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martes, 22 de octubre de 2013

Un cráneo de 1,8 millones de años reabre el debate sobre las especies de homínidos


Tienen 1,8 millones de antigüedad y constituyen los restos de homínidos más antiguos encontrados fuera de África. Se trata de un cráneo y una mandíbula en excelente estado de conservación que han sido desenterrados en el rico yacimiento de de Dmanisi, en Georgia. Un espectacular hallazgo que se realizó en 2000 (la mandíbula) y en 2005 (el cráneo) y del que ahora se publican todos los detalles en la revista 'Science'. Se trata del quinto cráneo que se encuentra en Dmanisi.

El descubrimiento de este fósil (denominado D4500 o cráneo 5) ha reabierto el viejo debate sobre la clasificación de especies del género Homo, al que pertenecemos.

Hasta ahora, los restos de homínidos más antiguos fuera de África se hallaron en Indonesia (de 1,7 millones de antigüedad), mientras que en Europa los restos más tempranos de homínidos están en la Sima del Elefante de Atapuerca y tienen 1,3 millones de años.

Polémica propuesta

Los científicos de esta investigación, con David Lordkipanidze al frente, subrayan que este individuo al que pertenece el cráneo 5 comparte características morfológicas con los primeros fósiles del género Homo encontrados en África, y que tienen una antigüedad de 2,4 millones de años.

El individuo tenía un cerebro pequeño (546 centímetros cúbicos), con un tamaño equivalente a menos de la mitad del que tenemos los 'Homo sapiens' (que ronda los 1.400). Su cara era alargada y los dientes grandes. Según los cálculos de los científicos, era un varón que medía entre 1,40 y 1,60 metros y pesaba alrededor de 50 kilogramos. Cuando murió debía tener unos 30 años.

Los paleontólogos que firman este estudio realizan una provocadora propuesta: que los fósiles tempranos del género Homo (aquellos que tradicionalmente han sido clasificados como 'Homo habilis', 'Homo rudolfensis' o 'Homo erectus') pasen a ser considerados miembros de una única especie. Aunque admiten que tienen características físicas diversas, creen que la variación no es tan pronunciada como para considerar que pertenecen a líneas evolutivas distintas.

Es decir, propondrían englobar bajo la definición de 'Homo erectus' los restos fósiles descubiertos en África hace 2,4 millones de años así como los desenterrados posteriormente en Asia y Europahace entre 1,7 y 1,2 millones de años.

Un lugar estratégico

El yacimiento de Dmanisi se encuentra en un lugar estratégico situado en el cruce de tres continentes: África, Asia y Europa. "Es un yacimiento extraordinario, tanto por la concentración de homínidos y fauna como por su antigüedad, de 1,8 millones de años. Se han encontrado miles de herramientas de piedra y una gran cantidad de fósiles de> ciervos, caballos, rinocerontes o elefantes", enumera por teléfono desde Georgia Jordi Agustí, investigador ICREA del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES).

Agustí es un paleontólogo habitual en Dmanisi, adonde acude cada verano para participar en las excavaciones.

"El estado de conservación del cráneo 5 es extraordinario. Pienso que probablemente es el mejor conservado del registro humano", asegura Agustí. Además, recuerda que en este yacimiento se han encontrado también otros restos esqueléticos de un homínido adulto de gran tamaño que creen que corresponden al mismo individuo.

Por lo que respecta a la propuesta de los científicos del artículo de 'Science', el paleontólogo catalán cree que este cráneo va a llevar a que se replantee el registro africano de fósiles, aunque él no es partidario de unificar todas esas especies en una sola: "Mi opinión sincera es que 'Homo habilis' y 'Homo rudolfensis' son la misma especie, pero yo seguiría manteniendo la separación entre 'H. Habilis' y 'Homo erectus'", propone Agustí, que es consciente de que el trabajo de sus colegas va a levantar una gran polémica: "Va a abrir la caja de los truenos".

Fuente: elmundo.es/

jueves, 25 de abril de 2013

Hace 1,3 millones de años los homínidos y las hienas competían en Orce (Granada) por la carroña




Hace 1,3 millones de años, Fuente Nueva-3, en Ocre (Granada), era un lugar que acogía las primeras poblaciones de homínidos que habían llegado a Europa. El paisaje estaba caracterizado por la presencia de mucha agua y una gran variedad de fauna, entre la que abundaban los grandes mamíferos, especialmente los megaherbívors, como Mammuthus meridionalis (elefante), Hippopotamus antiquus (hipopótamo), Stephanorhinus hundsheimensis (rinoceronte), Bison sp. (Bisonte), o Praemegaceros verticornis (ciervo gigante de grandes cuernos), junto a otras especies de menor tamaño.

 Situación geográfica y estratigrafía de Fuente Nueva-3


Este fue el contexto ambiental que acogió a los autores de los primeros cuchillos de piedra en Europa, elaborados con la materia prima localizada en los alrededores, especialmente sílex y calizas dolomíticas. Con estos utensilios podían, por ejemplo, aprovechar los cadáveres de los grandes megaherbívoros que encontraban normalmente en lugares próximos a ríos y manantiales, como es el caso de Fuente Nueva -3.






Herramientas de piedra que fueron encontradas alrededor del esqueleto de la elefanta


Un día del Pleistoceno inferior

Esto es lo que pasó un día del Pleistoceno inferior, hace 1,3 millones de años, al encontrarse con los restos de una elefanta (se sabe el sexo por la morfología de la mandíbula) perteneciente a la especie Mammuthus meridionalis, antecesora de los mamuts lanudos que posteriormente poblaron el continente europeo.




Esqueleto parcial de 'Mammuthus meridionalis' de Fuente Nueva -3y distribución espacial de coprolitos y herramientas de piedra


Quien llegó antes al cadáver? Quien se comió la carne más fresca?


Muy probablemente, la elefanta se había acercado moribunda a un charco para beber y acabó muriendo allí. Los homínidos descuartizaron y se comieron parte del cadáver, pero no fueron los únicos en sacarle provecho. Como seguramente pasó muchas veces, las hienas gigantes de cara corta de la especie Pachycrocuta brevirostris, de más de 110 kg de masa (pueden llegar hasta los 160 kg), también rentabilizaron sus nutrientes.

Ahora bien, quien llegó antes al cadáver? Quien se comió la carne más fresca? "Los homínidos". Así lo interpreta Bienvenido Martínez-Navarro, paleontólogo e investigador ICREA (Institución Catalana de Investigación y Estudios Avanzados) en el IPHES (Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social), coautor de un artículo que ha publicado la revista Quaternary International sobre la competición por los recursos entre homínidos y hienas.

Las afirmaciones de Martínez-Navarro se basan en el estudio de un esqueleto de Mammuthus meridionalis encontrado en la campaña de excavación realizada en Fuente Nueva-3 el verano de 2001, y que fue extraído dos años después. "A este fósil le faltaban los miembros, tanto anteriores como posteriores, además del cráneo, pero se conservó gran parte del esqueleto axial, con la pelvis y la columna vertebral completas, varias costillas, una escápula y la mandíbula ligeramente desplazada", puntualiza el paleontólogo del IPHES.

El mismo investigador insiste: "Normalmente el sentido común conduce a las conclusiones más acertadas. Es de suponer, aplicando el principio del 'actualismo' (según el cual los agentes o causas que actúan en el presente ayudan a entender los sucesos del
pasado) que aquellos homínidos eran individuos que, a pesar de haber desarrollado ya la necesidad de comer alimentos animales, base del proceso de la diferenciación y evolución del género 
Homo -respecto al resto de primates que son básicamente vegetarianos-, no consiguieron desarrollar una capacidad digestiva tan elaborada como los grandes carnívoros para procesar desechos animales en avanzado estado de putrefacción, tal como hacen las hienas o los cánidos".

A esto hay que sumar que en estas etapas tan tempranas no hay ninguna evidencia de que los homínidos se sirvieran de manera sistemática del fuego. "Por ello, hemos de imaginar -precisa Martínez-Navarro- que nuestros antepasados ​​tenían que comer carne fresca, centrándose especialmente en las regiones proteicas menos tóxicas, como los paquetes musculares de los miembros que, además, contienen los huesos largos donde se acumulan grandes cantidades de médula, de alto rendimiento calórico, como el fémur, el húmero, el radio, el cúbito y la tibia".



Paul Palmqvist
(izquierda), investigador de la Universidad de Málaga, y Bienvenido 
Martínez-Navarro, investigador ICREA en el IPHES, en Orce - Jordi Mestre
 / IPHES


Cráneo y médula

Lo mismo sucede con el cráneo, donde se encuentra el cerebro, sumamente nutritivo, y que, junto a la médula, son comestibles y especialmente importantes para los niños recién destetados, los cuales no pueden masticar adecuadamente alimentos más duros, y también son necesarios para la manutención de los individuos ancianos desdentados, lo que les permite alargar su longevidad y, con ello, transmitir su experiencia y conocimientos a las generaciones más jóvenes.

"Curiosamente, estas partes menos tóxicas y más nutritivas, son las que le faltan al esqueleto", añade Paul Palmqvist, coautor del trabajo y catedrático de Paleontología de la Universidad de Málaga. "Por ello, debemos considerar que nuestros antepasados ​​sacaron rendimiento a la ventaja de llegar los primeros al cadáver; cortaron y se llevaron las patas y el cráneo, marchándose lo más rápido que pudieron. Después las hienas acabaron con el resto del cadáver, ya que estuvieron comiendo allí mientras hubo alguna cosa todavía comestible", añade.

Coprolitos blancos de P. brevirostris (hiena) del nivel arqueológico superior de Fuente Nueva -3 ( A) y más oscuro coprolitos encontradosenvolvente del esqueleto de M. meridionalis



Los coprolitos

 Hay otros datos más que indican que las hienas llegaron más tarde, considera María Patrocinio Espigares, primera firmante del artículo, profesora asociada en la Universidad de Málaga y miembro del Museo de Prehistoria y Paleontología de Orce. "Por un lado -cuenta esta investigadora- ingirieron

 grandes cantidades de carne y vísceras, ya que los coprolitos son de color oscuro debido a que comieron mucha cantidad de materia orgánica y poco hueso, ya que en caso contrario serían más claros, debido a la mayor presencia de materia mineral".

Por otra parte, "los coprolitos se sitúan mayoritariamente en el lugar donde habrían encontrado los huesos de las extremidades, lo que indica que fueron depositados allí con 
posterioridad a la su desmembramiento y transporte".

Precisamente, una de las aportaciones científicas más interesantes durante la excavación fue el hallazgo de 34 coprolitos (excrementos fosilizados) de la hiena gigante Pachycrocuta brevirostris, en torno al esqueleto de la elefanta, todo ello junto a 17 lascas de sílex con las que los homínidos habrían aprovechado los restos del animal. "Esto sugiere que el cadáver de este megaherbívoro pudo servir de alimento a  dos grandes consumidores de carroña: la hiena gigante y nuestros antepasados homínidos", afirma Bienvenido Martínez-Navarro.

"Con esta investigación se ha verificado una evidencia clara de competencia por el aprovechamiento de la carne entre los dos supercarroñeros mencionados, siendo el caso más antiguo que se conoce de competencia directa por el aprovechamiento de un cadáver de megaherbívoro entre ambos", agrega.

Además, prosigue, "muy probablemente sea el principal hallazgo arqueopaleontológicos 
encontrado hasta ahora en Orce y representa la punta del iceberg de lo que el yacimiento de Fuente Nueva-3, y los otros de la región, brindarán en un futuro próximo de cara al conocimiento del género de vida de nuestros antepasados más primitivos".




Fuente:    terraeantiqvae.com


viernes, 30 de marzo de 2012

Científicos descubren que otra especie de homínidos convivió con la de Lucy

Ocho fósiles de un pie derecho descubiertos en sedimentos de 3,4 millones de años de antigüedad en Etiopía demuestran que los Australopithecus afarensis no eran los únicos de homínidos que vivieron en la región en aquella época.

Los huesos del pie de Burtele, que se presentan en la revista Nature, corresponden a un homínido que se movía con soltura sobre los árboles, pero que era capaz de caminar erguido cuando bajaba al suelo.

El descubrimiento es importante por dos motivos, según Yohannes Haile-Selassie, paleontólogo de la Universidad Case Western Reservede Cleveland (EE.UU.) y primer autor de la investigación.

Por un lado, porque “aporta información relevante sobre la anatomía del pie en los ancestros humanos”, según declaró el martes en una rueda de prensa telefónica.


Huesos parciales de un pie de 3,5 millones de años atrás muestran una nueva especie de homínidos (Museo de Historia Natural de Cleveland)

Por otro, porque “demuestra por primera vez de manera concluyente que la especie de Lucy no estaba sola” sino que convivía con otras especies de homínidos, una cuestión que ha sido motivo de debate científico desde hace más de 30 años.

El pie descubierto ahora refuerza la hipótesis de que los Australopithecus afarensis, que vivieron en el este de África hace entre 3 y 4 millones de años, fueron ancestros directos del género humano, según Haile-Selassie.


Reconstrucción de los huesos encontrados en la región de Afar, Etiopía. (Foto: Museo de Historia Natural de Cleveland)

“Hay aún muchas incógnitas sobre la relación entre los australopitecos y los humanos”, advierte Salvador Moyà, director del Institut Català de Paleontología. Pero, según la hipótesis que defiende Haile-Selassie, los primeros humanos eran descendientes de los Australopithecus garhi, que posiblemente ya fabricaban herramientas de piedra rudimentarias hace 2,5 millones de años.

Y los Australopithecus garhi, a su vez, eran descendientes de los afarensis, la especie de Lucy. El pie de los afarensis, en cualquier caso, se parecía más al nuestro que el pie descubierto ahora en Etiopía. Los ocho fósiles presentados en Nature observan una curiosa combinación de caracteres adaptados a la vida en los árboles y a la vida en el suelo.
dedos

El primer dedo, más similar a nuestro pulgar de la mano que a nuestro dedo gordo del pie, es arborícola. En lugar de estar alineado con los otros dedos, está en posición oblicua, lo cual es ideal para agarrarse de las ramas pero no para caminar o correr.

En cambio, la articulación entre los metatarsianos y las falanges -allí donde los dedos se unen a la planta del pie- permite una hiperflexión. Es lo mismo que hacemos nosotros al final de cada paso o al ponernos de puntillas, cuando los dedos pueden quedar perpendiculares respecto a la planta. Pero es algo que no se puede hacer con las manos -a menos que uno sea hiperlaxo-.

Así, la articulación entre metatarsianos y falanges del pie de Burtele es característica de la marcha bípeda. Pero “es un pie muy primitivo, no podían recorrer grandes distancias”, declaró Bruce Latimer, coautor de la investigación, en la rueda de prensa.

“Debían caminar de una manera bastante extraña”. A su lado, Lucyera toda una atleta. Las huellas de Laetoli, descubiertas en Tanzania en 1978 y atribuidas a tres Australopithecus afarensis , demuestran que ya tenían un pie anatómicamente moderno como el nuestro.

Lucy ya tenía el dedo gordo alineado con los otros cuatro dedos del pie, un talón ancho y estable y un puente bien arqueado para absorber la energía de cada paso, zancada o salto, características todas ellas que no se aprecian en el pie de Burtele.

hallazgo

“Lucy era totalmente bípeda, no iba a los árboles”, destacó Latimer. El pie de Burtele se ha descubierto en una zona que hoy día es desierta pero que hace 3,4 millones de años tenía una vegetación tropical. “Los análisis físicos y químicos de los sedimentos nos indican que era una zona boscosa húmeda y con ríos”, añadió Beverly Saylor, coautora de la investigación, de la Universidad Case Western Reservede Cleveland, al igual que Haile-Selassie y Latimer.

Los fósiles se han descubierto a pocos kilómetros de donde apareció el esqueleto de Lucy en 1974. Dado que las dos especies vivieron en la misma época y en la misma región, los investigadores sugieren que ocuparon nichos ecológicos distintos.

Según esta interpretación, el homínido de Burtele debió ocupar la periferia de la selva tropical y explotar los recursos de árboles y arbustos, mientras que los Australopitecus afarensis se expandieron fuera de la selva gracias al prodigio biomecánico de sus pies.

El descubrimiento “demuestra que nuestra evolución no fue un proceso lineal, con un único linaje en cada momento, sino que fue un proceso más complejo, con varios linajes conviviendo en una misma época y en una misma región”, destacó Haile-Selassie.

Por ahora, los investigadores no han atribuido e l pie de Burtele a ninguna especie ni a ningún género. Es demasiado antiguo para ser humano, ya que el género Homo no aparece hasta un millón de años más tarde. Y las características de los 8 fósiles parecen excluir que se trate de un australopiteco. Incluso de una especie distinta de la de Lucy.

A lo que más se parece el pie de Burtelees al del Ardipithecus ramidus , un homínido de hace 4,4 millones de años también descubierto en Etiopía. Los ocho fósiles podrían corresponder así a un ardipiteco descendiente del ramidus. Pero “aún no tenemos suficiente material para atribuirlo a un género o a una especie”, explicó Haile-Selassie.

Y “no se puede decir que sea un ardipiteco solo porque tenga una locomoción similar; podría ser otro homínido que hubiera conservado esta adaptación a la locomoción. Esperamos a recuperar más fósiles para comprender mejor qué ocurrió”.


Imagenes: hechosdehoy.com ; lagranepoca.com ; cnnespanol.cnn.com
Fuente:lanacion.c

jueves, 20 de enero de 2011

Descubren nuevo tipo de humano antiguo.


Un estudio genético determina la existencia de un nuevo tipo de humano desconocido, el denisovano, que habitó gran parte de la Eurasia central.


Un tipo de humano desconocido -el denisovano- probablemente deambuló por Asia durante miles de años, mezclándose ocasionalmente con humanos como usted y yo, afirma un nuevo estudio genético.

De hecho, los habitantes actuales de las islas de Papúa Nueva Guinea, en el Pacífico, podrían ser descendientes lejanos de estos apareamientos prehistóricos, según un nuevo análisis de ADN del dedo meñique de una niña de 40.000 años de antigüedad, encontrada en la cueva siberiana de Denisova, Rusia.

Este "nuevo giro" en la evolución humana aporta novedosa y abultada evidencia en el sentido de que distintos tipos de humanos -los así llamados humanos modernos y neandertales, humanos modernos y denisovanos e, incluso, tal vez denisovanos y neandertales- se aparearon y produjeron descendencia, afirman los expertos.

"No creemos que los denisovanos hayan ido a Papúa Nueva Guinea", ubicada en el extremo noroccidental de la región del Pacífico llamada Melanesia, explica Bence Viola, coautor del estudio y antropólogo del Instituto de Antropología Evolutiva Max Planck, en Leipzig, Alemania.

"Creemos que la población denisovana habitó gran parte de Eurasia oriental de la misma forma en que los neandertales habitaron la mayoría de Eurasia occidental", destaca. "Nuestra idea es que los ancestros de los melanesios se toparon con los denisovanos en el sureste asiático y se reprodujeron, y que los ancestros de los melanesios se mudaron posteriormente a Papúa Nueva Guinea", precisa.

¿Era común la cruza entre varios tipos de humanos?

Combinado con el estudio de ADN de mayo que encontró que los neandertales también se cruzaron con ancestros de los humanos modernos, el descubrimiento del denisovano sugiere que había más hibridación entre distintos tipos de humanos de lo previamente pensado, afirma Brenna Henn, genetista de la Universidad de Stanford.

"La gente ha estado hablando del tema desde hace mucho con base en el registro arqueológico real ... Pero hasta hace seis meses, no había evidencia genética de alguna mezcla entre los humanos arcaicos y los modernos", destaca Henn, coautora de un artículo que acompaña el estudio en la revista Nature.

"Entonces, después salen estos dos estudios, y no diré que han puesto de cabeza el campo pero ciertamente apoyan una perspectiva no muy reconocida durante años" por los genetistas, señala Henn, quien no formó parte del estudio.

Brian Richmond, paleoantropólogo de la Universidad George Washington, dice esperar que el nuevo estudio genere gran interés y emoción.

"Nada es más fascinante que enterarse de nuevos giros en nuestros orígenes", considera Richmond, quien tampoco participó en la investigación genética del denisovano. "Y éste es aún otro giro nuevo", precisa.

Dedo fósil

La pieza central del estudio de ADN es un fósil de hueso de dedo denisovano descubierto en 2008. Se piensa que pertenece a una niña -apodada Mujer X- que tenía entre 5 y 7 años cuando murió.

En un estudio previo publicado en Nature en marzo de 2010, el equipo había obtenido y secuenciado ADN mitocondrial, o mtADN, del dedo de la Mujer X. Pero éste -heredado únicamente de las madres- contiene mucho menos información sobre la constitución genética de una persona que el ADN encontrado en el núcleo de una célula, o ADN nuclear.

En su nuevo estudio, el equipo informa haber extraído y secuenciado exitosamente ADN nuclear del hueso.

Después, utilizando técnicas de comparación de ADN, los científicos pudieron determinar que los denisovanos eran distintos a los humanos modernos y a los neandertales, aunque más cercanos a estos últimos.

El equipo calcula que los denisovanos se separaron del grupo de los neandertales hace aproximadamente 350.000 años.

Dientes enormes

Junto con el hueso de dedo, los arqueólogos de la Academia de Ciencias de Rusia, encargados de la excavación del sitio, descubrieron un diente perteneciente a un adulto denisovano.

El molar en cuestión es más grande que cualquier diente de humano moderno e incluso más grande que el diente más grande de neandertal. Esto podría sugerir que los denisovanos "se comparaban en tamaño con los neandertales, incluso tal vez un poco más grandes", dice Richmond.

Sin embargo, advierte que el tamaño de los dientes no siempre es buen indicador del tamaño corporal. Un homínido "puede tener dientes grandes y no ser gigante", precisa.

¿Los denisovanos son una especie nueva?

Cuidadosamente, el equipo ha evitado decir que los denisovanos son una especie nueva, optando por etiquetarlos como "grupo hermano" de los neandertales.

Si los humanos modernos y los humanos denisovanos eran especies distintas, su descendencia híbrida probablemente no hubiera podido reproducirse. Pero los híbridos aparentemente pudieron tener bebés, o de lo contrario el ADN denisovano no hubiera podido pasarse a los habitantes actuales de Papúa Nueva Guinea. Por tanto, razona Viola, los denisovanos y los humanos modernos probablemente no eran especies separadas.

Científicamente, empero, tiene poca importancia si al denisovano se le reconoce finalmente como nueva especie, dice Terry Brown, genetista de la Universidad de Manchester, Reino Unido, que no participó en el estudio.

"Todo este asunto de la especie es un distractor, algo que sirve como buen titular pero que, bajo mi perspectiva, no contribuye mucho al debate científico", afirma Brown a través de un correo electrónico.

"Realmente desconocemos cómo igualar las diferencias en las secuencias genómicas con el concepto de especie", precisa. "Podríamos tener dos especies genuinas cuyos miembros no pueden mezclarse pero cuyos genomas sean muy similares", apunta.

"Entonces, realmente el ADN nuclear no nos ayuda a decidir si los denisovanos son una nueva especie, aunque la evidencia de su mezcla con los humanos modernos sugiere que no", subraya.

Dada la creciente evidencia de que los humanos modernos se mezclaron con los neandertales, y ahora con los denisovanos, algunos biólogos evolutivos incluso han sugerido abandonar la designación de especie para los neandertales y los humanos modernos.

Conforme los científicos "producen evidencia de que los denisovanos se cruzaron con los humanos modernos (como los neandertales), entonces se implica que los humanos modernos, los denisovanos y los neandertales son todos subespecies del Homo sapiens", acusa.

Es indiscutible, empero, que cada uno de estos grupos es genéticamente distinto, afirma Richmond.

"Ya sean especies o subespecies, es claro que los humanos modernos, los neandertales y ahora los denisovanos, estaban separados por cientos de miles de años y fue al último cuando algunos se encontraron y cruzaron", agrega.


Fuente: losandes.com.ar

lunes, 10 de mayo de 2010

Los Neandertales: esa otra humanidad Un análisis del genoma de esta especie demuestra que se cruzaron los Homo sapiens


El paleobiólogo Antonio Rosas González


Antonio Rosas
Los neandertales representan un referente para la comprensión de nuestra naturaleza humana. Al compararnos con ellos aprendemos de nosotros mismos. Ideas previas, con una escasa base científica, dieron lugar al mito de la inferioridad intelectual de los neandertales, llegando incluso a proponer que dicha falta de aptitudes pudiera ser la causa de su extinción. Así, en la lucha por la existencia, la supuesta superioridad de Homo sapiens nos habría permitido llegar hasta hoy. Ellos, los neandertales, se quedaron por el camino.

Los últimos descubrimientos realizados en diferentes yacimientos, incluidos algunos españoles tales como El Sidrón en Asturias, ponen de manifiesto que el grupo humano neandertal no responde al mito de unos seres humanos primitivos, toscos e intelectualmente desfavorecidos. Nada más lejos de la realidad. Diferentes fuentes de información, incluyendo los estudios anatómicos, los modernos análisis de ADN antiguo, así como el estudio de las herramientas y de los hábitos de conducta, señalan unas capacidades mentales similares, aunque quizá no iguales, a las nuestras. Es verdad que su anatomía y sus genes muestran diferencias respecto a Homo sapiens, pero éstas no pueden considerarse rasgos de inferioridad. Son, más bien, la manifestación de unas divergencias biológicas y culturales propias de procesos de evolución que han dado origen a una amplia diversidad en el género Homo.

Investigaciones recientes han puesto de manifiesto que a lo largo de la historia evolutiva del género Homo han convivido en el planeta Tierra otras especies humanas, distintas de la nuestra, la autodenominada Homo sapiens. En Asia se admite la persistencia de poblaciones de Homo erectus, en especial representada en la colección de Ngandong, hasta fechas muy recientes, quizá tan cercanas como 27.000 antes del presente. Muy recientemente se han descubierto en la isla de Flores (Indonesia) un conjunto de restos clasificados como Homo floresiensis y que están dado lugar a una apasionada polémica.

Cualquiera que sea la interpretación evolutiva de esta nueva incertidumbre paleoantropológica, sujeta como decimos a argumentos enfrentados, de lo que no cabe duda es de que se trataba de una especie humana hoy extinta. Hace apenas tres semanas se ha publicado un linaje humano desconocido, la llamada “mujer X”, descubierto en Siberia meridional, e identificado por primera vez exclusivamente a partir de datos genéticos. Está por ver a quien corresponde el ADN mitocondrial de la “mujer X” pero no me sorprendería que correspondiera a un Homo erectus tardío. Y cómo no, entre estas especies humanas extintas, se encuentran también los neandertales: Homo neanderthalensis; la más conocida de todas y la que más literatura y estudios ha propiciado y propicia. Los neandertales habitaron en Europa y amplias regiones de Asia desde hace unos 300.000 años hasta su extinción hace quizá menos de 28.000 años.

Por tanto, si tomamos como referencia el valor arbitrario de los 40.000 años, comprobamos que en el Planeta Tierra coexistieron al menos cuatro especies humanas (H. sapiens, H. neanderthalensis, H. floresiensis y H. erectus), dotadas todas ellas de sofisticados atributos culturales ¿Qué significado y consecuencias puede tener este hecho para la comprensión de la naturaleza humana? Con los conocimientos actuales es aún pronto para ponderar y evaluar las consecuencias de este fenómeno de la evolución. Sin embargo, comprender el alcance e implicaciones de este hecho es uno de los retos más prometedores en el pensamiento antropológico, y los neandertales ocupan un lugar destacado en esta aventura intelectual.

Superando prejuicios

Lejos de los arquetipos generados a principios del siglo XX, en los que los neandertales eran la imagen viva del primitivismo, la ciencia ha ido esclareciendo algunos aspectos de su naturaleza. Quizás lo más evidente ha sido comprender cómo su anatomía, antaño creída propia de lo primitivo, es por el contrario altamente evolucionada. Hemos aprendido que ser distinto a nosotros no significa ser primitivo, aunque pueda serlo en algunos detalles (como nosotros lo somos en otros). Una idea falsa y muy arraigada es pensar que lo “humano moderno” es sinónimo de evolucionado. Los neandertales fueron gentes altamente derivadas, pero, he aquí la cuestión, derivadas en una dirección distinta.

La evolución no solo tiene un camino, se puede ser evolucionado de diferentes modos. Esta es una buena lección. Por ejemplo, la cara de los neandertales, aunque por su tamaño y proyección anterior puede recordar de algún modo el prognatismo de los primates no humanos, es sin embargo, una cara altamente derivada, incluso más que la nuestra. Y, ¿qué decir del gran cerebro de los neandertales? Ellos también desarrollaron un alto coeficiente de encefalización pero en un modo anatómicamente distinto al nuestro.

Recientemente se han puesto al descubierto claras evidencias que apuntan al manejo de conceptos abstractos por parte de los neandertales. Dicha afirmación se sustenta en el descubrimiento de elementos de ornamentación corporal, ya sea con aderezos físicos a modo de collares y colgantes, ya sea en la ornamentación directa del cuerpo mediante pigmentos.

Evidencias de lo primero proceden de Arcy sur Cure (Francia), donde se han recuperado cuentas de collar en asociación con restos neandertales. Más recientemente se han hallado multitud de barras de óxidos de manganeso interpretados como lápices aptos para el dibujo sobre la piel así como el uso de pigmentos reflectantes en la cueva de los Aviones, en Murcia.

En íntima conexión con la capacidad simbólica de los neandertales se encuentran las abundantes pruebas de prácticas de enterramiento, quizás asociadas con rituales funerarios cuya evidencia se atestigua por la presencia de supuestas ofrendas. Un cierto sentido de lo trascendente de daba en las poblaciones neandertales, lo que implica el desarrollo de instancias metafísicas en el sistema psíquico neandertal.

El cuidado de los individuos indefensos, jóvenes y ancianos, se puso de manifiesto en el yacimiento de Shanidar (Irak) así como en otros muchos yacimientos donde individuos lisiados o desprovistos de dentición que les permitiera masticar el alimento sobrevivieron durante años gracias al cuidado de su congéneres. El altruismo y la solidaridad han sido actitudes tradicionalmente unidas al comportamiento eminentemente humano. Los neandertales, sin duda, poseían en su acervo psicobiológico aspectos de estas cualidades humanas.

Por tanto, muchas, si no todas las cualidades que nos hemos arrogado como propias y nos confieren ese carácter de humano, las encontramos ya en los grupos del Paleolítico Medio europeo. Quizás el último rubicón que los neandertales aún no han conseguido superar en la carrera por la humanidad es la elaboración de arte parietal o mobiliario, tan extendido y soberbio como el que se encuentra entre los primeros cromañones. ¿No sabían hacer arte los neandertales o es que todavía no hemos aprendido a reconocer otras formas de manifestación plástica?

Cualquiera que sea la causa que dio origen a la forma neandertal, si es claro que ésta les permitió vivir sin mayor apuro durante un largo periodo de tiempo hasta que terminaron por desaparecer. La posibilidad de que la organización de su encéfalo y su psicobiología gestionasen una relación con el universo basada en percepciones distintas a las nuestras nos abre caminos de exploración hasta ahora nunca iniciados. En definitiva, una larga lista de posibilidades en cada uno de los aspectos que hemos tratado, abiertas al debate y ávidas de nueva información. Los Neandertales son la mejor vara donde medir nuestra propia singularidad, y lejos de desanimarnos por la magnitud de las incógnitas, debe empujarnos a la investigación, a sabiendas de que cualquier avance en el estudio de nuestra prehistoria tiene importantes implicaciones en el conocimiento humano.


Fuente: elcultural.es