue organizada por el equipo de investigación de Atapuerca y el del yacimiento madrileño de Pinilla del Valle, dirigido por Enrique Baquedano.

Ambos equipos llevaban años interesándose por este tema y así se puso en marcha este encuentro bajo el título de . Debido al éxito obtenido, su director, Jordi Rosell, ya está planificando un segundo encuentro que tendrá lugar el próximo año en Tarragona.

Como retos para el futuro, el investigador señala abrir el estudio de las relaciones entre homínidos y grandes carnívoros a nivel mundial y no ceñirse exclusivamente a la Península Ibérica. De esta forma, el congreso despertaría el interés de un número aún mayor de científicos que el año pasado se echaron para atrás al conocer que el estudio se limitaba tan sólo a la Península.

“Tuvimos muchas peticiones de expertos procedentes del continente africano, asiático e incluso Norte América, pero al tener esa limitación se echaron para atrás”, lamentó Rosell quien además adelantó que si la reunión sigue siendo un éxito y siguen surgiendo datos novedosos, “el siguiente congreso tendría que ser en Burgos”, concluye.

Fuente: plataformasinc.es