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jueves, 25 de abril de 2013

Hace 1,3 millones de años los homínidos y las hienas competían en Orce (Granada) por la carroña




Hace 1,3 millones de años, Fuente Nueva-3, en Ocre (Granada), era un lugar que acogía las primeras poblaciones de homínidos que habían llegado a Europa. El paisaje estaba caracterizado por la presencia de mucha agua y una gran variedad de fauna, entre la que abundaban los grandes mamíferos, especialmente los megaherbívors, como Mammuthus meridionalis (elefante), Hippopotamus antiquus (hipopótamo), Stephanorhinus hundsheimensis (rinoceronte), Bison sp. (Bisonte), o Praemegaceros verticornis (ciervo gigante de grandes cuernos), junto a otras especies de menor tamaño.

 Situación geográfica y estratigrafía de Fuente Nueva-3


Este fue el contexto ambiental que acogió a los autores de los primeros cuchillos de piedra en Europa, elaborados con la materia prima localizada en los alrededores, especialmente sílex y calizas dolomíticas. Con estos utensilios podían, por ejemplo, aprovechar los cadáveres de los grandes megaherbívoros que encontraban normalmente en lugares próximos a ríos y manantiales, como es el caso de Fuente Nueva -3.






Herramientas de piedra que fueron encontradas alrededor del esqueleto de la elefanta


Un día del Pleistoceno inferior

Esto es lo que pasó un día del Pleistoceno inferior, hace 1,3 millones de años, al encontrarse con los restos de una elefanta (se sabe el sexo por la morfología de la mandíbula) perteneciente a la especie Mammuthus meridionalis, antecesora de los mamuts lanudos que posteriormente poblaron el continente europeo.




Esqueleto parcial de 'Mammuthus meridionalis' de Fuente Nueva -3y distribución espacial de coprolitos y herramientas de piedra


Quien llegó antes al cadáver? Quien se comió la carne más fresca?


Muy probablemente, la elefanta se había acercado moribunda a un charco para beber y acabó muriendo allí. Los homínidos descuartizaron y se comieron parte del cadáver, pero no fueron los únicos en sacarle provecho. Como seguramente pasó muchas veces, las hienas gigantes de cara corta de la especie Pachycrocuta brevirostris, de más de 110 kg de masa (pueden llegar hasta los 160 kg), también rentabilizaron sus nutrientes.

Ahora bien, quien llegó antes al cadáver? Quien se comió la carne más fresca? "Los homínidos". Así lo interpreta Bienvenido Martínez-Navarro, paleontólogo e investigador ICREA (Institución Catalana de Investigación y Estudios Avanzados) en el IPHES (Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social), coautor de un artículo que ha publicado la revista Quaternary International sobre la competición por los recursos entre homínidos y hienas.

Las afirmaciones de Martínez-Navarro se basan en el estudio de un esqueleto de Mammuthus meridionalis encontrado en la campaña de excavación realizada en Fuente Nueva-3 el verano de 2001, y que fue extraído dos años después. "A este fósil le faltaban los miembros, tanto anteriores como posteriores, además del cráneo, pero se conservó gran parte del esqueleto axial, con la pelvis y la columna vertebral completas, varias costillas, una escápula y la mandíbula ligeramente desplazada", puntualiza el paleontólogo del IPHES.

El mismo investigador insiste: "Normalmente el sentido común conduce a las conclusiones más acertadas. Es de suponer, aplicando el principio del 'actualismo' (según el cual los agentes o causas que actúan en el presente ayudan a entender los sucesos del
pasado) que aquellos homínidos eran individuos que, a pesar de haber desarrollado ya la necesidad de comer alimentos animales, base del proceso de la diferenciación y evolución del género 
Homo -respecto al resto de primates que son básicamente vegetarianos-, no consiguieron desarrollar una capacidad digestiva tan elaborada como los grandes carnívoros para procesar desechos animales en avanzado estado de putrefacción, tal como hacen las hienas o los cánidos".

A esto hay que sumar que en estas etapas tan tempranas no hay ninguna evidencia de que los homínidos se sirvieran de manera sistemática del fuego. "Por ello, hemos de imaginar -precisa Martínez-Navarro- que nuestros antepasados ​​tenían que comer carne fresca, centrándose especialmente en las regiones proteicas menos tóxicas, como los paquetes musculares de los miembros que, además, contienen los huesos largos donde se acumulan grandes cantidades de médula, de alto rendimiento calórico, como el fémur, el húmero, el radio, el cúbito y la tibia".



Paul Palmqvist
(izquierda), investigador de la Universidad de Málaga, y Bienvenido 
Martínez-Navarro, investigador ICREA en el IPHES, en Orce - Jordi Mestre
 / IPHES


Cráneo y médula

Lo mismo sucede con el cráneo, donde se encuentra el cerebro, sumamente nutritivo, y que, junto a la médula, son comestibles y especialmente importantes para los niños recién destetados, los cuales no pueden masticar adecuadamente alimentos más duros, y también son necesarios para la manutención de los individuos ancianos desdentados, lo que les permite alargar su longevidad y, con ello, transmitir su experiencia y conocimientos a las generaciones más jóvenes.

"Curiosamente, estas partes menos tóxicas y más nutritivas, son las que le faltan al esqueleto", añade Paul Palmqvist, coautor del trabajo y catedrático de Paleontología de la Universidad de Málaga. "Por ello, debemos considerar que nuestros antepasados ​​sacaron rendimiento a la ventaja de llegar los primeros al cadáver; cortaron y se llevaron las patas y el cráneo, marchándose lo más rápido que pudieron. Después las hienas acabaron con el resto del cadáver, ya que estuvieron comiendo allí mientras hubo alguna cosa todavía comestible", añade.

Coprolitos blancos de P. brevirostris (hiena) del nivel arqueológico superior de Fuente Nueva -3 ( A) y más oscuro coprolitos encontradosenvolvente del esqueleto de M. meridionalis



Los coprolitos

 Hay otros datos más que indican que las hienas llegaron más tarde, considera María Patrocinio Espigares, primera firmante del artículo, profesora asociada en la Universidad de Málaga y miembro del Museo de Prehistoria y Paleontología de Orce. "Por un lado -cuenta esta investigadora- ingirieron

 grandes cantidades de carne y vísceras, ya que los coprolitos son de color oscuro debido a que comieron mucha cantidad de materia orgánica y poco hueso, ya que en caso contrario serían más claros, debido a la mayor presencia de materia mineral".

Por otra parte, "los coprolitos se sitúan mayoritariamente en el lugar donde habrían encontrado los huesos de las extremidades, lo que indica que fueron depositados allí con 
posterioridad a la su desmembramiento y transporte".

Precisamente, una de las aportaciones científicas más interesantes durante la excavación fue el hallazgo de 34 coprolitos (excrementos fosilizados) de la hiena gigante Pachycrocuta brevirostris, en torno al esqueleto de la elefanta, todo ello junto a 17 lascas de sílex con las que los homínidos habrían aprovechado los restos del animal. "Esto sugiere que el cadáver de este megaherbívoro pudo servir de alimento a  dos grandes consumidores de carroña: la hiena gigante y nuestros antepasados homínidos", afirma Bienvenido Martínez-Navarro.

"Con esta investigación se ha verificado una evidencia clara de competencia por el aprovechamiento de la carne entre los dos supercarroñeros mencionados, siendo el caso más antiguo que se conoce de competencia directa por el aprovechamiento de un cadáver de megaherbívoro entre ambos", agrega.

Además, prosigue, "muy probablemente sea el principal hallazgo arqueopaleontológicos 
encontrado hasta ahora en Orce y representa la punta del iceberg de lo que el yacimiento de Fuente Nueva-3, y los otros de la región, brindarán en un futuro próximo de cara al conocimiento del género de vida de nuestros antepasados más primitivos".




Fuente:    terraeantiqvae.com


miércoles, 17 de abril de 2013

¿Era el hombre de Flores solo un enano?


Un nuevo estudio afirma que el famoso «hobbit» indonesio no era otra especie, sino un Homo erectus que «encogió» para adaptarse a la vida en una isla

El hombre de la isla indonesia de Flores, que vivió hace 18.000 años, medía un metro de altura, pesaba 25 kilos y tenía un cráneo pequeño, es todavía un misterio para la Ciencia. Los investigadores no se ponen de acuerdo sobre si se trata de una nueva especie o es en realidad alguno de nuestros ancestros o uno de nosotros, un homo sapiens, con malformaciones, en una de las disputas más feroces de la antropología. Un nuevo estudio realizado por científicos japoneses apunta ahora que estos «hobbits», como se les conoce popularmente, son el fruto de la evolución en una isla. Se «encogieron» para adaptarse a la falta de alimentación en un espacio tan reducido, explican en la revista Proceedings B Journal de la Royal Society.


Los restos de estos seres fueron hallados hace una década en una cueva de una remota isla de Indonesia. Los científicos del Museo de Nacional de Naturaleza y Ciencia de Tokio realizaron una tomografía computarizada detallada de un cráneo perteneciente a los restos de uno de los Homo floresiensis encontrados,. Los resultados sugieren que su cerebro era algo más grande de lo que se creía: 426 centímetros cúbicos, algo más que los 400 cc estimados previamente, pero solo un tercio de un cerebro Homo sapiens, que es de alrededor de 1.300 cc.

Homo erectus reducido

El equipo argumenta que el tamaño del cerebro es consistente con un descendiente reducido del Homo erectus, que fue el primer ser humano en salir de África. Los antepasados de los «hobbits» pudieron ser una escuálida versión del Homo erectus. El tamaño de su cerebro habría sido de alrededor 860 cc. Sus descendientes, aislados del resto del mundo, fueron disminuyendo durante miles de años para adaptarse de la disponibilidad de alimentos en la isla, de acuerdo con su teoría.

Este fenómeno, conocido como enanismo insular, es muy conocido entre los biólogos. De hecho, en ese momento en la isla Flores vivía un elefante pigmeo, cuyos restos masacrados se han encontrado en el suelo de la cueva de los «hobbits». La teoría del enanismo insular no es nueva, pero los investigadores dicen que es la que mejor puede explicar lo sucedido en Indonesia. El debate continúa.

Funte: abc.es

viernes, 20 de abril de 2012

El día que nos pusimos en pie


ÁNXEL VENCE Perito en ciencias casi ocultas como la paleoantropología, el profesor Charles Musiba ha llegado a la convicción de que el ser más o menos humano se puso en pie por primera vez en Tanzania, hace de esto unos 3.700.000 años. Musiba, un tanzano que ejerce la docencia en Estados Unidos, basa su hipótesis en las pisadas que alguien dejó en el suelo del lugar de Laetoli por esa época y que la lava de un volcán ha preservado hasta hoy. Quizá no sirva de mucho, pero estamos a punto de conocer la fecha en la que nuestra especie echó a andar sobre los dos pies.

Musiba quiere montar un museo y acaso obtener unas subvenciones a cuenta del hallazgo, aunque lo importante es que las huellas encontradas en Laetoli sean anteriores a Lucy, la homínida hasta ahora considerada nuestra más antigua ascendiente. Si se confirmasen las sospechas del investigador tanzano, la humanidad habría dado sus primeros pasos en posición erecta unos 500.000 años antes de lo que se pensaba.

Mucho tiempo parece ése si se tiene en cuenta que los hombres luchaban hace apenas siglo y pico por mantenerse en posición erguida frente a otros individuos de su misma especie empeñados en sojuzgarlos. Tal se deduce, al menos, de la estrofa «Arriba, parias de la Tierra; en pie, famélica legión» con la que los revolucionarios del XIX trataban de galvanizar a los proletarios para que rompiesen las cadenas de la servidumbre. No es que los currantes de la época anduviesen en posición canina, naturalmente; pero no resulta menos verdad que trabajaban en condiciones de humillación lo bastante graves como para que el hecho de ponerse en pie fuese algo más que una simple metáfora. Algo que, por desventura, vuelve a suceder hoy.

Por parecidas razones, sostiene Musiba que también fueron la dureza de la vida y las extenuantes condiciones laborales del Paleolítico las que obligaron a los homínidos de entonces a levantarse del suelo. El cambio climático ejercía ya en aquella época sus efectos, de tal modo que nuestros antepasados los primates tuvieron que adaptarse a vivir en un terreno escaso de árboles a los que subirse para huir de las fieras. «La dureza de la vida en Laetoli nos puso en pie», concluye Musiba.

La hipótesis del profesor tanzano no es sino una aplicación de la teoría de la adaptación de las especies popularizada en su día por otro Charles más famoso, de apellido Darwin. De acuerdo con las teorías darwinistas, las especies no sólo se diversifican por mera adaptación al medio ambiente, sino que van mudando también sus características para enfrentarse a un entorno hostil. Más o menos eso es lo que habría forzado a los recontratatarabuelos de nuestra estirpe a ponerse en pie: ya fuese para transportar herramientas con los brazos, ya para forjar utensilios y armas, ya para otear el horizonte desde una mayor altura.

Cualquiera que fuese el motivo -y Musiba da algunos muy razonables-, lo cierto es que la capacidad para andar con las dos extremidades inferiores no es en modo alguno exclusiva del ser humano. También se sostienen sobre dos patas las gallinas, los veloces avestruces y los pajarillos del bosque, sin olvidar a los ya extintos dinosaurios del Jurásico. Y, a diferencia de nuestra especie, no han adquirido la enojosa costumbre de disparar sobre las demás, sean bípedas o cuadrúpedas. Aunque eso no pertenezca al dominio de la paleoantropología en el que se mueve felizmente el profesor Musiba.

Fuente: lne.es

viernes, 6 de abril de 2012

La extinción de los Neandertales podría no haber sido culpa de los Homo sapiens


Primera reconstrucción de un neandertal (1888) por Hermann Schaaffhausen, tomado de Wikimedia Commons.

En los últimos años, los restos neandertales (Homo neanderthalensis) han sido sujetos de varios estudios genéticos, principalmente acerca de la relación entre éstos y otros homínidos, así como respecto a la mezcla entre éstos y los humanos anatómicamente modernos (Homo sapiens). Sorprendentemente, sin embargo, se sabe poco acerca de los procesos poblacionales por los que atravesaba dicha especie antes de extinguirse.

Es decir, no se sabía –hasta hace poco- prácticamente nada respecto a su variabilidad genética antes de que entraran en contacto con los humanos modernos; a quienes ya casi por tradición se les ha echado la culpa de su extinción.

Recientemente, en un estudio multinacional y multinstitucional, diez investigadores analizaron la variabilidad genética del ADN mitocondrial proveniente de 13 individuos de la especie Homo neanderthalensis. Según sus resultados, los neandertales del oeste de Europa tuvieron una trayectoria diferente a la de las poblaciones del este después de la divergencia entre ambos grupos. Al parecer, las poblaciones del oeste pudieron haber sufrido una extinción local seguida de una recolonización a partir de una pequeña poblacional reminiscente en dicha zona. Por otro lado, los neandertales del este parecen haber contado con una continuidad genética hasta que la especie desapareció hace unos 28 mil años.

Por otro lado, aunque algunos estudios sobre neandertales se habían centrado en sus movimientos del norte al sur de Europa, ahora parece que algunos eventos climáticos extremos pudieron haber precipitado extinciones locales en lugar de movimientos poblacionales. Dichas hipótesis embonan bastante bien con los resultados del estudio aquí comentado. Al parecer, dichos breves -pero intensamente fríos períodos- pudieron haber ocasionado extinciones locales de poblaciones neandertales antes de que los humanos modernos pudieran compartir territorios con ellos.

En otras palabras, la variabilidad genética de los neandertales estuvo muy reducida durante los últimos 10 mil años en los que la especie existió, por lo que los humanos pudieron no haber sido (completamente) responsables de la extinción de dicha especie.

Artículo de referencia:ResearchBlogging.org
Dalen, L., Orlando, L., Shapiro, B., Durling, M., Quam, R., Gilbert, M., Diez Fernandez-Lomana, J., Willerslev, E., Arsuaga, J., & Gotherstrom, A. (2012). Partial genetic turnover in neandertals: continuity in the east and population replacement in the west Molecular Biology and Evolution DOI: 10.1093/molbev/mss074

Fuente: es.paperblog.com

miércoles, 17 de agosto de 2011

La Historia Interminable del Homo floresiensis


La presencia de un nuevo tipo humano, descubierto el año 2003 en la isla de Flores (Indonesia), desconcertó a la comunidad científica. Era muy reciente, de hace sólo 18.000 años, medía un metro de altura (como los hobbit de Tolkien) y tenía un cerebro de tamaño menor al de un chimpancé. Las herramientas que lo acompañaban eran las esperables para ese periodo, pero no para ese cerebro de 380 cc. ¡Algo impensable!

Había que dar explicaciones: se trataba de una temprana emigración de homínidos de cerebros pequeños (H. habilis o similar), que en un ambiente insular (como ocurre con otras especies) se adaptó reduciéndose en cabeza y cuerpo. Pero que un humano reduzca su cerebro es como pedir a una hiena que se haga vegetariana. Aceptar que el camino de la encefalización en nuestro género no es una vía de una sola dirección cuesta admitirlo. Su pequeño cerebro no le impedía cazar liebres gigantes o elefantes enanos, que poblaban la pequeña isla.

La opinión mayoritaria ha sido (y sigue siendo) la de los partidarios de la nueva especie. Numerosos artículos científicos estos años han ido describiendo los fósiles (clavículas, mandíbulas, pies, etc.) y aportando pruebas de la validez del trabajo de los primeros descubridores (los australianos Brown y Morwood).

Ahora, sin embargo, el antropólogo de la Universidad de Columbia Ralph Holloway afirma, en base a análisis de tomografía computerizada sobre el cráneo, que el individuo que da nombre a la especie es en realidad un Homo sapiens moderno afectado por microcefalia de origen patológico.

El trabajo, publicado este mes en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, compara el cráneo de Flores con niños y jóvenes microcefálicos actuales, llegando a la conclusión de que todas las medidas obtenidas por resonancia magnética encajan con esa patología que produce pequeños cerebros, y solo en los Australopithecus, de más de tres millones de años, se encuentran valores similares a los del cráneo indonesio. Los resultados de Halloway se alinean en gran parte con las dudas manifestadas desde el primer momento por el reputado paleontólogo Teuku Jacob, que siempre afirmó que el denominado “hobbit” era un pigmeo austromelanesio afectado por microcefalia.

Buena parte de las controversias se han debido a la ocultación de los fósiles y a la instrumentalización política. Equipos y países enfrentados que intentan impedir que la ciencia fluya bajo una premisa de abierta colaboración y respeto. Es probable, como afirma María Martinón (CENIEH), que la solución al enigma de Flores sólo pueda encontrarse mediante la colaboración entre equipos y disciplinas científicas diversas.

En España tenemos un caso similar. Estos días ha estallado de nuevo la polémica respecto a un presunto cráneo humano en Orce (Granada) hallado en 1992, al denegar la Junta de Andalucía la excavación a un equipo internacional. ¿Tan difícil es dejar que los científicos hagan su trabajo?

Fuente:diariodeburgos.es

sábado, 9 de abril de 2011

Un nuevo estudio avala que humanos y fauna emigraron de África en paralelo como consecuencia de los cambios climáticos

Restos de cuernos y dientes de gacela

Un tema clave y pendiente de resolver en el estudio de la evolución humana es averiguar cuáles fueron las causas de las primeras dispersiones humanas desde África y hacia toda Eurasia.

Una de las hipótesis que defienden algunos investigadores es que homínidos y fauna habrían salido juntos del continente africano, como consecuencia de los cambios climáticos. Así habría ocurrido hace unos 800.000 años, en lo que se ha considerado una segunda oleada migratoria, según se constata en un estudio que ahora se publica en el Journal Human Evolution (JHE), en un artículo firmado por Bienvenido Martínez-Navarro, investigador ICREA en el IPHES, que ha liderado este trabajo, y Rivka Rabinovich de la Universidad Hebrea de Jerusalem. La investigación se basa en el análisis de 180 restos de bóvidos descubiertos en Gesheri Benot Ya'aqov, en Israel.

Esta localidad situada en el Corredor Levantino, en el cuello de botella que conecta África con Eurasia, y donde se encuentran los restos de fuego domesticado y utilizado por los homínidos más antiguo documentados hasta el momento. Por consiguiente, “es un yacimiento clave para explicar las dispersiones humanas y faunísticas fuera de África en la transición Pleistoceno inferior-medio hace alrededor de unos 800.000 años”, asegura Bienvenido Martínez-Navarro. Anteriormente, habría habido otra salida de África, en este caso, sucedió hace sobre 1,8 millones de años, según se ha documentado en Dmanisi (Georgia).

En el artículo del Journal of Human Evolution, titulado “The fossil Bovidae (Artiodactyla, Mammalia) from Gesher Benot Ya’aqov, Israel: Out of Africa during the Early-Middle Pleistocene transition” (Los bóvidos fósiles de Benot Ya’aqov, Israel: dispersiones fuera de África durante la transición Pleistoceno inferior-medio), los autores describen dos especies de búfalos, una correspondiente al género Bos (al cual pertenecen los toros y las vacas), y otra probablemente se atribuya al género Bison, una gacela y otra forma indeterminada de bóvido. La especie más grande es un toro (Bos),que pertenece a una forma de origen africano relacionada con la especie determinada en el yacimiento eritreo de Buia, Bos buiaensis, que evoluciona a partir del búfalo de Olduvai (Bos oldowayensis) y coloniza Eurasia de manera paralela a la dispersión que protagonizaron los homínidos que elaboraban industrias líticas de tipo achelense, es decir, de Modo 2, a diferencia de la oleada observada en Dmanisi con restos de cultura olduvaiense (Modo 1), más antigua que la de Gesher Benot Ya’aqov.

Especies

Al mismo tiempo, un número importante de especies de origen africano colonizan Eurasia durante esta transición Pleistoceno inferior-medio, entre las que se encuentran el elefante de alimentación generalista, Elephas (Palaeoloxodon) antiquus, y los carnívoros como la hiena manchada (Crocuta crocut)a, así como el león (Panthera leo) y el leopardo (Panthera pardus)

“Este recambio faunístico está relacionado con el importante cambio climático acontecido en la transición Pleistoceno inferior-medio, momento en el cual empiezan a dominar climas más fríos alternados con períodos cálidos interglaciares”, añade Martínez-Navarro. “Lo más importante –remarca el mismo investigador- es que hemos podido describirun nuevo paralelismo entre dispersiones humanas y dispersiones faunísticas, cosa que nos permite establecer las relaciones ecológicas entre los homínidos y las especies de origen africano que emigran con ellos en momentos climáticos que favorecen esa salida de nuestros antepasados y de otras especies de grandes mamíferos, desde las latitudes tropicales de África hasta las latitudes medias de Eurasia”.

Fuente: Universitat Rovira i Virgili / noticias.universia.es

miércoles, 25 de agosto de 2010

Descubren 13.000 nuevos fósiles en el yacimiento neandertal del Abric Romaní


La campaña estival de excavación en el yacimiento neandertal del Abric Romaní, situado en Capellades (Barcelona), ha permitido extraer 13.000 nuevos fósiles que confirman la importancia de uno de los enclaves idóneos para conocer mejor la forma de vida de las sociedades que habitaron el lugar, hace unos 55.000 años.

La excavación, dirigida por un equipo del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (Iphes), ha permitido también poner al descubierto una zona concreta más resguardada, que los arqueólogos creen que sirvió exclusivamente como habitación, para el descanso de los hombres prehistóricos.

El arqueólogo, antropólogo y paleontólogo Eudald Carbonell ha señalado que un lugar tan protegido como el descubierto en el Abric Romaní podría corresponder a una "zona de ocupación intensa" de los neandertales, algo muy poco documentado hasta la fecha.

El yacimiento neandertal de Abric Romaní mantiene un grado de conservación similar al de la ciudad italiana de Pompeya, sepultada por la erupción del Vesubio en el siglo I, gracias a la rápida acumulación de sedimentos, según publicó en diciembre la revista científica 'Science'.

Durante el centenar de años desde su descubrimiento y las dos décadas de trabajo que se han realizado, los investigadores han constatado la existencia de poblaciones de neandertales durante más de 20.000 años, además de que éstos organizaban su espacio en función de la distribución de sus hogueras, de las que se han descubierto los restos de unas 200.

La presente campaña de excavación, que finaliza esta semana, ha servido para extraer numerosas piezas líticas en el mismo nivel 0 del yacimiento, al mismo nivel que las áreas de habitación, lo que según los expertos "obliga a redefinir la extensión" de cara al próximo año.

Los fósiles descubiertos suponen un "cambio tecnológico importante", según el Iphes, respecto a campañas anteriores, puesto que se ha hecho más generalizado el hallazgo de herramientas talladas siguiendo la técnica Levallois --que consiste en la extracción de muescas a partir del núcleo de la piedra--.

Además, los investigadores han señalado que el mayor número de estas herramientas de sílex de pequeñas dimensiones se ha encontrado dentro de los lares sin quemar, lo que evidenciaría que muchas de las tallas se habrían producido en el interior de la misma cueva.

La campaña de excavación ha contado con la participación de 67 personas, procedentes de distintas universidades de España, Argelia, Italia, Francia y Estados Unidos.

Fuente: europapress.es / Imagen: IPHES

martes, 24 de agosto de 2010

'Piercings' en el pene hace 30.000 años


En el falo de marfil de Vogelherd los autores ven varias hileras de 'piercings'.

Es un sofocante día de verano. Con el sudor chorreando por encima de sus tatuajes, un chaval melenudo camina nervioso bajo el sol. Franquea un umbral y se encuentra con un colega. Le mira a los ojos y le pide, con un hilo de voz, una escalera de Jacob, varias hileras de piercings en el dorso de su pene. La escena, ficticia, pudo ocurrir ayer en una gran ciudad, pero también hace 30.000 años en la cueva de Vogelherd, escondida entre la maleza en un valle alemán.

Al menos, esta es la tesis de un grupo de investigadores españoles que intenta demostrar que el origen de la decoración fálica, hoy de moda, se pierde en la noche de los tiempos. Los científicos publicarán próximamente un estudio en The Journal of Urology en el que muestran evidencias de que las perforaciones, los tatuajes y las escarificaciones eran habituales en los penes de los hombres del Paleolítico superior. Sus conclusiones son controvertidas, pero creen que las pruebas que han rastreado por Europa, en un periodo que abarca desde los 38.000 a los 11.000 años antes del presente, son consistentes.

Según su investigación, 42 piezas con inequívoca morfología fálica han sobrevivido hasta nuestros días en Europa. Y 30 de ellas, el 71,4%, presentan incisiones o agujeros con un presunto "propósito decorativo". A su juicio, "estos diseños eran muy probablemente representaciones de escarificaciones, cortes, piercings y tatuajes".

Tatuajes congelados

Uno de los autores del trabajo, el urólogo especializado en prehistoria Javier Angulo, del Hospital Universitario de Getafe, defiende sus hipótesis observando las costumbres de algunos pueblos actuales. "Ahora hay tribus indias que se deforman la piel del pene", argumenta. "En el Paleolítico superior eran Homo sapiens igual que nosotros, también les gustaba engalanarse", explica.

Otros expertos ajenos al estudio, como el catedrático de Prehistoria Javier Baena, de la Universidad Autónoma de Madrid, son más escépticos. "Estos temas se mueven en el ámbito de la conjetura. Las decoraciones en el arte mueble pueden representar tatuajes y piercings, o puede que no. Parece que las comparaciones etnográficas están más de moda ahora, pero no se puede basar todo en eso", opina.

Como sugieren las palabras de Baena, para poder validar la hipótesis habría que encontrar un pene incorrupto de más de 10.000 años, tatuado y perforado, en un yacimiento. Parece imposible, pero no lo es del todo. En 1991, en un glaciar de los Alpes, apareció Ötzi, un cadáver humano congelado desde hace unos 5.300 años. El hombre de los hielos tenía varios tatuajes, en el torso, en las rodillas, en los talones y en las muñecas. Y las orejas perforadas. Como subraya Angulo, Ötzi, uno de los cuerpos humanos más antiguos entre los conservados con piel, ya presentaba piercings y tatuajes, posiblemente elaborados con objetos punzantes embadurnados en una pasta de carbón. Y no es una excepción. Otro de los hombres rescatados de los hielos, que vivió en Siberia hace 2.500 años, también presenta un tatuaje en el hombro.

Y hay más. Otro de los indicios que hacen pensar a los investigadores que la decoración fálica era habitual hace miles de años es un cubrepene de oro hallado en la tumba 43 de la necrópolis de la Edad del Cobre de Varna, en la costa búlgara del Mar Negro. El nicho, de unos 6.000 años de antigüedad, guarda los restos de un hombre de unos 45 años que fue enterrado entre pequeños objetos de oro y armas de cobre y sílex. Bajo su pelvis, los arqueólogos hallaron una capucha de oro que recubriría el falo del difunto.

Modestos cirujanos

Angulo no duda de la pericia de los hombres de hace 30.000 años, con un físico y una capacidad cerebral similares a las actuales, para llevar a cabo estas operaciones de tatuaje, escarificación o perforación del pene. Muchos de los órganos viriles tallados o pintados en las cavernas aparecen en erección. Y, como subraya Angulo, habituado a ver patologías del falo en su consulta, muestran que "o se llevaba a cabo la circuncisión o había una cultura de retracción del prepucio".

Otro de los autores del estudio, Marcos García Díez, insiste en que los animales representados en el arte paleolítico están repletos de detalles realistas. Y sabe de lo que habla. Este científico es el coordinador de las cuevas prehistóricas en el Gobierno de Cantabria. Cavernas como El Castillo, con casi 300 figuras animales y humanas, o Covalanas, conocida como la cueva de las ciervas rojas, están bajo su supervisión. Si aquellos dibujos se corresponden con la anatomía de las bestias, es lógico pensar que las representaciones fálicas también son realistas.

El arte de hace más de 10.000 años es como un manual de urología. Hay de todo: penes con fimosis, con el prepucio retraído o circuncidados, flácidos, erectos, con parafimosis. Los seres humanos de la época tenían una tecnología suficientemente avanzada como para llevar a cabo pequeñas operaciones. Las líneas y puntos en las piezas con morfología fálica se corresponderían, entonces, con tatuajes, piercings y escarificaciones.

Una estatuilla con forma de pene hallada en la cueva de Vogelherd es, posiblemente, el falo decorado más antiguo, con 30.000 años. En sus filas de perforaciones, los autores ven una escalera de Jacob. Otro pene de marfil adornado con rayas, procedente de la cueva de Mas d'Azil, en los Pirineos franceses, sería un buen ejemplo de tatuaje genital, si los artistas optaron por el realismo, como sospechan los autores. Y, finalmente, el tercer claro modelo, en su opinión, sería el doble falo tallado hace 12.000 años en un asta de ciervo y encontrado en la cueva francesa de Gorge d'Enfer. En su ornamentación, los investigadores ven posibles escaras, costras realizadas con fuego u objetos ardiendo sobre el pene.
"Un ente estúpido"

La mayor parte de las piezas analizadas ha aparecido en Francia, pero también hay unas pocas muestras en España en yacimientos como El Pendo y El Rascaño, en Cantabria, o Cueto de la Mina, en Asturias y algunos casos excepcionales en Alemania y Ucrania. Para los autores del estudio, entre los que también se encuentra el prehistoriador Marc Martínez, conservador de la gruta francesa de Pair-non-Pair, todos estos ejemplos sugieren que algunas de estas decoraciones en el pene "se pusieron de moda, especialmente en Francia en el Magdaleniense superior", hace poco más de 8.000 años.

La función de estos adornos es un enigma. En el caso del hombre de los hielos alpino, los tatuajes aparecieron sobre articulaciones con artrosis, por lo que, como recuerdan Angulo y García Díez, algunos investigadores plantearon la hipótesis de que las marcas tuvieran una función supuestamente medicinal. Más cerca en el tiempo, los científicos mencionan que el tatuaje corporal en algunas tribus de la Polinesia tenía una alta carga erótica. Una persona sin tatuar era "un ente estúpido". Las mujeres se tatuaban todo el cuerpo, desde las orejas a la vulva. Y los grabados en la piel eran incluso más extensos en los hombres. Sin embargo, tras siglos de tradición, los misioneros cristianos llegaron a las islas en 1797 y prohibieron de manera radical esta práctica.

Los maoríes de Nueva Zelanda creían, incluso, que sus tatuajes atrapaban la energía cósmica. En otros casos, las marcas en el cuerpo anunciaban la pertenencia a un grupo. "Las raíces del tatuaje son espirituales, como las supersticiones animistas, basadas en la creencia de que la tinta y el arte corporal pueden proteger del demonio", dicen en su artículo. "Posiblemente, el tatuaje prehistórico y otras formas de decoración corporal seguían patrones de comportamiento similares. Por lo tanto, en el Paleolítico, la ornamentación genital pudo no ser meramente cosmética", hipotetizan.

Sin embargo, Angulo deja caer otra opción. "Siempre se habla de espiritualidad, pero es muy posible que, simplemente, a aquellos hombres les gustara adornarse. Los habría coquetos o friquis. Eran como nosotros".

Fuente: Publico.es

jueves, 19 de agosto de 2010

El Homo antecessor gozó de un clima similar al actual que le proporcionó caza

El Homo antecessor de Atapuerca (Burgos) gozó de un clima cálido similar al actual que le proporcionó una diversidad de grandes mamíferos para cazar, según un estudio de un equipo científico encabezado por Eudald Carbonell, codirector de Atapuerca, cuyo principal autor es Hugues-Alexandre Blain.

El estudio, publicado en el "Quaternary Science", asegura que la especie Homo antecesor, que habitaba entonces, gozó de un clima cálido similar al actual y establece similitud entre los paisajes de la Sima del Elefante y Gran Dolina de Atapuerca (Burgos) y los de Fuente Nueva 3 y Barranco León de Orce (Granada), todos ellos yacimientos de una cronología similar.

Del mismo modo, según estos científicos, se puede afirmar que los homínidos de hace un millón de años sabían adaptarse tanto a zonas más secas del sur de la Península Ibérica como a las áreas más lluviosas y húmedas del norte.

En este nuevo estudio "se han analizado, por primera vez, 12.000 restos óseos de anfibios y reptiles de los niveles inferiores de la Sima del Elefante", en Atapuerca, según ha señalado en una nota de prensa Hugues-Alexandre Blain.

Como estas especies no difieren de las que se encuentran hoy en día en la Península Ibérica, permiten reconstruir y cuantificar el paisaje y el clima del Pleistoceno inferior, utilizando una comparación directa con su distribución en los ecosistemas actuales, ha concretado.

"Los resultados apuntan a que las temperaturas eran iguales o ligeramente más cálidas que actualmente, en la zona de Burgos, para los niveles donde están presentes los homínidos y que las precipitaciones eran más abundantes", ha resumido.

El estudio incluye que el paisaje estaba constituido por zonas abiertas con la presencia de unos humedales próximos a las cuevas de la Sierra de Atapuerca y el predominio de praderas húmedas y de bosques abiertos.

Si se compara los yacimientos de la Sima del Elefante y Gran Dolina de Atapuerca con los yacimientos de Barranco León y Fuente Nueva 3, ubicados en la Cuenca de Guadix-Baza de Orce (Granada), que han proporcionado unas industrias líticas consideradas como las más antiguas de Europa, de aproximadamente 1.3 millones de años, "se observan similitudes con los lugares frecuentados por estos primeros europeos, teniendo en común una buena representación de espacios boscosos y de zonas de ribera de ríos o lagos.

Por otro lado, esta comparación entre Atapuerca y Orce, según precisa Hugues-Alexandre Blain, pone de manifiesto la capacidad de adaptación de estos homínidos a entornos variados, por sobrevivir tanto en los paisajes más secos del sur de la península ibérica como en áreas más húmedas y lluviosas del norte peninsular.

"Eran paisajes caracterizados por zonas abiertas, tanto secas como húmedas, pero siempre próximas a áreas boscosas y a puntos de aguas importantes", ha señalado el científico.

"Podemos suponer que estos entornos constituían unas condiciones muy favorables para mantener una alta diversidad de grandes mamíferos, lo cual implicaba buenos territorios de caza, y también que la proximidad de los bosques les permitía esconderse y escapar de los grandes carnívoros", ha concluido Blain.

Fuente: EFE

Exhiben en México huesos de humanos de la Era del hielo al siglo XX


Ciento cincuenta piezas óseas de pobladores de América, desde la Era del hielo al siglo XX, son expuestas a partir de hoy y hasta enero próximo en el Palacio de la Escuela de Medicina, en Ciudad de México.

"La huella en los huesos. Un acercamiento a la antropología física" reúne vértebras, cráneos, costillas, mandíbulas, radios y cúbitos que formaron parte de esqueletos de los primeros pobladores de América (hace 14.000 años) y hasta el siglo XX.

Algunas piezas pertenecen a poblaciones extintas como las de la Era de Hielo, entre las que destacan las osamentas de dos de los humanos más antiguos del continente, La Mujer del Peñón y el Hombre de Chimalhuacán, indicó en un comunicado el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

"Los huesos son como libros o papel fotográfico, porque en ellos queda impresa la historia de un ser humano; quienes se dedican a 'leer' esas huellas son los antropólogos físicos y descifrándolas han descubierto información sobre enfermedades de otras épocas", explicó el INAH.

La muestra revela padecimientos, evolución y las técnicas que siguieron diferentes culturas para tratarlas, informó el antropólogo físico José Concepción Jiménez, curador de la muestra.

Dijo que la antropología física interviene no sólo en estudios de poblaciones pasadas sino también actuales para analizar aspectos de violencia, nutrición, enfermedades y aclarar causas de fallecimiento.

Las piezas son parte de la Colección Osteológica resguardada por la Dirección de Antropología Física del INAH que cuenta con un total de 22.000 partes óseas que datan de la época de los primeros pobladores del continente al siglo XX, de los cuales en esta muestra se presentan algunas de las más significativas.

El montaje de esta muestra se visualizó como un recorrido por el quehacer de esta ciencia que tiene más de 170 años de desarrollo en México y se ambienta un laboratorio con los instrumentos más utilizados, así como la reconstrucción de un entierro en el que se aprecia la manera como son hallados los restos en un contexto arqueológico.

Fuente: EFE / Imagen: EPA

miércoles, 30 de junio de 2010

Un grupo de homínidos devoró un león hace 350.000 años en Atapuerca


Los codirectores de Atapuerca posan con el libro junto a Jordi Rosell y Enrique Baquedano. Foto. Dicyt.

Los yacimientos de la Sierra de Atapuerca acogieron la presentación de un libro en el que se recogen las conclusiones más destacadas de la primera reunión científica celebrada en Alcalá de Henares en enero de 2009 para analizar las relaciones entre grandes carnívoros y los homínidos en la Península Ibérica durante la prehistoria.

Según explica Jordi Rosell, investigador del equipo de Atapuerca, el encuentro fue todo un éxito porque recogió las aportaciones de un nutrido grupo de expertos que llevan años trabajando en este tema, procedentes de países como Portugal, Francia, Italia y España. De esta forma, se analizó por primera vez de manera conjunta el comportamiento de estos animales, sus hábitos cavernarios, su evolución, el papel que desarrollan en el medio, las extinciones o su relación con los grupos humanos.

El episodio más “curioso” que se puso de manifiesto en esta reunión fue el acontecido hace 350.000 años en la Sierra de Atapuerca, en concreto en el nivel TD10 de la Gran Dolina. Fue allí donde un grupo de homínidos dio caza a un león gigante, un león de las cavernas, y lo devoró. La conclusión más revolucionaria que se extrae de este suceso, como indica Jordi Rosell, es que “por primera vez se demuestra que este ente es capaz de cazar un león”.

Este episodio se ha publicado recientemente en el Journal of Archaeological Science, un trabajo que han llevado a cabo Jordi Rosell, Ruth Blasco, también investigadora del equipo de Atapuerca; y los tres codirectores del proyecto, Juan Luis Arsuaga, José María Bermúdez de Castro y Eudald Carbonell.

Pero las conclusiones no se quedan en corroborar que el Homo heidelbergensis era un buen cazador. Las implicaciones de este hecho son “tremendamente grandes” para acercarnos al conocimiento del comportamiento humano de esta especie. Desde el punto de vista social, por ejemplo, nos indica que su organización era muy cohesionada porque dan caza al león en grupo; pero a su vez, nos revela una alta capacidad de improvisación ya que la idea de capturar al gran carnívoro no era premeditada, sino que surge porque supone una amenaza para el grupo o porque les molesta a la hora de dar caza a sus propias presas. En definitiva, nos indica que “son lo suficientemente hábiles como para hacer frente a un animal de estas características”, reseñó Jordi Rosell.

Los homínidos que habitaron la Península durante la prehistoria tuvieron que convivir con más carnívoros, además del león de las cavernas, mucho más grande que un león africano actual. A través del estudio de estos yacimientos, Rosell apunta que también han encontrado restos de hienas que merodeaban por el campamento una vez que los homínidos se habían marchado para aprovechar los restos de sus presas que habían abandonado. Zorritos, linces, osos y panteras completan la lista de carnívoros que compartieron territorio con nuestros antepasados.

Burgos: gran destino científico

La I reunión científica sobre cubiles de hienas y otros grandes carnívoros en los yacimientos arqueológicos de la Península Ibérica se creó para analizar las relaciones entre estos animales y los homínidos durante la prehistoria. Fue organizada por el equipo de investigación de Atapuerca y el del yacimiento madrileño de Pinilla del Valle, dirigido por Enrique Baquedano.

Ambos equipos llevaban años interesándose por este tema y así se puso en marcha este encuentro bajo el título de . Debido al éxito obtenido, su director, Jordi Rosell, ya está planificando un segundo encuentro que tendrá lugar el próximo año en Tarragona.

Como retos para el futuro, el investigador señala abrir el estudio de las relaciones entre homínidos y grandes carnívoros a nivel mundial y no ceñirse exclusivamente a la Península Ibérica. De esta forma, el congreso despertaría el interés de un número aún mayor de científicos que el año pasado se echaron para atrás al conocer que el estudio se limitaba tan sólo a la Península.

“Tuvimos muchas peticiones de expertos procedentes del continente africano, asiático e incluso Norte América, pero al tener esa limitación se echaron para atrás”, lamentó Rosell quien además adelantó que si la reunión sigue siendo un éxito y siguen surgiendo datos novedosos, “el siguiente congreso tendría que ser en Burgos”, concluye.

Fuente: plataformasinc.es

sábado, 29 de mayo de 2010

El homínido más antiguo recibe críticas

El descubridor de 'Ardi' responde a los paleontólogos que ponen en duda que fuera un homínido y que viviera en un bosque

Representación del 'Ardipithecus ramidus'- SCIENCE

¿Era Ardi, el homínido más antiguo encontrado hasta ahora, verdaderamente un antepasado del ser humano, y vivía en un bosque o más bien en una sabana? Algunos aspectos de lo que fue considerada la noticia científica más importante del año 2009 son objeto de cierto debate en la comunidad científica, que se refleja en un intercambio de argumentos entre los descubridores y estudiosos del Ardipithecus ramidus, hallado en Etiopía, y sus críticos.

Por un lado, el especialista en homínidos extinguidos Esteban E. Sarmiento, de la Fundación Human Evolution de EE UU, cree que no existen pruebas suficientes de que Ar. ramidus fuera un homínido, es decir, que perteneciera al linaje humano tras la separación del linaje del chimpancé, y se inclina por que era anterior a esta divergencia.

La presentación en sociedad, largamente esperada, del Ar. ramidus, un fósil de hace 4,4 millones de años, se hizo a través de una decena de artículos publicados, bajo la dirección del paleontólogo estadounidense Tim White , el 2 de octubre de 2009 en la revista Science, la misma que acoge ahora el debate. Según Sarmiento, la identificación de un homínido sobre la base de las características de los dientes caninos y premolares induce a equivocación y otras supuestas pruebas, como la de que podía andar erguido basándose en la morfología del pie, no son convincentes.

White y algunos de sus colegas argumentan que son múltiples los parecidos dentales, craneales y esqueléticos entre el Ar. ramidus y otros homínidos, especialmente con el australopiteco posterior y que no sería lógico que estas características se hubieran desarrollado antes de la separación con el chimpancé y luego hubieran vuelto a surgir. El paleontólogo español JoséLuis Arsuaga, que tiene una buena relación con White, señala que cree que sí es un homínido, pero que quedan aspectos por aclarar en lo que se publicó, como lo relativo a la monogamia y la postura bípeda.

Esta última característica, tan importante, tiene que ver también con la segunda crítica, que se refiere al ambiente en que vivió la criatura en lo que hoy es el desierto de Etiopía. Un gran experto, Thure Cerling , de la Universidad de Utah, y científicos de otras universidades argumentan que se trataba de una sabana y no del bosque mucho más cerrado que White y sus colegas presentan. Para ello esgrimen complejas interpretaciones de paleoisótopos, la técnica preferida actualmente para recrear el ambiente pretérito. White y sus colegas las refutan, con argumentos igualmente complejos.

Hipótesis de la sabana

Nuria García, la única científica española que participó en este trabajo, señala: "Los dos se refieren en realidad a la hipótesis de la sabana, la idea de que los homínidos se hicieron bípedos al tiempo que los espacios abiertos fueron siendo predominantes". García cree que Cerling y sus colegas están interpretando a una escala errónea. "Creo que están centrándose en una escala regional de paleoambientes, mientras que White y los suyos, como saben de donde proceden los fósiles, la geología, y la fauna de cada localidad, pueden hacer una interpretación específica del hábitat solo de Ar. ramidus". La paleontóloga española, que trabajó precisamente en la interpretación del ambiente, sobre datos de miles de fósiles, cree que White da una mejor interpretación global, al menos por el momento, y que además establece que la hipótesis de la sabana es ahora testable científicamente, cuando antes no lo era.

"Ardi prefería todavía ambientes más cerrados", concluye García. "La visión de los primates atravesando sobre dos patas las distancias entre zonas boscosas cada vez más apartadas ha mantenido su atractivo durante décadas de investigación", explica White, para quien los datos obtenidos del ambiente en el que vivía Ardi socavan esta hipótesis y dan una visión nueva del nicho ecológico de los primeros homínidos.


Fuente: elpais.com

lunes, 10 de mayo de 2010

¿Somos un poco neandertales?

El análisis genético de la especie más próxima a nosotros indica que hubo un ligero mestizaje - Se abre la puerta al conocimiento de lo que nos hace humanos



Svante Pääbo, a la derecha, con miembros de su equipo junto a un esqueleto de neandertal.


Los neandertales vivieron en Europa durante centenares de miles de años pero desaparecieron en mucho menos tiempo ante el avance de una nueva especie de homínido que salió de África, la única que existe ahora, la nuestra. Siempre nos hemos preguntado cómo se comportarían, qué capacidades tenían aquellos primos evolutivos, extinguidos antes de que se pintara la cueva de Altamira.

¿Eran capaces los neandertales de pensar simbólicamente, de fabricar adornos y amuletos, como piensan algunos expertos, o simplemente imitaban lo que veían en los invasores, como sugieren otros? Pero, sobre todo, nos preguntábamos si alguna vez los neandertales, que seguro que se aparearon con los recién llegados, con los que convivían a corta distancia en algunos lugares al menos, llegaron a tener descendencia no estéril. Hasta ahora, todo indicaba que no prolongaron su estirpe, pero la genética aporta ahora al conocimiento de los neandertales y de nosotros mismos un panorama distinto y más sugerente.

El Homo sapiens, la especie vencedora en la historia evolutiva de los humanos, se hibridó con los neandertales que encontró cuando empezó a salir de África hace unos 80.000 años, aunque lo hizo probablemente durante poco tiempo. Esto es lo que cree el equipo internacional que ha conseguido secuenciar el genoma completo del neandertal, un gran proyecto que empezó hace cuatro años y cuyos resultados publica hoy la revista Science.

Este logro no ha servido sólo para conocer cómo era la rama lateral de homínidos extinguida que habitó Europa hasta hace sólo 30.000 años, sino, sobre todo, para saber qué nos hace humanos. "Es genial saber que algunos de nosotros tenemos un poco de ADN del hombre de Neandertal, pero, para mí, la oportunidad de buscar evidencia de la selección positiva que ocurrió poco después de que las dos especies se separaran es probablemente el aspecto más fascinante de este proyecto", dice Svante Pääbo, el más reconocido experto en ADN fósil y director del trabajo.

Los investigadores, entre ellos varios españoles, compararon el genoma del neandertal con los de cinco humanos de los cinco continentes de la época actual. Los resultados revelan que 78 genes (83 según otro método), de los más de 23.000 existentes, son probablemente distintos funcionalmente en los humanos y los neandertales, y que entre un 1% y un 4% del material genético humano moderno procede de la especie extinguida, lo que indica que sí hubo mestizaje.

"Los neandertales son más parecidos a los humanos de otros continentes diferentes de África que a los africanos", explica Pääbo, del Instituto Max-Planck de Antropología Evolutiva (en Alemania). "Esto indica que la hibridación se produjo después de que el Homo sapiens empezara a salir de África, seguramente en Oriente Próximo y durante poco tiempo, antes de que evolucionaran las distintas ramas euroasiáticas".

Se basa en que los modelos de población indican que cuando una población colonizadora se topa con una población residente, aún una pequeña cantidad de hibridación puede quedar ampliamente reflejada en el genoma de las poblaciones colonizadoras si esa población se expande entonces de manera significativa. De este modo, el porcentaje relativamente bajo de ADN de neandertal en el genoma del humano moderno sugiere que el mestizaje fue bastante limitado.

Para el genoma completo, del que ahora se publica el primer borrador de un 60% del ADN, los científicos se han basado en tres pequeñas muestras, procedentes de tres huesos distintos, de entre 38.000 y 44.000 años de antigüedad, todos ellos del yacimiento de Vindija en Croacia.

El borrador se complementó con la secuenciación parcial de otros tres neandertales, procedentes de la cueva del Sidrón (Asturias) -cuyo equipo participa en el proyecto-, Mezmaiskaya (Rusia) y Feldhofer (Alemania). Ha constituido un gran desafío técnico, debido al considerable peligro de contaminación de las muestras con el ADN del humano moderno, que es muy parecido al del neandertal, y a la gran cantidad de ADN de las bacterias y hongos que colonizaron los huesos fósiles y que ha habido que separar. La tecnología la ha puesto la empresa estadounidense 454 Life Sciences, del grupo Roche.

"El flujo génico descubierto únicamente puede detectarse de neandertales a humanos modernos, por la dinámica expansiva de las poblaciones humanas modernas, pero no es descartable que fuera bidireccional. Por el contrario, no hay rastros de que hubiera flujo génico después, cuando nuestros antepasados entraron en Europa hace 40.000 años", explica Antonio Rosas, paleobiólogo del CSIC y miembro del equipo.

El genoma neandertal presenta, además, otras regiones cromosómicas que podrían derivar de cruzamientos con homínidos más arcaicos, como Homo erectus u Homo antecessor, la especie más antigua de Atapuerca.

El paleogenetista Carles Lalueza-Fox, también miembro del equipo junto a Marco de la Rasilla, Javier Fortea y Tomas Marques-Bonet, afirma: "Esta teoría es totalmente novedosa, y no se ajusta a ninguno de los dos modelos extremos tradicionalmente planteados y conocidos como hipótesis fuera de África e hipótesis multirregional. El primero postula una salida reciente fuera de África sin cruzamientos con otras especies humanas más arcaicas, mientras que el segundo postula una evolución local en cada continente a partir de una migración muy antigua, cercana a los dos millones de años. El nuevo modelo planteado por el genoma neandertal podría definirse como fuera de África con hibridación con neandertales en la salida".

Entre los genes diferentes entre ambas especies están unos pocos que se propagaron rápidamente en la nuestra (mediante la llamada selección positiva) después de que los humanos y neandertales se separaran de un ancestro común, hace medio millón de años. Incluyen genes relacionados con el metabolismo, el desarrollo cognitivo y el del cráneo, la clavícula y la caja torácica. Hay otros relacionados con el autismo, la esquizofrenia y con el síndrome de Down.

Los investigadores también usaron el genoma del neandertal para producir la primera versión de un catálogo de variaciones genéticas que existen en todos los humanos modernos pero que no se encuentran en los neandertales o en los simios. Aseguran que este catálogo será valioso para los científicos que estudian qué es lo que separa a los humanos de otros organismos.

"Estas variaciones indican que son buenas mutaciones, beneficiosas de alguna forma en la evolución. Esto ilumina nuestra historia evolutiva, al identificar regiones del ADN candidatas a explorar para comprender lo que cambió en los humanos modernos desde que se separaron evolutivamente y por qué", resume Richard E. Green, de la Universidad de California, primer firmante del artículo que publica Science.

Fuente: elpais.com

jueves, 8 de abril de 2010

Más información, sobre el desconocido Australopithecus sediba

El cráneo hallado en Suráfrica. - Science

Un grupo de científicos cree haber encontrado la piedra rosetta de la evolución humana. Se trata una nueva especie de homínido hallado en Suráfrica cuya anatomía, mitad mono y mitad hombre, le convierte en el mejor candidato a ser el precursor de los primeros humanos. Vivió hace unos dos millones de años en un momento muy desconocido de la evolución en el que se piensa que algún miembro del género Australopithecus engendró el género humano, del que el Homo sapiens es el único superviviente actual.

La nueva especie, Australopithecus sediba, se ha descrito basada en dos individuos, un joven y una mujer adulta, cuyos restos quedaron encerrados en un ataúd de rocas donde se han conservado hasta la actualidad. Yacían en la cueva de Malapa, cerca de la Cuna de la Humanidad, una región a 50 kilómetros de Johannesburgo donde se han encontrado cientos de fósiles claves para dibujar los orígenes del hombre.

"El sediba es una piedra rosetta para definir qué es el género humano", dijo el paleoantropólogo Lee Berger, de la Universidad de Witwatersrand (Suráfrica), durante una videoconferencia para presentar sus hallazgos. Es el autor principal de la descripción de la nueva especie, que publica hoy Science. Presenta una mezcla de rasgos primitivos y modernos nunca vista.

El ejemplar modelo ha sido el del joven, pues incluye su cráneo casi completo. Tenía unos 13 años y medía 1,3 metros. Su pelvis era casi como la de los primeros humanos e indica que era capaz de andar erguido.

Su nariz se proyecta hacia adelante como la de los humanos, y sus piernas son más largas que las de los otros australopitecos que pasaban la mayor parte del tiempo en los árboles. Sin embargo, su cráneo es mucho menor que el de los humanos. Tiene unos brazos tan largos como los de un orangután y sus pies y manos son aún "primitivos", explicó Berger. Esta coctelera hace del sediba un ejemplar único para explicar quiénes fueron los australopitecos que bajaron de los árboles para siempre.

Hace entre tres y dos millones de años, Suráfrica era un hervidero de homínidos que incluía ejemplares de rasgos agigantados como los Paranthropus, otros más avanzados, entre los que estarían el Australopithecus africanus y el sediba, y los Homo habilis, primeros miembros del género humano, explica Antonio Rosas, investigador del CSIC. "Los bosques tropicales comenzaban a dejar paso a las sabanas y aparecía su característica fauna tal como la conocemos hoy", añade.

Los fósiles fueron hallados entre restos de antílopes y tigres de dientes de sable. Los responsables de la excavación creen que el joven sediba y su acompañante adulta cayeron en una "trampa mortal". Era una grieta del terreno que daba a un foso desde el que fueron luego arrastrados por corrientes de agua junto a los otros animales a un depósito más profundo.



Los expertos comenzaron a desenterrar los primeros fósiles en 2008, pero el yacimiento seguirá dando frutos. Ya hay al menos otros dos ejemplares que se están desenterrando en estos momentos, anunció Berger. "Pronto seremos capaces de ofrecer una reconstrucción detallada de cómo eran el rostro, el cuerpo y el estilo de vida de esta especie", dijo Berger.

Ancestro del erectus

Los responsables del hallazgo creen que el sediba es descendiente del A. africanus, que vivió en el continente hasta hace unos 2,9 millones de años. Sus rasgos humanos indican que puede ser el ancestro directo del Homo habilis, primer miembro del género Homo, o incluso del Homo erectus, que salió de África hacia Asia hace 1,8 millones de años.

"El erectus es aceptado por todos los expertos como la primera especie genuinamente humana", explica Carles Lalueza, paleoantropólogo de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. "Lo más importante de este estudio es que presenta el mejor candidato hasta la fecha para enlazar a australopitecos y humanos", añade.

Hay una tercera hipótesis. El sediba pudo ser una rama evolutiva independiente que "imitaba" a los primeros humanos, pero que no los originó. Los expertos apuntan que el trabajo dará que hablar durante meses y "desplazará el centro de estudio de la disciplina hacia los australopitecos", explica Rosas. "Se trata de uno de los capítulos más oscuros de la evolución", añade.

Algunos medios se han apresurado a decir que el sediba es el eslabón perdido, algo que los propios autores han negado rotundamente. "No me gusta aplicar el término porque es algo de la época victoriana y la evolución no es una cadena, sino un árbol", señaló Berger. Rosas elabora: "Cada especie era como un ensayo que respondía al cambio ambiental con un determinado modo de locomoción, dentición y tamaño cerebral". "Como salido de una caja negra, alguno de esos ensayos consolidó el género humano en la forma del Homo erectus", concluye.


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El fósil lo encontró un niño

El primero en encontrar los restos del A. sediba en 2008 fue Matthew Berger, hijo del paleoantropólogo Lee Berger, que entonces tenía nueve años. Una clavícula sobresalía de una piedra. Su padre le dijo que era de un antílope, pero resultó pertenecer al posible ancestro del género humano.

Poco antes, Berger y su colega de la Universidad de Witwatersrand Paul Dirks habían seleccionado una cueva cercana como candidata a albergar fósiles humanos.

Para la primera batida del terreno usaron Google Earth. La posterior excavación de la cueva destapó el cráneo del sediba, que significa fuente en lengua sesotho. Los descubridores creen que de esta especie brotó el género humano.

Para que el hallazgo no quede eclipsado por otros fósiles famosos, como Lucy o la reciente Mujer X, Berger ha propuesto un concurso entre estudiantes de colegio en Suráfrica para que le pongan nombre al nuevo australopiteco.

Fuentes: publico.es / muyinternet.com

lunes, 5 de abril de 2010

Descubren el esqueleto de un homínido desconocido,Australopithecus sediba.

Imagen del craneo de un Homo Habilis.


Expertos de la Universidad de Witwatersrand en Sudáfrica han descubierto en una cueva un esqueleto de hace dos millones de años perteneciente a un homínido antecesor del hombre y que hasta la fecha era desconocido para los científicos.

Según recoge el 'Times', estos huesos pertenecerían a una especie desconocida de homínido situada entre el mono y el ser humano y supondrían un nuevo nexo en la cadena de evolución humana. A juicio de los investigadores, se ubicaría en la época en la que los homínidos comenzaron a andar erguidos, empleaban herramientas y ya tenían capacidad de lenguaje.

El anatomista que en 1964 definió al 'Homo Habilis' como a una especie evolutiva del hombre, Phillip Tobias, subrayó que este "extraño" hallazgo consta de una mandíbula con una pareja de dientes, algo "totalmente inusual" en esta clase de homínidos, aunque detalló que todavía es "más raro" encontrar una mandíbula con un par de dientes ya unida al cráneo, y que a su vez, éste se encuentre conectado con la columna, y ésta con la pelvis.

Los ancestros del hombre y del chimpancé comenzaron hace seis millones de años, y los primeros homínidos erguidos y andantes surgieron en torno a 3,9 millones de años atrás. En opinión de los investigadores, los esqueletos recopilados hasta la fecha sugieren que los primeros homínidos pasaron la mayor parte de su tiempo en los árboles y sólo en torno a hace 2,5 millones de años fueron más "sofisticados".

El 'Homo Habilis', que pertenecería a la misma época que los fósiles encontrados, es la primera especie que se describe como humana, a pesar de que se hallan encontrado sólo unos pocos ejemplares.

"Cómo y por qué nuestros antecesores adoptaron un estilo de vida bipédico y perdieron señas de mono, como dedos de pies enormes, siguen siendo un enigma para la Ciencia", explicó el científico de la Universidad de Oxford Simon Underdown.

Fuente: europapress.es

miércoles, 24 de marzo de 2010

La Mujer X, un nuevo linaje humano


Vista de la cueva Denisova en las montañas Altai de Siberia.- BENCE VIOLA


El dedo pequeño de una mano infantil, de un niño o niña que vivió hace 40.000 años en Siberia, ha revelado que los antepasados remotos de los humanos salieron de África al menos una vez más de lo que se creía y que en una pequeña zona convivieron neandertales, humanos modernos (de los que descendemos los actuales) y los nuevos homínidos ahora descubiertos, cuyo aspecto y otras características todavía no se conocen. El análisis genético del dedo es la herramienta que ha permitido hacer este sorprendente descubrimiento, que sitúa definitivamente a la genética como auxiliar imprescindible de la paleontología, al menos para la época más reciente.

"Una criatura que no conocemos llevó este linaje desde África y lo hizo hace menos de un millón de años", explica Svante Pääbo , el más prestigioso especialista en ADN antiguo y director del trabajo, que publica la revista Nature. Sin embargo, reconoce Pääbo: "No podemos decir realmente cómo era esta criatura, ni si se conoce ya por fósiles hallados en otros sitios, pero nos da una nueva imagen, mucho más compleja, de nuestro pasado". Prudente, Pääbo se niega a hablar de "nueva especie" y dice que en el laboratorio llaman al fósil Mujer X, simplemente, por la transmisión materna del ADN mitocondrial, que es lo que se ha estudiado, aunque no conocen su sexo.

"Hemos analizado el ADN mitocondrial del fragmento de dedo con las técnicas que desarrollamos para el ADN de neandertal", explica Johannes Krause, del laboratorio de Pääbo. La sorpresa fue que el análisis de esta máquina celular reveló grandes diferencias (hasta 400) con el ADN mitocondrial del hombre moderno y del neandertal. La conclusión es que pertenece a otro linaje, hasta ahora no identificado, posterior a la primera salida del África de un homínido. "Los neandertales y los hombres modernos divergieron evolutivamente hace medio millón de años aproximadamente, y el ancestro común de los tres linajes, incluido el nuevo, data de un millón de años, así que estas criaturas están dos veces más distantes de nosotros que los neandertales", dice Pääbo.

El primer grupo de homínidos que salió de África fue Homo erectus y después hubo al menos otras dos oleadas, la de los ancestros del neandertal, entre los que está en Homo antecessor de Atapuerca, hace entre 500.000 y 300.000 años, y el Homo sapiens, la especie actual, hace sólo 50.000 años. El problema es que únicamente se ha realizado análisis genético del neandertal, por lo que resulta imposible la comparación del nuevo homínido (si resulta serlo y no uno ya identificado por los fósiles) con los anteriores. Pääbo confía en que el ADN del núcleo del mismo fósil, que ya están estudiando, de muchos más datos

El yacimiento en el que se ha encontrado el hueso analizado es un abrigo -la cueva Denisova, en las montañas Altai del sur de Siberia- que ha estado habitado desde hace 100.000 años. El estudio de los estratos de la cueva y de otros yacimientos cercanos indica que el homínido de Denisova vivió cerca, en el espacio y en el tiempo, de los neandertales y los humanos modernos.

Fuente: elpais.com

martes, 24 de noviembre de 2009

¿Qué comían los Australopithecus?


Frutos ricos en azúcares, así como semillas, raíces, tubérculos y cortezas, podrían ser los alimentos básicos de la dieta del Australopithecus afarensis, un homínido del Plioceno del este de África, datado entre 4, 2 y 3 millones de años atrás. Ésta es una de las principales conclusiones del estudio sobre dieta y ecología del A. afarensis publicado en la revista Journal of Human Evolution por un equipo de la Unidad de Antropología del Departamento de Biología Animal de la UB, bajo la dirección del profesor Alejandro Pérez-Pérez.

La reconstrucción de la dieta se ha elaborado analizando el patrón de microestriación de la dentición postcanina del A. afarensis, causado durante el proceso de masticación por elementos estructurales presentes en los vegetales, llamados fitólitos, los cuales son abrasivos y rayan el esmalte dental. Además, el mismo proceso de alimentación también conlleva la ingesta de arena o polvo, que implica una mayor abrasión. Todos estos elementos son capaces de dañar microestructuralment del esmalte en el proceso de masticación porque tienen una dureza superior. El recuento y la caracterización de las microestriaciones, así como el análisis estadístico, han permitido atribuir una determinada dieta y ecología de esta especie fósil en función del patrón de microestriación de especies de primates actuales, cuya dieta está bien documentada.

Según Ferran Estebaranz, primer autor de esta investigación, "el patrón de microestriación de la A. afarensis muestra claras similitudes con los de especies Hominoidea actuales, como los gorilas de Camerún. Así, su dieta se basaría principalmente en frutos ricos en azúcares, aunque, durante la época desfavorable, debían alimentarse primordialmente de recursos pobres energéticamente pero muy abundantes, como semillas, raíces, tubérculos o cortezas ». Tal y como apunta el estudio, aunque el A. afarensis vivió en ambientes diferentes, su dieta es homogénea, lo que indica que estos homínidos eran capaces de buscar y seleccionar los recursos favoritos en diversos entornos ecológicos. Además, la dieta del A. afarensis, según se desprende del análisis del patrón de microestriación, no varió a lo largo del tiempo a pesar del aridificació progresiva que sufrió el este de África hace entre 4 y 3 millones de años.

El estudio publicado se enmarca en un amplio proyecto que pretende caracterizar la dieta y las adaptaciones ecológicas de los homínidos del Pliopleistoceno del este de África. En este sentido, cabe destacar que, recientemente, la investigadora Laura M. Martínez ha participado en el segundo Congreso de la Asociación de Paleoantropología y Paleontología del este de África (East African Association for Paleoanthropology and Paleontology - EAAPP), que tuvo lugar en Arusha (Tanzania), donde ha presentado los resultados de la reconstrucción ecológica y las adaptaciones tróficas de Homo habilis, Homo ergaster y Paranthropus boisei, así como de A. afarensis.

Referencia bibliográfica:

F. Estebaranz; L. M. Martínez; J. Galbany; D. Turbón, A. Pérez-Pérez. "Testing hypotheses of dietary reconstruction from buccal dental microwear in Australopithecus afarensis". Journal of Human Evolution, 2009.

Fuente: agrodigital.com

sábado, 22 de agosto de 2009

Nuevos descubrimientos sobre la evolución humana


Tres nuevos fósiles, tres nuevos candidatos a eslabones perdidos, adornan la cadena evolutiva que conduce al ser humano. La coincidencia en poco menos de dos meses de sus respectivos descubrimientos se une a otra serie de noticias sobre la evolución humana que se han producido a lo largo de este año, bicentenario del nacimiento del naturalista inglés Charles Darwin. 150 años después de la publicación de su teoría de la evolución, que bajó al ser humano del pedestal al que él mismo se había subido y lo colocó en su justo lugar entre los demás primates, los científicos siguen perfilando los detalles de la historia familiar de la humanidad.
Fósiles. Nuevas caras en el álbum familiar

El 18 de mayo se presentó Darwinius masillae, el primate fósil más completo y mejor conservado obtenido hasta la fecha. Sus descubridores vendieron el hallazgo de Ida, como bautizaron al ejemplar, como "el descubrimiento científico más importante de los últimos tiempos" ya que afirmaban que este fósil de 47 millones de años de antigüedad se trataría del "eslabón perdido entre todos los primates y el resto de los mamíferos".

Para Salvador Moyà-Solà, director del Instituto Catalán de Paleontología, la nueva especie es "claramente" un adapiforme, una rama del árbol evolutivo de los lémures, pero "no aporta nada al conocimiento sobre el origen de los monos y antropoides, mucho menos del hombre". Y añade: "El mensaje lanzado a la prensa y la importancia del hallazgo no tienen nada que ver".

Poco más de un mes más tarde, pero sin tanta fanfarria mediática, se publicó el descubrimiento de Ganlea megacanina, un primate de hace 38 millones de años encontrado en Myanmar, candidato a antecesor común a todos los simios, incluido el hombre. "Este sí que es muy importante, porque podría aclarar el debate científico sobre el origen geográfico del grupo", explica Moyà-Solà. Tradicionalmente se ha considerado África como el continente en el que aparecerían los primates antepasados de todos los monos y antropoides modernos. La aparición de Ganlea en Asia podría forzar una reinterpretación de esta teoría, "si se confirma su posición en la base del árbol evolutivo".

El lugar de origen de los simios no es el único que ha sido cuestionado recientemente. En junio de este año, el grupo encabezado por Salvador Moyà-Solà hizo público el descubrimiento de Lluc, un primate que vivió hace unos 12 millones de años en la península Ibérica que sería una forma intermedia entre los extintos afropitecinos y los actuales grandes simios (orangutanes, gorilas, chimpancés y humanos). Anoiapithecus brevirostris se une así a Pierolapithecus catalaunicus, también descubierto en el mismo yacimiento por el grupo de Moyà-Solà. Ambos fósiles apuntan al origen euroasiático de los grandes simios, que se pensaba que había tenido lugar en África, desde donde habrían migrado a Asia los antecesores de los orangutanes.
Bipedismo. Se aclara el origen de la locomoción humana

Un reciente estudio concluye que los antepasados humanos no caminaban por el suelo apoyándose en los nudillos, como sí lo hacen chimpancés y gorilas. Los grandes simios más emparentados con el hombre desarrollaron esta adaptación de manera independiente, según afirman los autores del estudio.

Tampoco se balanceaban por las ramas de los árboles de la selva, como hacen los orangutanes. "Los antepasados de los grandes simios hacían una vida repartida entre el suelo y los árboles", señala Moyà-Solà. Mientras que los antepasados de los orangutanes se adaptaron a llevar una vida más arbórea, los antepasados de gorilas, chimpancés y humanos se adaptaron al desplazamiento sobre el suelo, pero cada uno de un modo diferente. Cuando el ancestro de los humanos actuales dejó los árboles definitivamente, ya lo hacía caminando sólo sobre las extremidades posteriores.

Esto confirma algo que ya había sido apuntado por los descubridores de los fósiles de los homininos más antiguos, rompiendo definitivamente uno de los iconos populares sobre la evolución humana más extendidos.

El origen del homo. La cuna del género humano, ¿África o Asia?

Si el origen africano de los grandes simios se ha puesto en cuestión por el hallazgo de nuevos fósiles, la reinterpretación de viejos conceptos también cuestiona el papel de África como cuna del género humano.

José María Bermúdez de Castro, co-director de Atapuerca, recuerda que "tan sólo las especies son entidades naturales, todas las agrupaciones superiores son construcciones artificiales". Los criterios para incluir una especie dentro de un género u otro varían "según los autores y las modas: del mismo modo que hay científicos que proponen incluir a los chimpancés dentro del género Homo, hay argumentos muy válidos para excluir al Homo habilis".

María Martinón-Torres es partidaria de esto último. Esta paleontóloga es autora de un reciente estudio sobre Homo georgicus, la especie de hominino más primitiva encontrada fuera de África, en el yacimiento de Dmanisi (Georgia). "El desarrollo de los habilis es muy similar al de los australopitecos, y el uso de herramientas no es un argumento válido porque otras especies más primitivas ya las fabricaban", explica Martinón-Torres. Para ella, el origen africano del género Homo se basa en una falacia. "La preponderancia del continente africano se debe a que en Asia no se ha excavado ni el 25% que en África; hace 2,4 millones de años (antigüedad de los restos de habilis) no había ninguna barrera entre los dos continentes, ni geológica ni ecológica, que impidiese la migración de una especie de australopiteco fuera de África".

Según esta investigadora, el género Homo surgiría con georgicus en Asia, desde donde se produciría la colonización de África con ergaster y de China e Indonesia con erectus. Sin embargo, una de las piezas clave en esta teoría era el fósil de Longgupo, datado en dos millones de años. En principio descrito como erectus, su descubridor se retractó en junio y ahora lo asigna a un nuevo tipo de simio no hominino.

La colonización de Europa la realizaría antecessor, especie de la que se ha encontrado este pasado mes de julio en Atapuerca un nuevo fósil de hace 1,3 millones de años que presenta muestras de canibalismo. Los antecessor representan un estado intermedio entre los ergaster africanos y los más recientes heidelbergensis europeos, antepasados de los neandertales. La especie humana actual surgió en África, desde donde se extendió a todo el planeta, desplazando a los neandertales y los hobbits de la isla de Flores.

Neandertales. Tan parecidos y sin embargo tan distintos

Los diminutos hobbits de Flores podrán haberle arrebatado a los neandertales el dudoso privilegio de ser los últimos miembros de la familia humana en extinguirse, pero la mera supervivencia no les hace evolutivamente más cercanos al hombre actual. El pariente (extinto) más próximo al sapiens moderno sigue siendo el hombre de Neandertal, del que se ha logrado secuenciar este año el 63% de su genoma.

"Las primeras descripciones de los neandertales los retrataban como primitivos hombres de las cavernas antecesores de los humanos modernos", comenta Carles Lalueza Fox, experto en genética neandertal del Instituto de Biología Evolutiva (CSIC-Universidad Pompeu Fabra) que participó en proyecto. "Hoy, sin embargo, su ADN nos revela una imagen más moderna y parecida a la de los sapiens, a la vez que descartan una posible hibridación entre ambas especies", concluye.

Hobbit de Flores. La pequeña pieza que no encaja en el puzle

Este año también se han publicado varios estudios de los fósiles encontrados en 2003 en la isla de Flores. En enero un nuevo análisis de la morfología del cráneo corroboró las conclusiones de otros estudios similares anteriores, descartando que los ejemplares se tratasen de sapiens enfermos. Y en mayo, el análisis de los pies de estos hobbits confirmó definitivamente que pertenecen a una especie distinta al ser humano actual.

Su origen, en cambio, sigue siendo un enigma. Su reducida capacidad craneana es similar a la de los australopitecos, y un análisis publicado el pasado mes de julio indica que el Homo floresiensis pudo haberse originado, no ya de un erectus, sino de un habilis. Dos millones de años de evolución separan los restos fósiles de ambas especies, un hueco que sólo podrá ser rellenado con futuros hallazgos.
Fuente: publico.es