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lunes, 29 de diciembre de 2014
Atapuerca, la clave para saber de dónde venimos
Año a año, el yacimiento arqueológico de Atapuerca, en Burgos, arroja una nueva sorpresa, un nuevo fósil con el que recomponer la compleja enciclopedia de la evolución humana, el apasionante libro de lo que somos, escrito hace miles de años y que poco a poco los científicos reconstruyen desde este rincón.
No en vano, la sierra de Atapuerca es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde el 2000 y Príncipe de Asturias desde 1997.
Este lugar, del que sólo se ha excavado el 0,0001 %, esconde "la enciclopedia completa de la evolución humana, que aún tardaremos cien años en ordenar", explica a Efe el codirector del yacimiento, Eudald Carbonell.
Pero ¿en qué momento Atapuerca se hizo tan especial?. Hasta 1990, la mayor parte de los expertos sostenían que los primeros pobladores de Europa habían llegado desde África hace medio millón de años.
Apoyaban su teoría una mandíbula descubierta en Heidelberg (Alemania) en 1907 que durante más de 90 años fue considerada el fósil más antiguo de Europa. La especie, en honor al lugar del hallazgo, fue bautizada como Homo heidelbergensis.
Pero en los 80, muchos paleontólogos empezaron a pensar que los primeros hombres habían pisado Europa mucho antes: hace un millón de años, pero carecían de pruebas que confirmaran esta teoría.
El 8 de julio de 1994, Atapuerca ponía punto y final al debate.
Ese día, se recuperaron los restos casi intactos de -al menos- seis individuos (dos niños, dos adolescentes y dos adultos de unos 20 años) que vivieron en la zona hace 800.000 años.
Análisis posteriores lo confirmaron: los primeros homínidos llegaron a Europa hace casi un millón de años y eran además una especie nueva, con características morfológicas diferentes, y bautizados como Homo antecessor, la especie más antigua de Europa y el ancestro común del Homo sapiens (nosotros) y del Neanderthal (la otra especie humana inteligente que habitó Europa hasta su misteriosa extinción hace unos 40.000 años).
Atapuerca subía así al podio de los yacimientos internacionales -junto a los de China y África- aunque sus excepcionales cualidades de conservación y sus dimensiones (casi 6 kilómetros de yacimiento), hacían prever que este rincón castellanoleonés oculta más sorpresas.
En 2007, da un nuevo golpe de autoridad; La Sima del Elefante, una de las cuevas del yacimiento, contiene restos de hace 1,3 millones de años, "posiblemente de Homo antecessor, aunque los últimos estudios apuntan a que podría tratarse de un homínido distinto", puntualiza Carbonell.
Mientras se confirma esta posibilidad, Atapuerca sigue dando alegrías: en junio, la revista Science informaba del hallazgo, en la Sima de los Huesos, de 17 cráneos de 430.000 años de antigüedad, de la especie Homo heidelbergensis pero con rasgos neandertales, es decir, "pueden ser neandertales tan primitivos" que "probablemente sean una nueva especie", detalla el paleontólogo catalán.
Para constatarlo, junto al Max Plank de Alemania, "estamos haciendo los análisis de ADN nuclear, y confiamos que en los próximos meses confirmarán el hallazgo".
El tiempo dirá, pero hasta entonces, parece que Atapuerca ha puesto sobre la mesa otra pieza más del inmenso puzzle que es la evolución humana, que lejos de ser un árbol genealógico lineal, se parece más a un escenario de "Juego de Tronos", con poblaciones muy dinámicas compartiendo o rivalizando por un mismo territorio.
La genética, según Carbonell, "nos está ayudando mucho. Está cambiando la interpretación de muchas cosas. Nos explica los movimientos de las especies y las diferencias genéticas en un mismo género".
Atapuerca es una red de cuevas de piedra caliza horadadas por el agua hace 1,5 millones de años, que fueron visitadas por todas las poblaciones que han pasado por Europa y que permanecieron ocultas hasta finales del XIX: las obras de construcción de un ferrocarril descubrieron este filón arqueológico.
Las excavaciones comenzaron en los 60, y en 1974 el profesor Emiliano Aguirre, paleontólogo de la Complutense de Madrid, puso en marcha un proyecto científico que después pasó a sus tres mejores discípulos: Juan Luis Arsuaga, Eudald Carbonell y José María Bermúdez de Castro, los tres codirectores del yacimiento.
Cada verano, los tres científicos dirigen una campaña de excavaciones en las que durante cerca de un mes y medio, un equipo de paleontólogos, arqueólogos, geólogos e incluso médicos trabajan a destajo para extraer un material que estudian el resto del año y con el que van reconstruyendo la historia de nuestros ancestros.
(Recursos de archivo eb www.lafototeca.com. y otros)
Fuentes: EFE.
martes, 12 de marzo de 2013
Expertos mexicanos y españoles exploran sitio paleontológico en sur de México
Expertos mexicanos y españoles estudian un sitio paleontológico descubierto en 2006 en Chazumba, en el sureño estado de Oaxaca, e intentan determinar si en esa zona había "presencia humana" hace 25.000 años, informaron hoy fuentes oficiales.
El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) precisó en un comunicado que en esa localidad de Oaxaca han sido encontrados cientos de restos de animales extintos que habitaron la Tierra hace 25.000 años, así como lascas de sílex, posiblemente hechas por el hombre.
De confirmarse lo anterior, "se trataría de gente que llegó en una de las primeras oleadas de grupos humanos al continente americano", explicó el paleontólogo español Eudald Carbonell, quien llegó a México para participar en las excavaciones del sitio.
Carbonell es el director del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES), que desarrolla junto con el INAH el estudio del sitio paleontológico, descubierto luego de un grupo de pobladores que exploraban una barranca hallaron fragmentos de huesos de animales de grandes dimensiones.
El paleontólogo mexicano Joaquín Arroyo Cabrales, quien trabajaba en ese tiempo en un proyecto conjunto con Ramón Viñas-Vallverdú, investigador del IPHES, verificó que se trataba "de restos de animales extintos, propios de finales del Pleistoceno".
Así el INAH y el IPHES pusieron en marcha su primer proyecto de investigación conjunto luego de que los expertos "detectaron una rica presencia de restos de ejemplares desaparecidos, que pueden ayudar a reconstruir el paleoambiente que hubo en el lugar hacer 25.000 años".
También encontraron "una serie de evidencias de modificación en piedra y hueso que pudieron haber sido hechas por la mano del hombre y, posiblemente, tienen relación con los restos de animales de esa época", apuntó la institución mexicana.
En el sitio se han hecho trabajos en los últimos años en dos frentes de excavación sobre las paredes de la barranca, uno de 40 metros cuadrados y otro de 20, donde han sido hallados huesos de gonfoterio (paquidermo parecido al mamut, pero más pequeño), perezoso gigante, venado, tortuga, rata montera y conejo, entre otras especies.
Sobre las lascas, Arroyo indicó que son muy similares a los materiales líticos descubiertos en otro sitio conocido como El Cedral, ubicado en el central estado de San Luis Potosí, cuyos estudios apuntan a la presencia del hombre desde hace 31.000 años.
Sin embargo, Arroyo y Viñas-Vallverdú consideran necesario encontrar en Chazumba un mayor número de estos objetos para determinar que si son resultado de un trabajo humano, además de realizarles estudios de lítica para establecer si tienen marcas de uso.
Fuente : EFE
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lunes, 16 de mayo de 2011
Tras las huellas marroquíes del Paleolítico
El Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (Cenieh) explora los restos de dos culturas del Paleolítico Inferior que se asentaron en la cuenca de Ain Beni Matar, cerca de la ciudad de Uchda (en el noreste de Marruecos, próxima a Argelia, a unos 150 kilómetros de Melilla). En este emplazamiento, que cuando llegaron los homínidos estaba compuesto de un paisaje con ríos más caudalosos que los actuales y con una mayor pluviosidad, se desarrollaron las culturas odulvayense y achelense, industrias caracterizadas por el uso de cantos tallados y bifaces, respectivamente, y de las que se cree que una sucedió a la otra cronológicamente.

Por primera vez, el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (Cenieh), que tiene su sede en Burgos, ha aterrizado en este yacimiento marroquí, poco conocido hasta la fecha, y del que se pretende extraer, en años sucesivos, información sobre ambas culturas y la importancia que tuvieron los asentamientos del norte de África para comprender lo que sucedió posterior y paralelamente en Europa Occidental.
“África es la cuna de la Humanidad y el Cenieh, en su carácter investigador, no solo tiene interés en conocer lo que sucedió en Atapuerca, al que está necesariamente vinculado, sino también en otros puntos de Europa y África, especialmente en Magreb y África del Este”, relata en declaraciones a DiCYT Alfredo Pérez-González, reponsable del equipo investigador destacado del Cenieh en Marruecos. El grupo acaba de regresar, el mes pasado, de Uchda (también conocida como Oujda, por su denominación en francés) y espera publicar los primeros resultados de sus trabajos de datación en pocos meses.
Al frente de toda la investigación geoarqueológica, que se encuentra en sus primeras fases, está Robert Sala de la Universidad Rovira i Virgili, que hace unos años se unió al Cenieh. Además, la participación del Iphes (Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social), que dirige Eudald Carbonell, juega un papel fundamental en la investigación. El Centre Universitaire de Recherches en Archèologie de la Université Mohamed I de Uchda es el anfitrión de esta comunidad de investigadores en la evolución humana.
La cuenca de Ain Beni Matar es “un conjunto de yacimientos en terrazas fluviales” con dos tipos de industrias presentes, la achelense (que en líneas generales, va desde 1’6 millones de años a 100.000 años del momento presente según regiones) y otra más antigua, de Modo I atribuible en principio a la cultura oltuvayense (de 2’6 millones de años a un millón de años antes de la actualidad, también según la zona). “Estas secuencias sedimentarias son más complejas y podríamos hablar de que pueden estar por encima de los dos millones de años”, comenta Pérez-González.
Datación
La principal labor de este grupo es “datar estos yacimientos”, lo que permitiría tener una composición temporal de diferentes acontecimientos de la evolución humana. En esta labor se encuentran el español Josep Maria Parés, el francés Matthieu Duval y el británico Lee Arnold. Duval trabaja con una tecnología denominada de resonancia paramagnética, mientras que Arnols lo hace con luminescencia.
La historia del yacimiento no tiene más allá de un lustro de edad. Por esta razón, existen pocos trabajos en torno a Ain Beni Matar. Sin embargo, Marruecos y el Magreb en su conjunto es una región que ha ofrecido una cantidad estimable de testimonios de cómo se comportaron nuestros antecesores a partir de otros yacimientos. En un primer estadio, los investigadores del Cenieh y de la universidad de Uchda, de la mano de Robert Sala, han estudiado los niveles del yacimiento valiéndose de magnetoestratigrafía. Fue el primer trabajo conjunto de los anfitriones con el grupo español. Estos trabajos pretenden “datar los niveles con la mayor precisión posible”. Según explica Pérez-González, la magnetoestratigrafía es un método que se sirve de los cambios en la polaridad del planeta para datar restos. “Hace un tiempo, los vectores magnéticos mostraban una orientación diferente a la actual, por lo que tratamos de conocer la orientación de determinadas partículas para, según los flujos magnéticos que han ocurrido en el planeta, saber su orientación y determinar, a partir de este dato, su antigüedad”.
En estos momentos, los investigadores ya tienen la secuencia de la estratigrafía, que va a ser publicada en breve. “Los trabajos arqueológicos requieren un tiempo de investigación más largo que otras disciplinas. Es necesario que pasen entre dos y cuatro años para que todo empiece a rodar”, comenta el investigador. Por este motivo, además de los estudios estratigráficos, los resultados de las excavaciones arqueológicas realizadas sobre el terreno tardarán más en ser conocidos por la comunidad científica y la opinión pública. Pérez-González estima que los primeros resultados se harán públicos a partir de 2012.
Geocronología
El equipo de Geoarqueología del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana ha procedido en Ain Beni Matar al análisis de los procesos de la formación del yacimiento, principalmente, en lo referido al análisis del paisaje físico y el proceso de sedimentación del yacimiento. “A partir de estos datos es cuando razonablemente se introducen otras técnicas de datación numérica”, explica Pérez-González. En otras palabras, los científicos parten del paisaje actual para intentar recrear el que conocieron esas poblaciones ancestrales. El paisaje actual es, en buena medida, heredero del anterior, formado en millones de años y del que siempre se conservan restos de los paisajes antiguos. Los expertos saben que, aunque ahora sea semiárido, las condiciones en la época de desarrollo de esas culturas eran más benignas, con ríos más caudalosos y mayor frecuencia en la lluvia. Estos métodos geológicos tienen en cuenta el análisis de los medios sedimentarios del lugar. “Cada proceso deja unos sedimentos determinados, y no son iguales los glaciares, que los fluviales, por ejemplo”.
En todo caso, la investigación en Marruecos no comenzó in situ, sino en los laboratorios del Cenieh. Por medio de fotografías aéreas y con análisis estereoscópicos, se estudió el terreno y se abordó su estructura: cómo se originaban las formaciones por la acción de diferentes fuerzas, como el río que da nombre al lugar, en este caso. Con mapas topográficos se realizó una labor de fotointerpretación del lugar. La última misión, en marzo, comenzó la recogida de muestras para realizar la datación.
Tras la prospección y el reconocimiento fotogeológico, después de la fijación de los objetivos de la misión, en estos momentos, los investigadores tratan de establecer la edad del yacimiento. Esta información podrá esclarecer un periodo de la evolución humana y cultural que no solo compete a África, sino también a Europa occidental.
Relación entre olduvayense y achalense
El Cenieh está presente en otros tres yacimientos africanos. Uno de ellos es histórico, del de Olduvai, que da nombre a una cultura. Situado al norte de Tanzania, cerca del Parque Nacional del Serengueti, las primeras excavaciones fueron llevados a cabo en los años 50 por el matrimonio británico formado por Louis y Mary Leakey. Los depósitos más antiguos de la garganta de Orduvay datan de algo más de dos millones de años y contienen industrias en piedra en la Capa I que reciben el nombre de Olduvayense (o modo I). Este tipo de industrias aparece (hace ya 2’6 millones de años) junto con formas primitivas de un homínido -Paranthropus boisei-. En la Capa II aparecen también industrias de tradición achelense (bifaces) en una cronología estimada entre 1’7 y 1’2 millones de años.
Manuel Santonja, del Cenieh, responsable de la parte del yacimiento denominada TK, en el que colaboran investigadores locales de la Universidad de Dar es Salaam, estima que el trabajo que dirige “se encuentra en etapas muy iniciales” ya que estudian el proceso de formación del yacimiento. El trabajo está encaminado a conocer las relaciones entre las culturas, una (la achelense), relacionada con Homo ergaster, más evolucionada que la otra, del parántropo. “Hemos sido propensos a teorías lineales y la evolución pudo haber sido más compleja”.
Cuatro yaciemientos argelinos
La colaboración entre la Rovira i Virgili y el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana abarca más países magrebíes que Marruecos. Concretamente, ambas instituciones están realizando trabajos de investigación geoarqueológica y de paleomagnetismo en cuatro yacimientos argelinos claves para conocer la paleoeconomía y las migraciones de los grupos humanos en el norte de África durante el Pleistoceno Inferior (hace más de 780.000 años).
Los cuatro yacimientos investigados, algunos de ellos próximos entre sí, contienen industrias líticas muy antiguas. En Argelia Oriental, próximo a la ciudad de El Eulma, se encuentra el complejo industrial olduvayense de Ain El Hanech, que tiene una antigüedad de algo más de 1’8 millones de años; y alrededor de 100 kilómetros al sur, en la parte occidental de los montes de Bellezna, se encuentran dos yacimientos achelenses, conocidos como NGaous y Séfiane. Errayah es otro yacimiento achelense situado en el litoral mediterráneo, al este de Orán.
Mediante los trabajos de campo, que están coordinados por el investigador del Cenieh Mohamed Sahnouni, científico que se ha incorporado al Cenieh tras 15 en Estados Unidos, se ha hallado industria de bifaces tallados en caliza mesozoica en los yacimientos de terrazas travertínicas de Séfiane y NGaous, y en cuarcita en el depósito arenoso fluvial de Errayah.
Los estudios geológicos, geomorfológicos y edáficos realizados indican que muy probablemente nos encontramos con yacimientos achelenses del principio del Pleistoceno Medio e inclusive, como es el caso de Errayah, con cronologías superiores a un millón de años, lo que situaría a este yacimiento en la Capa II (1’75-1’2 millones de años) de la Garganta de Olduvai (Tanzania), con Homo habilis y con uno de los restos más antiguos conocidos del achelense.
Zona rica en yacimientos
Mieso, en Etiopía, está situada en la rica región de yacimientos del Triángulo de Far. El Cenieh está allí desde 2005 y colabora con el University College de Londres y la Universidad Autónoma de Barcelona. “Es un valle inexplorado, en el que realizamos trabajos de catalogación, a partir de datos de GPS, para posteriormente, en los lugares más prometedores, realizar la recolección”, describe Alfonso Benito, responsable del Cenieh en la zona.
El trabajo de Alfonso Benito consiste en identificar la posición de los yacimientos dentro de la secuencia estratigráfica, para de este modo conocer su cronología en función de los estratos donde se encuentran, así como determinar las características de los sedimentos que ayudan a comprender cómo se formaron dichos yacimientos. El experto estima que las primeras dataciones pueden ser publicadas a lo largo de 2011.
Por los materiales encontrados: detríticos (arenosos y arcillosos), carbonatados, así como ceniza volcánica, se puede llegar a la conclusión de que este valle, durante el Pleistoceno Medio, era una llanura por la que discurrían cursos de agua que dejaban sedimentos detríticos, con pequeñas charcas y lagunas donde precipitaban carbonatos; y donde esporádicamente se producían erupciones volcánicas. Estos indicios permitirán en la campaña de 2011 la recogida de muestras.
“África es la cuna de la Humanidad y el Cenieh, en su carácter investigador, no solo tiene interés en conocer lo que sucedió en Atapuerca, al que está necesariamente vinculado, sino también en otros puntos de Europa y África, especialmente en Magreb y África del Este”, relata en declaraciones a DiCYT Alfredo Pérez-González, reponsable del equipo investigador destacado del Cenieh en Marruecos. El grupo acaba de regresar, el mes pasado, de Uchda (también conocida como Oujda, por su denominación en francés) y espera publicar los primeros resultados de sus trabajos de datación en pocos meses.
Al frente de toda la investigación geoarqueológica, que se encuentra en sus primeras fases, está Robert Sala de la Universidad Rovira i Virgili, que hace unos años se unió al Cenieh. Además, la participación del Iphes (Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social), que dirige Eudald Carbonell, juega un papel fundamental en la investigación. El Centre Universitaire de Recherches en Archèologie de la Université Mohamed I de Uchda es el anfitrión de esta comunidad de investigadores en la evolución humana.
La cuenca de Ain Beni Matar es “un conjunto de yacimientos en terrazas fluviales” con dos tipos de industrias presentes, la achelense (que en líneas generales, va desde 1’6 millones de años a 100.000 años del momento presente según regiones) y otra más antigua, de Modo I atribuible en principio a la cultura oltuvayense (de 2’6 millones de años a un millón de años antes de la actualidad, también según la zona). “Estas secuencias sedimentarias son más complejas y podríamos hablar de que pueden estar por encima de los dos millones de años”, comenta Pérez-González.
Datación
La principal labor de este grupo es “datar estos yacimientos”, lo que permitiría tener una composición temporal de diferentes acontecimientos de la evolución humana. En esta labor se encuentran el español Josep Maria Parés, el francés Matthieu Duval y el británico Lee Arnold. Duval trabaja con una tecnología denominada de resonancia paramagnética, mientras que Arnols lo hace con luminescencia.
La historia del yacimiento no tiene más allá de un lustro de edad. Por esta razón, existen pocos trabajos en torno a Ain Beni Matar. Sin embargo, Marruecos y el Magreb en su conjunto es una región que ha ofrecido una cantidad estimable de testimonios de cómo se comportaron nuestros antecesores a partir de otros yacimientos. En un primer estadio, los investigadores del Cenieh y de la universidad de Uchda, de la mano de Robert Sala, han estudiado los niveles del yacimiento valiéndose de magnetoestratigrafía. Fue el primer trabajo conjunto de los anfitriones con el grupo español. Estos trabajos pretenden “datar los niveles con la mayor precisión posible”. Según explica Pérez-González, la magnetoestratigrafía es un método que se sirve de los cambios en la polaridad del planeta para datar restos. “Hace un tiempo, los vectores magnéticos mostraban una orientación diferente a la actual, por lo que tratamos de conocer la orientación de determinadas partículas para, según los flujos magnéticos que han ocurrido en el planeta, saber su orientación y determinar, a partir de este dato, su antigüedad”.
En estos momentos, los investigadores ya tienen la secuencia de la estratigrafía, que va a ser publicada en breve. “Los trabajos arqueológicos requieren un tiempo de investigación más largo que otras disciplinas. Es necesario que pasen entre dos y cuatro años para que todo empiece a rodar”, comenta el investigador. Por este motivo, además de los estudios estratigráficos, los resultados de las excavaciones arqueológicas realizadas sobre el terreno tardarán más en ser conocidos por la comunidad científica y la opinión pública. Pérez-González estima que los primeros resultados se harán públicos a partir de 2012.
Geocronología
El equipo de Geoarqueología del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana ha procedido en Ain Beni Matar al análisis de los procesos de la formación del yacimiento, principalmente, en lo referido al análisis del paisaje físico y el proceso de sedimentación del yacimiento. “A partir de estos datos es cuando razonablemente se introducen otras técnicas de datación numérica”, explica Pérez-González. En otras palabras, los científicos parten del paisaje actual para intentar recrear el que conocieron esas poblaciones ancestrales. El paisaje actual es, en buena medida, heredero del anterior, formado en millones de años y del que siempre se conservan restos de los paisajes antiguos. Los expertos saben que, aunque ahora sea semiárido, las condiciones en la época de desarrollo de esas culturas eran más benignas, con ríos más caudalosos y mayor frecuencia en la lluvia. Estos métodos geológicos tienen en cuenta el análisis de los medios sedimentarios del lugar. “Cada proceso deja unos sedimentos determinados, y no son iguales los glaciares, que los fluviales, por ejemplo”.
En todo caso, la investigación en Marruecos no comenzó in situ, sino en los laboratorios del Cenieh. Por medio de fotografías aéreas y con análisis estereoscópicos, se estudió el terreno y se abordó su estructura: cómo se originaban las formaciones por la acción de diferentes fuerzas, como el río que da nombre al lugar, en este caso. Con mapas topográficos se realizó una labor de fotointerpretación del lugar. La última misión, en marzo, comenzó la recogida de muestras para realizar la datación.
Tras la prospección y el reconocimiento fotogeológico, después de la fijación de los objetivos de la misión, en estos momentos, los investigadores tratan de establecer la edad del yacimiento. Esta información podrá esclarecer un periodo de la evolución humana y cultural que no solo compete a África, sino también a Europa occidental.
Relación entre olduvayense y achalense
El Cenieh está presente en otros tres yacimientos africanos. Uno de ellos es histórico, del de Olduvai, que da nombre a una cultura. Situado al norte de Tanzania, cerca del Parque Nacional del Serengueti, las primeras excavaciones fueron llevados a cabo en los años 50 por el matrimonio británico formado por Louis y Mary Leakey. Los depósitos más antiguos de la garganta de Orduvay datan de algo más de dos millones de años y contienen industrias en piedra en la Capa I que reciben el nombre de Olduvayense (o modo I). Este tipo de industrias aparece (hace ya 2’6 millones de años) junto con formas primitivas de un homínido -Paranthropus boisei-. En la Capa II aparecen también industrias de tradición achelense (bifaces) en una cronología estimada entre 1’7 y 1’2 millones de años.
Manuel Santonja, del Cenieh, responsable de la parte del yacimiento denominada TK, en el que colaboran investigadores locales de la Universidad de Dar es Salaam, estima que el trabajo que dirige “se encuentra en etapas muy iniciales” ya que estudian el proceso de formación del yacimiento. El trabajo está encaminado a conocer las relaciones entre las culturas, una (la achelense), relacionada con Homo ergaster, más evolucionada que la otra, del parántropo. “Hemos sido propensos a teorías lineales y la evolución pudo haber sido más compleja”.
Cuatro yaciemientos argelinos
La colaboración entre la Rovira i Virgili y el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana abarca más países magrebíes que Marruecos. Concretamente, ambas instituciones están realizando trabajos de investigación geoarqueológica y de paleomagnetismo en cuatro yacimientos argelinos claves para conocer la paleoeconomía y las migraciones de los grupos humanos en el norte de África durante el Pleistoceno Inferior (hace más de 780.000 años).
Los cuatro yacimientos investigados, algunos de ellos próximos entre sí, contienen industrias líticas muy antiguas. En Argelia Oriental, próximo a la ciudad de El Eulma, se encuentra el complejo industrial olduvayense de Ain El Hanech, que tiene una antigüedad de algo más de 1’8 millones de años; y alrededor de 100 kilómetros al sur, en la parte occidental de los montes de Bellezna, se encuentran dos yacimientos achelenses, conocidos como NGaous y Séfiane. Errayah es otro yacimiento achelense situado en el litoral mediterráneo, al este de Orán.
Mediante los trabajos de campo, que están coordinados por el investigador del Cenieh Mohamed Sahnouni, científico que se ha incorporado al Cenieh tras 15 en Estados Unidos, se ha hallado industria de bifaces tallados en caliza mesozoica en los yacimientos de terrazas travertínicas de Séfiane y NGaous, y en cuarcita en el depósito arenoso fluvial de Errayah.
Los estudios geológicos, geomorfológicos y edáficos realizados indican que muy probablemente nos encontramos con yacimientos achelenses del principio del Pleistoceno Medio e inclusive, como es el caso de Errayah, con cronologías superiores a un millón de años, lo que situaría a este yacimiento en la Capa II (1’75-1’2 millones de años) de la Garganta de Olduvai (Tanzania), con Homo habilis y con uno de los restos más antiguos conocidos del achelense.
Zona rica en yacimientos
Mieso, en Etiopía, está situada en la rica región de yacimientos del Triángulo de Far. El Cenieh está allí desde 2005 y colabora con el University College de Londres y la Universidad Autónoma de Barcelona. “Es un valle inexplorado, en el que realizamos trabajos de catalogación, a partir de datos de GPS, para posteriormente, en los lugares más prometedores, realizar la recolección”, describe Alfonso Benito, responsable del Cenieh en la zona.
El trabajo de Alfonso Benito consiste en identificar la posición de los yacimientos dentro de la secuencia estratigráfica, para de este modo conocer su cronología en función de los estratos donde se encuentran, así como determinar las características de los sedimentos que ayudan a comprender cómo se formaron dichos yacimientos. El experto estima que las primeras dataciones pueden ser publicadas a lo largo de 2011.
Por los materiales encontrados: detríticos (arenosos y arcillosos), carbonatados, así como ceniza volcánica, se puede llegar a la conclusión de que este valle, durante el Pleistoceno Medio, era una llanura por la que discurrían cursos de agua que dejaban sedimentos detríticos, con pequeñas charcas y lagunas donde precipitaban carbonatos; y donde esporádicamente se producían erupciones volcánicas. Estos indicios permitirán en la campaña de 2011 la recogida de muestras.
Fuente:agenciasinc.es
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jueves, 19 de agosto de 2010
El Homo antecessor gozó de un clima similar al actual que le proporcionó caza
El Homo antecessor de Atapuerca (Burgos) gozó de un clima cálido similar al actual que le proporcionó una diversidad de grandes mamíferos para cazar, según un estudio de un equipo científico encabezado por Eudald Carbonell, codirector de Atapuerca, cuyo principal autor es Hugues-Alexandre Blain.El estudio, publicado en el "Quaternary Science", asegura que la especie Homo antecesor, que habitaba entonces, gozó de un clima cálido similar al actual y establece similitud entre los paisajes de la Sima del Elefante y Gran Dolina de Atapuerca (Burgos) y los de Fuente Nueva 3 y Barranco León de Orce (Granada), todos ellos yacimientos de una cronología similar.
Del mismo modo, según estos científicos, se puede afirmar que los homínidos de hace un millón de años sabían adaptarse tanto a zonas más secas del sur de la Península Ibérica como a las áreas más lluviosas y húmedas del norte.
En este nuevo estudio "se han analizado, por primera vez, 12.000 restos óseos de anfibios y reptiles de los niveles inferiores de la Sima del Elefante", en Atapuerca, según ha señalado en una nota de prensa Hugues-Alexandre Blain.
Como estas especies no difieren de las que se encuentran hoy en día en la Península Ibérica, permiten reconstruir y cuantificar el paisaje y el clima del Pleistoceno inferior, utilizando una comparación directa con su distribución en los ecosistemas actuales, ha concretado.
"Los resultados apuntan a que las temperaturas eran iguales o ligeramente más cálidas que actualmente, en la zona de Burgos, para los niveles donde están presentes los homínidos y que las precipitaciones eran más abundantes", ha resumido.
El estudio incluye que el paisaje estaba constituido por zonas abiertas con la presencia de unos humedales próximos a las cuevas de la Sierra de Atapuerca y el predominio de praderas húmedas y de bosques abiertos.
Si se compara los yacimientos de la Sima del Elefante y Gran Dolina de Atapuerca con los yacimientos de Barranco León y Fuente Nueva 3, ubicados en la Cuenca de Guadix-Baza de Orce (Granada), que han proporcionado unas industrias líticas consideradas como las más antiguas de Europa, de aproximadamente 1.3 millones de años, "se observan similitudes con los lugares frecuentados por estos primeros europeos, teniendo en común una buena representación de espacios boscosos y de zonas de ribera de ríos o lagos.
Por otro lado, esta comparación entre Atapuerca y Orce, según precisa Hugues-Alexandre Blain, pone de manifiesto la capacidad de adaptación de estos homínidos a entornos variados, por sobrevivir tanto en los paisajes más secos del sur de la península ibérica como en áreas más húmedas y lluviosas del norte peninsular.
"Eran paisajes caracterizados por zonas abiertas, tanto secas como húmedas, pero siempre próximas a áreas boscosas y a puntos de aguas importantes", ha señalado el científico.
"Podemos suponer que estos entornos constituían unas condiciones muy favorables para mantener una alta diversidad de grandes mamíferos, lo cual implicaba buenos territorios de caza, y también que la proximidad de los bosques les permitía esconderse y escapar de los grandes carnívoros", ha concluido Blain.
Fuente: EFE
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miércoles, 21 de julio de 2010
Localizan en Atapuerca "indicios" de homínidos anteriores al Antecesor

El equipo de investigadores de Atapuerca ha localizado en los niveles inferiores de la "Sima del elefante" algunos "indicios" de la presencia de homínidos anteriores a los restos del Homo Antecesor hallados en ese mismo yacimiento y que son los restos más antiguos de la evolución humana en Europa.
Uno de los codirectores de los yacimientos, Eudald Carbonell, ha precisado que se trata de restos de mamíferos y herramientas que indican la presencia de homínidos, por lo que confía que se termine confirmando a la "Sima del elefante" como "la cueva kárstica más importante de Eurasia".
El científico ha insistido en el deseo del equipo de que se pueda construir un puente en la parte inferior de este yacimiento que facilite el trabajo en el lugar donde han aparecido estos restos, que está bajo el nivel del suelo.
Carbonell ha realizado estas declaraciones a los periodistas tras la firma de un convenio anual con una empresa de calzado, que ha donado 250 pares de botas especialmente diseñadas para los participantes en las excavaciones.
El próximo año, uno de los trabajos que se afrontarán en Atapuerca es la "refundación" de las excavaciones en "La galería" que se prolongarán durante unos 8 años.
Carbonell ha precisado que se retirarán los sedimentos inertes del yacimiento y se realizará una excavación amplia, al tiempo que se "marcará" claramente la cueva y cuáles eran sus niveles para mejorar la comprensión del yacimiento por los visitantes.
En la misma línea de "mejorar la comprensión de todo el complejo kárstico de Atapuerca" durante este verano se está realizando un trabajo de topografía y escaneado que dirige Ana Ortega y que será la base de su tesis doctoral.
Se trata de elaborar un modelo en tres dimensiones de la forma que pudieron tener las cuevas antes de que fueran cortadas para construir la trinchera del ferrocarril que facilitó los descubrimientos posteriores de restos.
Uno de los codirectores de los yacimientos, Eudald Carbonell, ha precisado que se trata de restos de mamíferos y herramientas que indican la presencia de homínidos, por lo que confía que se termine confirmando a la "Sima del elefante" como "la cueva kárstica más importante de Eurasia".
El científico ha insistido en el deseo del equipo de que se pueda construir un puente en la parte inferior de este yacimiento que facilite el trabajo en el lugar donde han aparecido estos restos, que está bajo el nivel del suelo.
Carbonell ha realizado estas declaraciones a los periodistas tras la firma de un convenio anual con una empresa de calzado, que ha donado 250 pares de botas especialmente diseñadas para los participantes en las excavaciones.
El próximo año, uno de los trabajos que se afrontarán en Atapuerca es la "refundación" de las excavaciones en "La galería" que se prolongarán durante unos 8 años.
Carbonell ha precisado que se retirarán los sedimentos inertes del yacimiento y se realizará una excavación amplia, al tiempo que se "marcará" claramente la cueva y cuáles eran sus niveles para mejorar la comprensión del yacimiento por los visitantes.
En la misma línea de "mejorar la comprensión de todo el complejo kárstico de Atapuerca" durante este verano se está realizando un trabajo de topografía y escaneado que dirige Ana Ortega y que será la base de su tesis doctoral.
Se trata de elaborar un modelo en tres dimensiones de la forma que pudieron tener las cuevas antes de que fueran cortadas para construir la trinchera del ferrocarril que facilitó los descubrimientos posteriores de restos.
Fuente: EFE.
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viernes, 30 de abril de 2010
Codirector de Atapuerca propone generar la teoría de la evolución social

Uno de los tres codirectores de Atapuerca Eudald Carbonell ha aprovechado hoy su discurso de investidura como doctor "honoris causa" por la Universidad de Burgos para proponer una teoría de la evolución social, que dé continuidad a la de la evolución humana formulada por Charles Darwin en el siglo XIX.
Los tres codirectores de Atapuerca, Carbonell, Juan Luis Arsuaga y José María Bermúdez, fueron investidos hoy doctores "honoris causa" en una ceremonia presidida por la Reina.
En su opinión, la teoría de Darwin sobre la evolución biológica es sólo la "primera pata", que debe completarse con una segunda, en la que se defina la evolución social y las leyes que la rigen, para "tenerla a punto en el primer tercio del siglo XXI".
Carbonell ha explicado que pese a los avances científicos y tecnológicos, una cuarta parte del planeta sufre miseria y la violencia está "enquistada en la sociedad".
Esto demuestra que la humanización es "incompleta", por lo que "debemos trabajar conjuntamente como especie para poder dirigirnos hacia una sociedad de futuro, donde la socialización de la ciencia y la tecnología sirva para disfrutar la energía, equilibrar la riqueza del planeta y acabar con la falta de solidaridad".
La manera de alcanzar este objetivo, según Carbonell, es pasar de la sociedad del conocimiento a la sociedad del pensamiento, desafiando de esta manera la capacidad del ser humano para adaptarse a los ritmos de cambio y transformación que "hemos activado".
Para Carbonell, los científicos deben trabajar para generar conocimiento que propicie la evolución social, porque "sólo los humanos incrementamos de forma exponencial la sociabilidad y esto nos diferencia de los demás animales".
Tras comprometerse a intentar generar una "teoría unificada de la evolución social humana", Carbonell ha pedido "colaboración" para contribuir a la humanización, "aunque seamos conscientes de que después el proceso continúa".
Otro de los codirectores de Atapuerca, el madrileño Juan Luis Arsuaga ha aprovechado su discurso para relacionar la evolución con el cambio climático y ha advertido sobre los efectos del dióxido de carbono que se producen al quemar combustibles fósiles para obtener energía.
En su opinión, podría cambiar de forma "irremediable" el clima, produciendo un calentamiento creciente y extendiendo las tierras áridas y los desiertos por las zonas del mundo donde vive la mayor parte de la población y se produce casi todo el alimento.
Por su parte, José María Bermúdez de Castro, el otro codirector de Atapuerca, ha centrado su discurso en la evolución del cerebro humano.
Tras hacer un recorrido por los diferentes momentos de cambio del cerebro de los homínidos, Bermúdez de Casto ha concluido que los actuales humanos, el Homo Sapiens, compartimos nuestro modelo de crecimiento y desarrollo con especies extinguidas, como el Homo Anteccesor, el Heidelbergensis y Neandertalensis, "sin perjuicio de que existan diferencias de matiz entre ellas y nosotros".
Los tres codirectores de Atapuerca, Carbonell, Juan Luis Arsuaga y José María Bermúdez, fueron investidos hoy doctores "honoris causa" en una ceremonia presidida por la Reina.
En su opinión, la teoría de Darwin sobre la evolución biológica es sólo la "primera pata", que debe completarse con una segunda, en la que se defina la evolución social y las leyes que la rigen, para "tenerla a punto en el primer tercio del siglo XXI".
Carbonell ha explicado que pese a los avances científicos y tecnológicos, una cuarta parte del planeta sufre miseria y la violencia está "enquistada en la sociedad".
Esto demuestra que la humanización es "incompleta", por lo que "debemos trabajar conjuntamente como especie para poder dirigirnos hacia una sociedad de futuro, donde la socialización de la ciencia y la tecnología sirva para disfrutar la energía, equilibrar la riqueza del planeta y acabar con la falta de solidaridad".
La manera de alcanzar este objetivo, según Carbonell, es pasar de la sociedad del conocimiento a la sociedad del pensamiento, desafiando de esta manera la capacidad del ser humano para adaptarse a los ritmos de cambio y transformación que "hemos activado".
Para Carbonell, los científicos deben trabajar para generar conocimiento que propicie la evolución social, porque "sólo los humanos incrementamos de forma exponencial la sociabilidad y esto nos diferencia de los demás animales".
Tras comprometerse a intentar generar una "teoría unificada de la evolución social humana", Carbonell ha pedido "colaboración" para contribuir a la humanización, "aunque seamos conscientes de que después el proceso continúa".
Otro de los codirectores de Atapuerca, el madrileño Juan Luis Arsuaga ha aprovechado su discurso para relacionar la evolución con el cambio climático y ha advertido sobre los efectos del dióxido de carbono que se producen al quemar combustibles fósiles para obtener energía.
En su opinión, podría cambiar de forma "irremediable" el clima, produciendo un calentamiento creciente y extendiendo las tierras áridas y los desiertos por las zonas del mundo donde vive la mayor parte de la población y se produce casi todo el alimento.
Por su parte, José María Bermúdez de Castro, el otro codirector de Atapuerca, ha centrado su discurso en la evolución del cerebro humano.
Tras hacer un recorrido por los diferentes momentos de cambio del cerebro de los homínidos, Bermúdez de Casto ha concluido que los actuales humanos, el Homo Sapiens, compartimos nuestro modelo de crecimiento y desarrollo con especies extinguidas, como el Homo Anteccesor, el Heidelbergensis y Neandertalensis, "sin perjuicio de que existan diferencias de matiz entre ellas y nosotros".
Fuente:eldiariomontanes.es
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jueves, 13 de agosto de 2009
Los hombres de Atapuerca y los guanches compartían costumbres,las Palmas gran canaria, España.
Tras seis lustros de trabajos arqueológicos, Carlos Díez, Sergio Moral y Marta Navazo, del equipo arqueológico investigador, acaban de sacar un libro donde recogen unos reveladores descubrimientos, que acaparan la atención de la comunidad científica mundial. La Sierra de Atapuerca. Un viaje a nuestros orígenes, editado por la Fundación Atapuerca y el grupo Everest, es el único texto que permite conocer lo realizado hasta el momento en las excavaciones de Atapuerca, combinando la experiencia de los pasados 30 años con una visión fresca e ilusionante sobre los retos de los próximos años.Un trabajo que revela además algunas conexiones entre el hombre de Atapuerca en cuanto a la comida. La obra refleja como, independientemente de la producción de cada época, la dieta incide de manera directa en la capacidad intelectual y el estado emocional de los individuos y en la organización social de los grupos, ya que aquella depende, en gran medida, de la forma en que se articulan para conseguir los alimentos.
Diez páginas dedica el libro al asunto; incluso recuerda que "Bermúdez de Castro -codirector de las excavaciones de los yacimientos de la Sierra de Atapuerca, junto con J. Luis Arsuaga y Eudald Carbonell- observó en los dientes de los aborígenes canarios un gran desgaste por el continuado uso de palillos. Curiosamente, lo mismo se observa en los dientes de los homínidos de Atapuerca".
El equipo investigador ha dado un repaso a los años de trabajo, narrando la historia de las intervenciones, sus hitos y hallazgos principales. Como dice Eudald Carbonell: "Atapuerca constituye una herramienta fundamental para entender el proceso evolutivo tanto en los aspectos ecológicos como económicos, sociales y técnicos de la evolución de la humanidad". Un proceso que durante 30 años el equipo ha ido recopilando para establecer la evolución de los homínidos en Eurasia durante el último millón de años.
Por ello también es un homenaje a todas la gente que allí han desarrollado sus investigaciones, en particular a quienes sentaron las primeras bases de los estudios, aparte de que se trata de una apuesta por avanzar el estado actual de conocimientos y lo mucho que queda por descubrir, investigar y divulgar en Atapuerca. La obra intenta profundizar en la evolución humana, cultural y biológica desde los primeros homínidos africanos hasta el advenimiento de las sociedades agrícolas y ganaderas. Desde esta perspectiva, se trata de una obra que aspira a que la sociedad integre Atapuerca dentro de los esquemas de las grandes adquisiciones que lograron nuestros antepasados.
Para conseguir estos objetivo, en el recorrido por los diferentes capítulos en los que se divide la obra, se desentrañan cuestiones tan importantes como la biología de los homínidos, el medio en el que vivieron, las herramientas que utilizaron, su desarrollo, alimentación, lenguaje así como su mundo inmaterial o simbólico.
Cuenta asimismo con fichas que recorren la historia de Atapuerca en cada uno de los grandes episodios que la componen, integrando uno a uno los aspectos más significativos de los grupos que han habitado la sierra y, finalmente, ofrece un extraordinario repaso fotográfico que nos transporta a los primeros años de trabajo y nos hace viajar en el tiempo hasta la actualidad de este mágico cerro, situado a orillas del río Arlanzón.
Fuente: laopinion.es
jueves, 9 de julio de 2009
Entrevista a Carbonell dice que "lo mejor está por llegar", Atapuerca

Eudald Carbonell, codirector del equipo científico de Atapuerca, ha asegurado hoy, con motivo de cumplirse el quince aniversario de la aparición del primer fósil del Homo Antecessor, que en esos yacimientos "lo mejor está aún por llegar".
Carbonell, en una entrevista concedida a Efe, ha resaltado que el Homo Antecessor fue un hallazgo importantísimo porque supuso el descubrimiento de una nueva especie cuyos integrantes, todo hace indicar, fueron los primeros homínidos europeos en evolucionar.
Este descubrimiento, según ha agregado, contribuyó de forma muy importante a que se concediera en 1997 al grupo científico de Atapuerca el premio Príncipe de Asturias.
Según este experto, aunque haya gente que no lo crea, en Atapuerca, donde se han hallado dos especies de homínidos diferentes, como el Homo Antecessor, que habitó la Sierra hace 1,2 millones de años, y el Homo Heildibergensis, un preneanderthal de hace 400.000 años, "lo mejor está aún por llegar".
En este sentido ha vaticinado que en la próxima década se van a realizar descubrimientos de una gran importancia para seguir avanzado en las investigaciones sobre la evolución humana.
A este respecto recuerda que hace muchos años el equipo científico ya hablaba de la importancia de estos yacimientos y nadie se esperaba los descubrimientos tan destacados que se están produciendo, y algo similar ocurrirá en las próximas décadas.
Carbonell señala también que el hallazgo del Homo Antecessor suponía romper el protocolo planteado en la revista científica Nature, según el cual "no había poblamiento humano en Europa antes de hace 500.000 años y demostramos que al menos las primeras poblaciones ya habían llegado a Atapuerca hacía al menos 780.000 años".
"El hallazgo era muy importante porque, además, ocurrió en un momento de debate sobre cuándo se produjeron estas primeras llegadas, ya que a principios de los años 90 se imponía la hipótesis de la cronología corta, según la cual no habría poblamiento humano en Europa antes de 500.0000 años; y se consideraba que era relativamente reciente y protagonizado por Homo heidelbergensis".
Quince años después de aquel hito histórico, el Equipo de Investigación de Atapuerca (EIA) ya ha documentado más de 150 restos fósiles de Homo Antecessor, de casi todas las partes del esqueleto, como son dientes, mandíbulas, vértebras, costillas, huesos de las manos y de los pies, y huesos largos de las extremidades.
Eudald Carbonell subraya que la satisfacción de aquel 8 de julio de 1994 se incrementa constantemente porque ahora se sabe que hay muchos más fósiles de Homo Antecessor y se espera que los 10 individuos identificados hasta ahora lleguen a los 25.
Este experto ha mostrado su "gran satisfacción" por los dos acontecimientos consecutivos que suponen para Atapuerca la visita ayer de la Reina Doña Sofía y el quince aniversario del descubrimiento del Homo Antecessor.
Fuente: EFE./ abc.es
Carbonell, en una entrevista concedida a Efe, ha resaltado que el Homo Antecessor fue un hallazgo importantísimo porque supuso el descubrimiento de una nueva especie cuyos integrantes, todo hace indicar, fueron los primeros homínidos europeos en evolucionar.
Este descubrimiento, según ha agregado, contribuyó de forma muy importante a que se concediera en 1997 al grupo científico de Atapuerca el premio Príncipe de Asturias.
Según este experto, aunque haya gente que no lo crea, en Atapuerca, donde se han hallado dos especies de homínidos diferentes, como el Homo Antecessor, que habitó la Sierra hace 1,2 millones de años, y el Homo Heildibergensis, un preneanderthal de hace 400.000 años, "lo mejor está aún por llegar".
En este sentido ha vaticinado que en la próxima década se van a realizar descubrimientos de una gran importancia para seguir avanzado en las investigaciones sobre la evolución humana.
A este respecto recuerda que hace muchos años el equipo científico ya hablaba de la importancia de estos yacimientos y nadie se esperaba los descubrimientos tan destacados que se están produciendo, y algo similar ocurrirá en las próximas décadas.
Carbonell señala también que el hallazgo del Homo Antecessor suponía romper el protocolo planteado en la revista científica Nature, según el cual "no había poblamiento humano en Europa antes de hace 500.000 años y demostramos que al menos las primeras poblaciones ya habían llegado a Atapuerca hacía al menos 780.000 años".
"El hallazgo era muy importante porque, además, ocurrió en un momento de debate sobre cuándo se produjeron estas primeras llegadas, ya que a principios de los años 90 se imponía la hipótesis de la cronología corta, según la cual no habría poblamiento humano en Europa antes de 500.0000 años; y se consideraba que era relativamente reciente y protagonizado por Homo heidelbergensis".
Quince años después de aquel hito histórico, el Equipo de Investigación de Atapuerca (EIA) ya ha documentado más de 150 restos fósiles de Homo Antecessor, de casi todas las partes del esqueleto, como son dientes, mandíbulas, vértebras, costillas, huesos de las manos y de los pies, y huesos largos de las extremidades.
Eudald Carbonell subraya que la satisfacción de aquel 8 de julio de 1994 se incrementa constantemente porque ahora se sabe que hay muchos más fósiles de Homo Antecessor y se espera que los 10 individuos identificados hasta ahora lleguen a los 25.
Este experto ha mostrado su "gran satisfacción" por los dos acontecimientos consecutivos que suponen para Atapuerca la visita ayer de la Reina Doña Sofía y el quince aniversario del descubrimiento del Homo Antecessor.
Fuente: EFE./ abc.es
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