lunes, 25 de mayo de 2009

Investigadora y espeleóloga

Nació en Burgos en 1960. Licenciada en Prehistoria y Arqueología por la Universidad de Valladolid, es una de las investigadoras más veteranas de la Sierra de Atapuerca. Acaba de concluir su tesis. Cum laude.

No lleva salacot ni publica libros, pero es una de las personas que mejor conoce la Sierra de Atapuerca: desde hace treinta años escruta sus entrañas, habita sus cavidades con tanta familiaridad como si estuviera en el salón de su casa. Ana Isabel Ortega acaba de leer su tesis, por la que ha obtenido la máxima calificación: sobresaliente ‘cum laude’. Ha dedicado siete años de su vida a este trabajo descomunal, casi heroico, que es ya un referente para todo aquel que quiera conocer cualquier detalle sobre este complejo burgalés. Además, La evolución geomorfológica del karst de la Sierra de Atapuerca y su relación con los yacimientos pleistocenos, título de la tesis (que será publicada), ha arrojado luz sobre algunos asuntos esenciales.

Hasta ahora, se pensaba que las aguas que discurrían por el interior de la sierra desembocaban en un mismo sitio, la Cueva del Silo. Pero no: se trata de un sistema multinivel, escalonado, por lo que hay tres conductos distintos y de diferentes épocas. Así, el karst de Atapuerca es de origen hipogenético (las aguas van de abajo hacia arriba merced a la estructura, que es un anticlinal), lo que formó un complejo 3,7 kilómetros , que es uno de los más grandes de la Cuenca del Duero, y no sólo por la filtración, sino -principalmente- por las aguas subterráneas del Arlanzón y sus fuentes. La tesis de Ortega será un referente para estudios posteriores, toda vez que ayudará al contexto de cuantos análisis se hagan en el futuro. Se muestra aliviada y satisfecha porque han sido siete años de arduo trabajo, para el que otras personas se han volcado y a las que agradece tan incondicional apoyo.

Sabemos lo que esconden -e intuimos que aún habrá más- los yacimientos de Atapuerca. Pero se conoce menos el porqué de las conservación de los restos. Esta es la clave de su tesis: la geomorfología que he permitido conservarlos.

¿Cuáles son las características de este karst?

Una de las principales es que está formado por la acción de agua, principalmente del Arlanzón. A partir de hace 2 millones de años, aproximadamente, a medida que el río se iba estructurando y descendiendo hasta el nivel actual, iba creándose el karst, formando diferentes pisos.

¿Cuántos?

Tres. El superior y por tanto más antiguo, según los datos de que disponemos en la actualidad, nos sitúa entre finales de Plioceno, principios del Pleistoceno, entre 1,8 y 2,6 millones de años. Ese primer piso encauzó las aguas que venían del interior. Con el segundo piso ocurrió algo similar, y se formó cuando el Arlanzón estaba en una cota superior a los 80 metros de la actual, posiblemente en el Pleistoceno inferior (1,5 millones de años). Antes de alcanzar el nivel actual, con el río ya perfectamente encajado, se conformó el tercer piso de cavidades. Es un karst escalonado y al estar ‘colgado’ (por encima del actual nivel de las aguas del Arlanzón) la erosión de finales del Pleistoceno y las sucesivas glaciaciones no le afectaron, por eso se converva lo que vemos en Trinchera.

¿Qué diferencia el karst de Atapuerca de otros como el de Ojo Guareña, que siempre se esgrime como ejemplo pedagógico de complejo kárstico?

En Ojo Guareña vemos todo: por dónde entra el agua; por dónde sale; es también un karst multinivel (tiene seis niveles). Pero la diferencia con el de Atapuerca es que, en éste, no sabemos por dónde entran las aguas, no tenemos por dónde pierde el río, no vemos valles ciegos, como el de San Bernabé. Y es que el origen del karst de Atapuerca no es una pérdida directa del Arlanzón, como ocurre en el otro con el río Guareña, sino que aquí, al menos para los niveles medio e inferior, se trataría de aguas subterráneas filtradas a través de fracturas en las fallas que subirían para salir después al exterior. Esto es común, por ejemplo, en altas montañas, como los Pirineos: la mayor parte de las aguas que caen en el lado español salen en el francés. Sin embargo, y pese a ser una sierra pequeña, también pasa en Atapuerca: se produce una captura de las aguas que drenarían hacia el Arlanzón.

¿Qué ha sido lo más costoso?

He jugado con una baza muy importante: que mi tesis era una continuación de la realizada por Alfonso Benito Calvo. Sin su tesis de geomorfología sobre la evolución del paisaje, la mía hubiera sido más difícil o incluso hubiera llegado a otras conclusiones. Lo más costoso ha sido hacer las secciones, la topografía, el campo... Han sido seis años de campo, saliendo casi todos los fines de semana. Y siempre acompañada, porque yo sola no podría haber medido las cavidades. He contado con la inestimable colaboración del Grupo Edelweiss y de Miguel Ángel Martín Merino principalmente, y luego con el trabajo de gabinete y situación de Raquel Pérez Martínez, miembro del equipo de investigación de Atapuerca, y del grupo en general. Ha sido una labor de muchísimas horas.

Cuevas. ¿Cuántas son? ¿cuáles las más importantes?

Casi todas se concentran donde están hoy los yacimientos, en el sector de Torcas, en el monte de San Vicente. Allí están Cueva Ciega, Paredeja y el Abrigo de Mirador, que son pequeñas y posiblemente las más antiguas, porque están 115 metros por encima del nivel actual del río; también Cueva Mayor, Cueva del Silo, Cueva Peluda y Cueva Compresor, cavidades por las que podemos entrar y tienen un recorrido importante; pero hay otras 30 secciones cortadas en Trinchera en las que no podemos entrar pero que formaban parte de otras cuevas. Como estas cuevas dejaron de ser surgencias o fuentes, sirvieron como lugares de hábitat a animales y humanos.

Intenta hacer una fotografía de cómo era la primera Sierra de Atapuerca.
En el Mioceno era una pequeña isla, porque estaba rodeada de agua. A medida que pasa el tiempo, las aguas van reorganizándose, formando el Arlanzón. En los momentos más antiguos, se trataría de un río muy ancho pero quizás no muy profundo. Por tanto, el entorno de la Sierra de Atapuerca sería un terreno pantanoso, con aguas sin demasiado circulación. Todavía las cavidades estarían formándose. Más adelante, hace 1,5 millones de años, aproximadamente, el Arlanzón habría incidido, estaría más encauzado; pero la sierra seguiría estando encharcada: es una zona en la que había águila pescadora, hipopótamos, nutrias, castores... Y, ya más tarde, el agua entraría directamente, metiendo en las cavidades cantos rodados. Luego (hace 500.000 años) habría un momento muy frío que, junto a la erosión, provocaría la apertura de casi todas las cuevas: la Sima de los Huesos, Galería, Dolina, Elefante...

¿Qué es lo que más le ha sorprendido?

Teníamos el concepto de que era un único karts en el que las aguas entraban y que salían por la Cueva del Silo. Suele suceder que las aguas que se filtran por distintos conductos acaban canalizándose en una misma vía. En este caso no: viéndolo en perfil, hay tres momentos diferentes, tres conductos lineales de tres épocas diferentes. Es un sistema multinivel. Eso es lo más novedoso. Porque además, ha permitido conocer por qué tenemos distintas entradas en diferentes momentos.

¿Esto puede resultar esencial de cara a futuros hallazgos paleontológicos?

Sobre todo, que quizás en un futuro se podría excavar o sondear en las entradas más altas para intentar hallar restos del Pleistoceno Superior.

¿Qué podría encontrarse?

El Villafranquiense, que nos falta, de entre 1,5 y 1,8 millones de años.

¿Y el Neanderthal?

En las partes más altas, por eso se ha excavado en el Portalón y en el Mirador. Pero incluso en la zona de Estatuas, en el piso superior, podemos encontrar el propio Neanderthal y lo previo a lo hallado en Elefante. Si esta sima ha proporcionado hasta ahora los restos más antiguos de Europa, podríamos saber cuándo se ocupó el continente. También he de decir que otros resultados de estas investigaciones han sido nuevos puntos con registros fósiles, tanto en el interior como en el exterior: fauna fósil, como leones, y nuevos yacimientos que hasta ahora no se habían visto.

Que todavía hay mucho que encontrar.
Desde luego. Ha sido una alegría comprobar que no todo está hecho. Todavía hay más cosas que encontrar, sobre todo en esa zona.

¿Cuál es su rincón más especial?

La zona de Torcas, pero cuando no hay gente y se oye cantar a los pájaros. Y la de Estatuas es interesante porque va a dar datos que no conocemos.

¿Cuál ha sido el peor momento de todo ese tiempo dedicado al trabajo de campo?

Ha habido varios. Recuerdo lo mal que lo pasé en una parte infecta de la Cueva del Compresor; es muy pequeña, tiene muchas grietas y salí con todo el cuerpo lleno de moratones. Me dije que cómo podía estar haciendo esto a mi edad. En la Cueva del Silo, que también tiene conductos pequeños, lo pasé fatal.

Supongo que el hallazgo de un brazalete de oro fue uno de los mejores momentos...
Efectivamente. Apareció en un sitio especial, entre cantos rodados de cuarcita traídos por el Arlanzón. Lo encontramos al día siguiente de habernos topado con una medalla musulmana en el Portalón de Cueva Mayor. Creo que quienes dejaron el brazalete pretendían hacer una ofrenda a alguna divinidad relacionada con las aguas, que no lo hicieron como un simple escondrijo.
La suya es la primera tesis que ha salido del Cenieh.

¿Qué puede significar este organismo para el futuro de la investigación en Atapuerca?

Creo que va a jugar un papel crucial, porque si todo marcha como parece que va a hacerlo, será el que lidere y dirija todo de la mejor manera posible. En este sentido, es muy importante la colaboración entre este centro y la Universidad de Burgos para que todos los esfuerzos se canalicen y lleguen a buen puerto. Es una de las apuestas más claras de futuro para la ciudad y para los yacimientos.

¿Y qué espera del MEH?

También será importante, sobre todo en la labor divulgativa que el equipo siempre ha considerado esencial. Esperemos que en un año esté ya listo.

Fuente: diariodeburgos.es

domingo, 24 de mayo de 2009

Pisadas en la arcilla


En la cueva de Chauvet, en el sureste de Francia, están impresas sobre la arcilla las pisadas de un niño de entre ocho y diez años, que medía alrededor de uno treinta y se iluminaba con una antorcha.

El carbón de la antorcha dejó sus marcas regulares a lo largo de la pared. Gracias al análisis de esos residuos se sabe que este niño se internó en las sombras móviles de la cueva de Chauvet hace unos veintiséis mil años, de modo que las suyas son las huellas humanas más antiguas de las que tenemos noticia. No hay más huellas cerca: el niño entró solo en la cueva.

La luz de la antorcha iluminaría lo que descubrieron por azar unos espeleólogos franceses en 1994, una sucesión de galerías con imágenes de animales pintadas o hendidas sobre la roca y la arcilla, el bestiario fabuloso de las especies que hace treinta milenios deambulaban por las sabanas de Europa, mamuts, leones, rinocerontes, grandes osos, caballos, panteras, ciervos imponentes llamados megaceros, bisontes. Las pinturas de Chauvet son las más antiguas de las que se tiene noticia, muy anteriores a las de Lascaux y las de Altamira: y sin embargo revelan una maestría infalible, un dominio de la anatomía y del movimiento y de la síntesis visual que permite representar la cabeza y la joroba de un mamut o el hocico de un rinoceronte con un solo trazo, aprovechando además las protuberancias de la pared rocosa para sugerir el volumen.

Pero lo más extraño no es la formidable calidad formal de esas pinturas, que desmiente cualquier noción evolutiva en el arte: lo extraño, lo que nos atrae de verdad hacia ellas, es la familiaridad que sentimos al mirarlas. En la manera en que miraban el mundo esos seres humanos hay algo que reconocemos, igual que en esas huellas que podían ser las de los pasos de uno de nuestros hijos, o en esas manos trazadas en blanco sobre las paredes contra un contorno rojizo de óxido de hierro. Alguien apoyó una palma abierta y con la otra mano sostuvo el hueso o la caña por los que sopló el óxido. Si nos estuviera permitido tocar la pared, superpondríamos sobre esa mano fantasma la nuestra y encontraríamos una coincidencia casi exacta.

A las manos impresas en las paredes de las cuevas con frecuencia parece que les faltan las falanges superiores de uno o de varios dedos, nunca el pulgar. Se especuló en otro tiempo que la causa podían ser amputaciones por congelación o por accidentes de caza. Ahora se sospecha que en realidad son dedos doblados para indicar ciertos signos de vocabularios silenciosos, indicaciones o avisos de algo, gestos de pertenencia a un clan. Lo he aprendido en unos de esos libros inesperados que uno encuentra sin haberlos buscado y en los que se sumerge con felicidad durante varios días, Los pintores de las cavernas, de Gregory Curtis, que trata del misterio insoluble del significado de la pintura prehistórica y a la vez cuenta la aventura moderna de su descubrimiento, en la que hay episodios novelescos de exploraciones audaces y hallazgos de tesoros y también de mezquinas intrigas y venganzas académicas, de manuscritos perdidos, exilios y suicidios. Como algunas novelas, el relato de Curtis sucede en dos planos temporales muy alejados entre sí que acaban constituyendo una sola trama.

El primero de ellos dura, asombrosamente, unos veinte mil años, a lo largo de los cuales se mantuvo más o menos intacta una tradición plástica de una sofisticación que no tiene nada de primitiva, y que sin más remedio debería de formar parte de una cultura mucho más rica y más amplia de la que no ha quedado nada, igual que han extinguido las especies de animales magníficos que atravesaban Europa en migraciones populosas, proporcionando a aquellos pueblos cazadores no sólo su alimento, sino también la materia de sus rituales y de sus mitologías, de los cuales las pinturas de las cavernas son reliquias en gran medida indescifrables.

El segundo relato es mucho más cercano: empieza en 1879, en Altamira, cuando una niña que acompaña a su padre en la excavación de una cueva mira hacia el techo y ve algo en lo que el padre no ha reparado, unas figuras de bisontes rojizos. Al pobre Marcelino de Sautuola el descubrimiento de las pinturas de Altamira no le deparó ninguna gloria, sino humillaciones y disgustos, y murió prematuramente con la amargura de un escarnio sin consuelo. Eran los años en que se difundía, entre furiosas diatribas, la teoría de la evolución, y algunos de sus partidarios, explica Curtis, quisieron creer que las pinturas eran falsificaciones calculadas para desacreditarla. Si las artes, como los organismos, evolucionan de lo más simple a lo más complejo, ¿cómo era posible que unos bárbaros habitantes de las cavernas hubieran sido capaces de pintar con tal maestría?

De un modo u otro, el prejuicio del primitivismo se mantuvo en las interpretaciones más habituales de los especialistas: las pinturas formarían parte de rituales mágicos para propiciar la caza. Pero los animales pintados en las cuevas muchas veces no son los mismos que se cazaban para comer.

En algunas de ellas se han encontrado pruebas de que los pintores, mientras hacían su trabajo, habían comido carne de reno, pero no había renos entre los animales que pintaban, y sí otros que inspirarían pavor, como rinocerontes o leones o mamuts. No fue un especialista en pintura prehistórica, sino un historiador del arte con inclinaciones filosóficas, Max Raphael, intuyó por primera vez que las acumulaciones de animales en una gruta podían ser no resultado del azar sino de un propósito compositivo regido por alguna forma de geometría y de simbolismo, cuya clave sería probablemente la forma de la mano extendida. Max Raphael era judío alemán y pasó por Francia huyendo de los nazis. En su exilio de Nueva York vivió obsesionado por las pinturas de las cuevas, negándose a aceptar que culturas tan refinadas en su imaginación plástica y en sus técnicas de representación no hubieran poseído también una complejidad espiritual. Misántropo, angustiado por la soledad y el fracaso, Max Raphael se suicidó en 1951. Unos meses antes le había mandado a la prehistoriadora francesa Annette Laming-Emperaire treinta páginas de borradores y notas para un libro que nunca llegó a escribir: Sobre el método de interpretar el arte paleolítico.

Como en el universo inquietante que nos explican los físicos, en el relato de los pintores prehistóricos lo que vemos y lo que sabemos está rodeado por la materia oscura de lo desconocido. Las pisadas del niño que llevaba la antorcha en la cueva de Chauvet van en una sola dirección. En la cueva de Trois Frères hay una figura solitaria en el punto más alto del techo que tiene cabeza de ciervo, torso y cola de caballo y piernas de hombre que puede ser un chamán en estado de trance o un personaje fantástico, pero que nos estremece sobre todo por el gesto con el que parece volverse el espectador como si acabara de descubrir la presencia de un intruso, o la de un semejante. -

Fuente: elpais.com

Una exposición completa la cita de Cantabria en la Feria del Libro de Madrid, España.

La Consejería celebrará cuatro grandes foros de debate cultural

La exposición fotográfica '10 razones para la humanidad. 10 cuevas con arte paleolítico en Cantabria' y cuatro grandes foros de debate cultural enmarcarán la presencia cultural de la comunidad en la Feria del Libro de Madrid. Como se recordará, Cantabria es este año la Comunidad Autónoma invitada a la cita, donde presentará las señas de identidad de seis editoriales de la región, ya forjadas jurídicamente como Gremio.

En el desarrollo de seis actividades en el Pabellón Carmen Martín Gaite la Consejería presentará en la Feria una muestra complementaria de la cultura regional y debatirá sobres temas culturales de actualidad.

La Feria del Libro de Madrid, foro de referencia nacional organizado por la Asociación de Empresarios del Comercio del Libro de Madrid (Gremio de Libreros de Madrid) y la Federación de Asociaciones Nacionales de Distribuidores de Editores (FANDE), se celebrará desde el próximo viernes, día 29, al 14 de junio en el Paseo de Coches de los Jardines del Buen Retiro.
El pintor y escritor Eduardo Arroyo es el encargado de inaugurar el programa de actividades de la Feria con un encuentro público con la escritora Eugenia Rico el próximo día 1 de junio, a las 19.30 h., en el Pabellón Fundación Círculo de Lectores.

La presentación del poemario 'Nociones del Imperio', de Marián Bárcena, y la presentación de las obras completas del novelista cántabro José María de Pereda son otras de las actividades complementarias que forman parte de la agenda oficial.

Los editores cántabros, como ya se avanzó, presentarán un catálogo conjunto y realizarán actividades de promoción de cada una de sus ofertas, autores y fondos.

La cultura francesa será la protagonista de esta 68ª edición de la Feria, cuyo cartel ha sido diseñado por Juan Antonio Moreno.

Durante los 17 días que dura el que es sin duda uno de los grandes acontecimientos de España que tiene al libro y la lectura como protagonistas, la Feria mirará al país vecino con el objetivo de fomentar en nuestro país el conocimiento de su cultura.

Para ello, ha contado con la colaboración de la Embajada de Francia en España, que ha organizado un programa de actividades.

Fuente:eldiariomontanes.es

martes, 19 de mayo de 2009

EL ARQUEÓLOGO FRANCÉS JEAN CLOTTES NOS DESCUBRE EL ENIGMA DE LA CUEVA DE COSQUER


La conferencia sobre esta cueva con pinturas rupestres tendrá lugar el próximo jueves, 21 de mayo, a las 20.30 en el Museo y Parque Arqueológico Cueva Pintada

El Museo y Parque Arqueológico Cueva Pintada nos propone una visita al santuario prehistórico de la Cueva de Cosquer, en el sur de Francia. El Arqueólogo galo Jean Clottes, una de las máximas autoridades en arte rupestre de Europa, ofrecerá una conferencia sobre esta cueva que, debido al aumento del nivel del mar tras la última glaciación, ha quedado sumergida por las aguas. Esta conferencia se celebrará el próximo jueves, 21 de mayo, a las 20:30 horas en las instalaciones de la institución museística gestionada por la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico y Cultural del Cabildo de Gran Canaria (C/ Audiencia, 2 Gáldar). La entrada es libre.

En 1991, un submarinista penetró en una cueva sumergida cercana a la ciudad francesa de Marsella. Al llegar al fondo, en la zona que ha quedado fuera de la acción del mar, Henri Cosquer advirtió que las paredes de la gruta se encontraban decoradas con varios centenares de pinturas rupestres que los expertos han situado en dos periodos diferentes del Paleolítico Superior; el Gravetiense y el Solutrense. Los investigadores que han podido estudiar in situ este importante enclave del arte rupestre mundial han encontrado diversidad de motivos y técnicas de dibujo, pintura y grabado. El repertorio incluye 177 figuras de animales, 216 signos geométricos, 65 manos en negativo y la imagen de un hombre muerto. Entre los motivos animales representados se encuentran manos, en colores rojos y negros, caballos, ciervos, bisontes, etc. Un grupo interesante lo forman los animales marinos, como focas, pingüinos, medusas, peces o cetáceos, fauna poco representados en el mundo paleolítico. También hay una variada representación de signos geométricos, algunos de ellos realizado mediante la técnica del grabado. Los principales investigadores del Arte Rupestre Paleolítico sitúan las pinturas de la Cueva Cosquer al mismo nivel de calidad y técnica que las de Altamira y Lascaux.

La entrada a la gruta de Cosquer se encuentra, en la actualidad, a 37 metros bajo el nivel del mar. A la cámara policromada se accede tras atravesar un estrecho corredor de más de 175 metros de longitud totalmente anegado por el agua del mar. La importancia de Cosquer, más allá del interés arqueológico, viene dada por los datos que aporta sobre las condiciones ambientales y ecológicas que reinaban en el litoral mediterráneo entre 18.500 y 29.000 años. Este periodo del paleolítico Superior se caracterizó por el clima glacial y la presencia de grandes mamíferos como mamuts y renos en territorio europeo. La representación de focas y pingüinos entre los motivos pintados en las paredes de Cosquer son un testimonio de las condiciones ambientales en las que se desarrollaron las comunidades humanas que habitaron en el lugar.

La extraordinaria localización de la caverna se debe a la subida del nivel del mar después de la última glaciación, pues, hace 20.000 años, el nivel del mar se encontraba130 metros por debajo y a unos 5 kilómetros de la línea actual. Todas las pinturas se hallan en las salas superiores que se encuentran sobre el nivel del mar. Las dataciones realizadas mediante el método de radiocarbono, aplicado a cenizas y carbones de dos pequeños hogares, demuestran que esta cueva fue frecuentada durante dos periodos: el primero hace unos 27.000 años y el segundo hace aproximadamente 19.000 años.

Jean Clottes, asesor de la UNESCO para el Arte rupestre prehistórico, desvelará los secretos de este auténtico santuario, ya que la cueva Cosquer sólo fue utilizaba para llevar a cabo en ella ceremonias y rituales. Un espacio sagrado de extraordinario valor, en especial por la abundancia y variedad de las figuras representadas que, en el caso de los pingüinos, son únicas en el repertorio rupestre europeo.

Fuente: Infonortedigital

La primera presencia de humanos modernos en yacimiento de Triacastela (Lugo), Galicia, España.

Investigadores del Grupo de Estudios para la Prehistoria del Noroeste de la Universidade de Santiago (USC) recogen en un estudio que el yacimiento de la Cova de Eirós, en Triacastela (Lugo), revela la primera presencia de humanos modernos en Galicia.

Según indica el estudio, el yacimiento conserva la única secuencia del noroeste donde se puede estudiar la transición entre los últimos neandertales y los primeros humanos modernos, aportando gran información sobre sus modos de vida, estrategias de caza y subsistencia de estas dos especies de homínido.

Los investigadores de este grupo de la USC trabajan en la excavación de este cueva junto con un equipo del Institut Catalá de Paleocología Humana i Evolució Social de Tarragona (Iphes). Resaltaron que los trabajos desarrollados revelan la importancia de este yacimiento para el estudio de los modos de vida de los neandertales en el Paleolítico medio.

La industria lítica y las nuevas dataciones realizadas en un nivel superior de la cueva indican la existencia de una ocupación humana que se remonta a hace unos 30.000 años, ya en los inicios del Paleolítico Superior. Este mismo nivel de la cueva se relaciona con el Auriñaciense, periodo en el que los primeros humanos modernos llegan al continente europeo.

La datación de la Cova Eirós ayudarán, según precisaron, a completar la secuencia del Paleolítico Superior en Galicia. Estos yacimientos en cuevas ofrecieron "gran información" sobre los modos de vida de los humanos modernos, tanto en lo referente a sus estrategias de caza, como a modos de fabricación de herramientas.

Según manifestaron los investigadores de esta excavación, al frente de la que se encuentra el profesor Ramón Fábregas, existen grandes expectativas frente a las próximas intervenciones, "así como por los resultados que proporcionará la realización de un programa de dataciones con una técnica, la OSL, que puede ofrecer el marco cronológico de las ocupaciones paleolíticas en las cuevas de Galicia y de los yacimientos al aire libre de la Depresión de Monforte de Lemos.

Fuente: homoysapiens.com

miércoles, 13 de mayo de 2009

La figura humana esculpida más vieja de la historia tiene 35.000 años

Una de las figuras encontradas Foto: H. Hensen Universidad de Tubingen.

Es la escultura más antigua conocida hasta la fecha, o si se quiere, la figura humana esculpida más vieja de la historia de la humanidad. Tiene 35.000 años, está hecha sobre marfil de mamut, y mide apenas 60 milímetros.

Foto: © Universität Tübingen/H. Jensen.

Fue descubierta en una cueva, Hohle Fels, al sur de Alemania, por el arqueólogo Nicholas Conard, de la Universidad de Tubingen en Alemania, y es un tributo al pensamiento artístico del Homo sapiens en una época en la que establecía una dura competencia con el hombre de Neandertal. La figura ensalza la sexualidad femenina: pechos grandes, la vulva femenina agigantada en relación a la escala corporal, y voluminosas caderas y muslos.

Como indica Paul Mellars, de la Universidad Stony Brooks, en la revista Nature, bajo los estándares modernos, la figura "bordea la pornografía", ya que la cabeza, los brazos y las piernas se han reducido en comparación con las zonas sexuales femeninas.
Los 'Homo sapiens' eran artistas

Imagen del análisis de las distintas partes de la figura. Foto: © Universität Tübingen/H. Jensen./AFP Photo

La talla no es la única. En los últimos 70 años, indica este experto, las cuevas alemanas han escupido una serie de prodigiosas esculturas hechas en marfil de colmillo de mamut, sobre animales tales como el caballo y el propio mamut, bisontes y leones de las cavernas, e incluso figuras medio humanas con cabezas de animal. El tesoro, increíble, se completa con pendientes, las flautas musicales más antiguas jamás producidas (lo que indica que la música estaba presente en estos Homo sapiens).
Si añadimos esta figura tan antigua a las pinturas rupestres encontradas en la Cueva Chauvet en Francia (bisontes, rinocerontes, ciervos, leones de las cuevas y caballos) de entre 36.000 y 37.000 años, podemos esbozar una ventana al pasado resumiendo que los Homo sapiens que luchaban por su supervivencia en aquellos tiempos en Europa eran también verdaderos artistas: pues también esculpían figuras tan extraordinarias como esta.
La sexualidad, siempre presente

El acento sexual no pasa desapercibido, puesto que hay otros ejemplos más recientes donde las características femeninas se acentúan, ensombreciendo el resto. En Austria, una figura de Venus de 105 milímetros muestra unos pechos enormes; hay dibujos de la vulva hechos mediante objetos puntiagudos sobre caliza, y penes humanos tallados en cuernos de bisonte. Todo este simbolismo sexual está hondamente enraizado en nuestra evolución, en las creencias sobre la fertilidad femenina y su importancia para la supervivencia. Pero el aspecto más importante, de acuerdo con Mellars, es la creación simbólica, la confirmación del arte figurativo, con todo lo que ello implica sobre la mente humana y el cerebro.

Estos 'Homo sapiens' descienden a su vez de una oleada de inmigrantes africanos, quienes presumiblemente ya realizaban diseños geométricos usando el óxido de hierro como tinta, quizá hace 95.000 años. ¿Que tipo de mutaciones permite al cerebro emprender estas actividades artísticas, y cual es su valor real a la hora de la supervivencia? Una pregunta que aún no tiene respuesta.

Ya fueron descubiertas 25 tallas en la cueva (Fotos abajo)

En la cueva de Hohle Fels se han descubierto en los últimos cien años unas 25 tallas de marfil, casi todas representaciones de animales, y también una flauta, considerada el instrumento musical mas antiguo del mundo.

La nueva venus confirma que el hombre prehistórico no solo tallaba figuras de animales, sino también humanas al principio del periodo auriñaciense, algo que ha resultado una sorpresa para el equipo arqueológico alemán.

Hasta ahora solo se conocían de ese periodo de la prehistoria pequeñas tallas de animales como las halladas en la misma cueva, pero no se había encontrado representación alguna de una figura humana.

Nicholas Conard no descarta por ello que en la región al sur de Alemania hubiese vivido hace 40.000 años el primer grupo humano con una cultura propia y subrayó que, en todo caso, de ese lugar partieron los primeros impulsos para el desarrollo de la música y la creación artística de pequeñas tallas.

Fotos de Universität Tübingen/H. Jensen


Fuente: ecodiario.eleconomista.es
terraeantiqvae.blogia.com

Hace 70 mil años los H. sapiens ya usaban pegamento

Hace 70 mil años, en Sudáfrica, los Homo sapiens ya utilizaban pegamento, y al parecer bastante fuerte. Científicos sudafricanos descubrieron compuestos adhesivos junto a microfracturas en utensilios de piedra en la cueva Sibudu, en Suráfrica.

El estudio fue publicado por varios expertos de la Universidad de Witwatersrand, en Sudáfrica, en 'Proceedings of National Academy of Science'. En él los autores opinan que el uso de estos compuestos adhesivos es reflejo de un pensamiento complejo.

Pudieron descubrir los ingredientes del pegamento: algunas plantas elásticas y polvo rojo ocre mezclados en una proporción adecuada para ser adherente. Este pegamento natural fue descubierto donde deberían haberse incrustado el mango con las herramientas líticas.

"Nosotros conocemos la posibilidad de que la gente de Sibudu colereara sus armas simbólicamente, quizás como una ofrenda de sangre, pero no era una explicación satisfactoria", dijeron los autores.

Para dar consistencia a su hipótesis, el equipo, liderado por Lyn Wandley, encontró los componentes en la naturaleza. Se trata de una acacia que exuda una sustancia pegajosa por las grietas de su corteza. Esta goma es utilizada en la industria alimentaria como emulsionante y estabilizador. Debido a que tiene ácido urónico, es ideal para completar la composición con el óxido ocre, que es hierro.

Después de replicar la fórmula, Wandley y sus colegas hicieron pruebas de 'pegado' de varios utensilios, exactamente igual que los antepasados en la Edad de Piedra. Y funcionó en la mayoría de los casos con éxito.

"No tenemos todas las respuestas sobre la elección del rojo ocre para algunos de ellos componentes adhesivos prehistóricos. Podríamos decir que su contenido alto de hierro tiene relación con ello, pero también tiene desventajas. Habrá que seguir investigando", apuntan los investigadores sudafricanos.

En todo caso, recuerdan que se trata de lo que denominan 'pirotecnología', en la que hay que tener en cuenta numerosos factores, como la temperatura, la mezcla de componentes o la formación de carbones.

En definitiva, concluyen que los humanos de hace decenas de miles de años eran unos artesanos "con capacidad para pensar en términos abstractos acerca de las propiedades de las plantas y los productos naturales con óxido. Cualidades como el óxido, hidratación o sequedad son pensamientos complejos. Hacer el pegamento precisaba una capacidad operacional a múltiples niveles".

Fuente: Vía El Mundo / neanderthalis.blogspot.com