jueves, 20 de octubre de 2011

INAH descubre herramientas de 11 mil años en BCS

Artefacto. Este tipo de herramientas de piedra para corte y desgaste, fueron empleadas para trabajar fibras vegetales y madera. (Foto: Especial/INAH )

Investigadores del INAH descubrieron cientos de artefactos rudimentarios hechos por el hombre durante la época del Holoceno Temprano (11 mil a 8 mil años), hallazgo que además prueba la migración humana a América por vía costera, ya que las herramientas fueron encontradas en El Coyote, sitio ubicado en la región del Cabo, en Baja California Sur.

Los avances de esta investigación realizada desde hace tres años, fueron dados a conocer por los arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Isaac Aquino, director; y Leticia Barajas, jefa de campo, quienes anotaron que por la extensión de El Coyote, la cantidad de artefactos y la continuidad cronológica que ofrecen, su estudio y análisis "apoyará de manera sustancial los antecedentes de ocupaciones humanas tempranas y tardías en la península", que diversos investigadores de la región han venido planteando tiempo atrás, destacan en un comunicado del INAH.

Se señala que a partir del análisis de los materiales arqueológicos hallados, los especialistas identificaron una tecnología en el proceso de elaboración y aplicación de las herramientas de piedra y concha, igual a la que se ha encontrado en otros sitios de la región de El Cabo, y que tienen la misma temporalidad, entre los que destaca la Isla de Espíritu Santo, por lo que proponen que se trata del mismo grupo cultural aún no identificado, que bajó por la costa del Golfo de California desde la parte norte de la península hacia el sur, hasta incursionar en islas y ocupar una porción de esa región.

Isaac Aquino y Leticia Barajas detallaron que del periodo más antiguo descubrieron cientos de conchas de la especie Dosinia ponderosa, que fueron usadas por hombres primitivos como herramientas; se trata de un objeto recurrente en todos los puntos excavados, por lo cual estiman que dicho molusco fue de suma importancia para estos primeros pobladores.

Junto con las conchas se descubrió gran cantidad de herramientas de piedra para corte y desgaste (tajadores, percutores, cepillos, raspadores y cuchillos) cuya antigüedad es de 8 mil 600 y 9 mil 300 años, y fueron empleadas para trabajar fibras vegetales y madera, así como para abrir conchas y consumir moluscos.

También, descubrieron gran cantidad de conchas de madre perla (Pinctada mazatlánica), algunas cortadas y pulidas; y tres anzuelos elaborados con este material iguales a otros hallados por la arqueóloga Harumi Fujita en la Covacha Babisuri, en la Isla Espíritu Santo, fechados para los periodos Holoceno Temprano (11mil-8 mil años) y Holoceno Tardío (2 mil-300), con lo que Barajas y Aquino corroboran que la elaboración de estos artefactos para pescar en lo que hoy es la península de Baja California, data de hace 8 mil años.

Sobre el segundo lapso histórico, el periodo Holoceno Tardío (2 mil a 300 años), la mayor parte de utensilios fechados corresponde a diferentes tipos de artefactos bifaciales (instrumento de piedra tallado en sus dos caras); para esta época los especialistas observan un incremento en la manufactura tanto de estos utensilios, como de cuchillos y puntas de proyectil.

"El tipo de herramientas del periodo Holoceno Tardío también revela el grado de organización laboral alcanzado por los primeros habitantes de la península de Baja California, que les permitió montar entrampados para la caza de especies más difíciles de atrapar, como el delfín azul (Stenella coeruleoalba)" del cual se encontraron algunos huesos en los contextos arqueológicos de menor antigüedad y cuya captura marcó un cambio gradual en la explotación de especies marinas, mediante una organización de mayor complejidad.

A la fecha los especialistas del INAH han identificado 51 especies de fauna marina en los puntos explorados en El Coyote, representadas en bivalvos (moluscos con caparazones de dos conchas, como la almeja) y caracoles, además de vértebras de pescado y huesos de mamíferos, como el delfín y el lobo marino, así como restos óseos de fauna terrestre, como el venado, la liebre y diversos tipos de aves.

A decir de los arqueólogos, El Coyote pudo haber sido hace 9 mil años el centro de producción de herramientas de piedra para pesca, caza y consumo de alimentos, el más grande de toda la península de Baja California Sur; "aproximadamente en sus 100 hectáreas, cada 5 o 10 metros se encuentran evidencias de que el hombre trabajó la piedra durante el Holoceno".

Los especialistas señalaron que hasta el momento no se han encontrado esqueletos humanos por lo que es imposible saber a qué grupo étnico pertenecían los habitantes de El Coyote; sin embargo el arqueólogo Isaac Aquino explica que cuando llegaron los primeros exploradores españoles al Cabo, en el siglo XVI, esa región estaba habitada por el grupo pericué, etnia extinta actualmente.

El Coyote abarca alrededor de cien hectáreas, localizadas en la zona costera del Golfo de California o Mar de Cortés, en las cuales se encontraron cientos de herramientas de piedra, conchas y caracoles con huellas de haber sido manipuladas por el humano, como la almeja (Chama buddiana) "cuya dureza sólo permite abrirla al fuego", de la cual se hallaron ejemplares quemados; restos de animales marinos y terrestres que fueron consumidos, además de artefactos de pesca, de los que destacan tres anzuelos elaborados con conchas de madre perla (Pinctada mazatlánica).

Los milenarios objetos se encontraron en diversos puntos que los arqueólogos conocen como campamentos, algunos a cielo abierto (sin techo) y otros en el interior de cuevas; así como en espacios que eran ocupados como talleres primitivos para fabricar herramientas de piedra y concheros (áreas de desechos y consumo de moluscos) , mismos que indican el desarrollo de distintas actividades relacionadas entre sí, como la extracción de riolita (roca) y la fabricación de herramientas para la obtención de recursos terrestres y marinos.

Los materiales descubiertos también indican que los antecesores de los bajacalifornianos ya navegaban para esa época remota, mediante algún tipo de balsa sencilla, con la cual se desplazaba mar adentro para después sumergirse a distintas profundidades, toda vez que los restos de algunas de las especies marinas encontradas sólo se pueden obtener por medio de buceo.

Fuente: eluniversal.com.mx

martes, 18 de octubre de 2011

Notoriedad internacional para los neandertales de Triacastela


Para mediados del mes próximo está prevista la edición de un libro en inglés sobre las investigaciones de los yacimientos paleolíticos del sur lucense que coordina la Universidade de Santiago desde hace cinco años. La obra será publicada por la prestigiosa editorial británica British Archaeological Reports, lo que se le asegura una amplia difusión entre especialistas y aficionados de todo el mundo. Aunque todos los hallazgos realizados en la zona revisten gran interés, los responsables de este proyecto científico creen que uno de los aspectos que más llamará la atención de los lectores de esta obra es el yacimiento neandertal de Cova Eirós, en Triacastela, que ya destaca como uno de los más antiguos de la Península.

Según indica Arturo de Lombera, codirector de las excavaciones, las industrias neandertales de Cova Eirós -las más antiguas de las cuales tienen 118.000 años- superan ampliamente en antigüedad a la mayoría de los yacimientos de esa etapa de la provincia que se conocen en el territorio ibérico. «La mayor parte de los yacimientos neandertales de la Península tienen más o menos entre 70.000 y 40.000 años y son muy pocos los que cuentan con una antigüedad parecida o superior a la de Cova Eirós», explica. Una de estas pocas excepciones es el yacimiento de Lezetxiki, en Guipúzcoa, cuyos niveles más antiguos se han datado en unos 300.000 años, una época que se se corresponde ya a la transición entre el hombre de Neandertal y su presunto antecesor, el Homo heidelbergensis.

Etapas poco estudiadas

En cualquier caso, el yacimiento de Triacastela ayudará a cubrir importantes huecos en el estudio de la prehistoria peninsular, ya que está proporcionando una gran cantidad de materiales arqueológicos sobre unos períodos de los que todavía hay poca información. Un aspecto muy importante de estos hallazgos -añade De Lombera a este respecto- es que son relativamente fáciles de datar gracias a que el yacimiento se encuentra en el interior de una cueva y en unas buenas condiciones de conservación. «Entre los yacimientos del Paleolítico Medio antiguo no hay muchos que se puedan datar con precisión utilizando métodos radiométricos y eso le da un valor especial a Cova Eirós, porque así sí ha sido posible hacerlo», apunta el arqueólogo.


El interés que ofrece el yacimiento, además, se ve incrementado por el hecho de que por debajo de lo ya excavado hasta ahora quedan otros dos metros de sedimento que pueden encerrar materiales arqueológicos todavía más antiguos. Si fuese así, sería posible remontarse a los inicios del Paleolítico Medio o a finales del Paleolítico Superior. Todo hace pronosticar, por tanto, que la próxima publicación del libro en el que se darán a conocer internacionalmente estas investigaciones ayudará situar a Cova Eirós en la lista de los yacimientos neandertales más conocidos.

Fuente:lavozdegalicia.es

lunes, 17 de octubre de 2011

Domesticacion Del Perro, Mucho Antes De Lo Que Se Sabia.


Un equipo de investigadores ha descubierto los restos fósiles de tres perros del Paleolítico, uno de ellos con un hueso de mamut en la boca, que pudieron ser enterrados siguiendo un ritual típico de la época.

Los fósiles han sido descubiertos en la región de Predmostí, en la República Checa, según recoge la publicación Journal of Archaelogical Science.

Los científicos consideran que los tres animales fueron enterrados siguiendo un ritual y que un humano pudo colocar el hueso de mamut en la boca de uno de estos perros para que "estuviera alimentado y acompañara su alma y la de su dueño en su viaje después de la muerte".

Además, una vez fallecidos, los humanos retiraron el cerebro del cráneo de los perros, lo que puede implicar -según estos rituales- un significado asociado con la liberación de su espíritu.

Muchos pueblos indígenas de estas regiones europeas consideraban que la cabeza y el cerebro contenían el espíritu o el alma, así, los humanos hicieron un agujero en el cráneo del animal muerto para que el espíritu pudiera ser libre.

Otro de los aspectos que ha llamado la atención de los investigadores es que "los cráneos muestran signos claros de domesticación", asegura Mietje Germonpré, paleontóloga del Instituto Belga de Ciencias Naturales, en declaraciones recogidas por Discovery News.

Según la investigadora, los cráneos de estos ejemplares son significativamente más bajos que los de los fósiles que se han encontrado de lobos o de especies modernas de esta especie, e incluso poseen una estructura más ancha y un paladar diferente al de estos animales.

Bestias de carga

Los paleontólgos han señalado que eran animales grandes, que pesaban alrededor de 35 kilos, por lo que eran utilizados como bestias de carga para ayudar a los humanos en el transporte de huesos, carne o leña.

Sus cráneos, explica Germonpré, "son similares al de un Husky siberiano, aunque más grandes y pesados que los ejemplares que conocemos actualmente".

El estudio, explican los investigadores, es "muy convincente", y demuestra "claramente que el proceso de domesticación de los perros se llevó a cabo miles de años antes de lo previsto", considera Rob Losey, otro de los paleontólogos que ha participado en la investigación.

titulo original "Descubren un perro prehistórico con un hueso de mamut en la boca"
Fuente: rtve.es

martes, 27 de septiembre de 2011

Una valiosa cosecha paleolítica


Los investigadores de la Universidade de Santiago y del Institut Català de Paleoecologia Humana inician el estudio de los materiales recogidos en la campaña de excavaciones realizada entre agosto y septiembre en el yacimiento paleolítico de Cova Eirós (Triacastela), que ha proporcionado una gran cantidad de piezas. En estos trabajos se recogieron cerca de 1.400 registros arqueológicos, entre los que destaca de forma especial una azagaya o arma arrojadiza tallada en hueso y decorada con motivos geométricos, un hallazgo del que ya se informó a finales del mes pasado.

Según explica Arturo de Lombera, codirector de las excavaciones, los arqueólogos estiman en que esta valiosa pieza -la más notable de este tipo conocida hasta ahora en Galicia- pudo haber sido realizada en el Gravetiense, una etapa cultural del Paleolítico Superior que se desarrolló hace entre 29.000 y 22.000 años. Para confirmarlo será preciso realizar una datación radiométrica con el conocido método del carbono 14, que se llevará a cabo en los próximos meses. Las pruebas no se harán con la propia pieza, ya que eso supondría su destrucción, sino con alguno de los fósiles de animales encontrados en el mismo nivel arqueológico, que presumiblemente tienen la misma antigüedad.

De confirmarse esta adscripción, la azagaya encontrada este verano sería la segunda muestra de arte mueble gravetiense descubierta en Cova Eirós, ya que a este mismo período pertenece un colgante fabricado con un diente de zorro hallado en el yacimiento en el 2009, al que las dataciones radiométricas asignaron una antigüedad de 26.000 años. La aparición de objetos pertenecientes a la cultura gravetiense otorga un especial valor al yacimiento de Triacastela, ya que en Galicia no se conoce hasta ahora ningún otro lugar donde puedan hallarse rastros de este período cultural.

Estos descubrimientos tienen por otro lado gran interés para reconstruir la evolución del clima y del medio ambiente en el nororeste ibérico, puesto que el Gravetiense coincidió con una de las etapas más frías y áridas de la última glaciación.

Industrias en cuarzo

Otro de los hallazgos más interesantes de las últimas excavaciones consiste en una punta tallada en cuarzo con la llamada ténica Levallois, un sofisticado método de fabricación de herramientas líticas desarrollado por los hombres de Neandertal. Esta técnica se empleaba frecuentemente con materiales como el sílex o la cuarcita de grano fino, pero muy raras veces con el cuarzo, un mineral muy difícil de tallar debido a su especial estructura cristalina. Los responsables de la investigación señalan que, de hecho, son muy pocos los yacimientos paleolíticos que contienen herramientas de tipo Levalllois hechas con cuarzo, lo que confiere a Cova Eirós una nueva e importante peculiaridad.

El uso frecuente del cuarzo como materia prima ya ha sido señalado como una de las principales singularidades de los poblamientos neandertales de Cova Eirós, lo que se debe sin duda a la escasez en la zona de minerales mucho más fáciles de tallar. La aplicación del método Levallois a este material, en opinión de los arqueólogos, demuestra la gran pericia técnica que alcanzaron los habitantes de este territorio durante el Paleolítico Medio.

Fuente: lavozdegalicia.es

Mariscada en el Paleolítico


Las mariscadoras gallegas practican una de las actividades –quizás– con más historia del mundo. Y es que hace 150.000 años ya se mariscaba en España. Un equipo internacional de investigadores, con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha descubierto en la costa andaluza los vestigios más antiguos de consumo de marisco que se han encontrado hasta hoy. Aunque la actividad pudiera haberse extendido en otras zonas de la costa española, esta es por el momento la única evidencia científica.

"Consumieron mejillones", asegura uno de los investigadores, Francisco Jiménez, que hallaron quemadas las conchas de estos bivalvos en un estrato de la Cueva Bajondillo, ubicada en Torremolinos (Málaga). Este hecho sería un indicio de que los Homo neanderthalensis ibéricos comieron ese marisco hace 150.000 años. De algún modo, los homínidos de la época se plantearon romper e incluso cocinar estos animales.

El hallazgo de Málaga documenta el registro más antiguo de consumo moluscos por parte de neandertales descubierto. Los expertos sitúan la importancia del descubrimiento, enmarcado en el periodo del Paleolítico Medio, en que la práctica del marisqueo se considera como signo de inteligencia e incluso "define a los humanos modernos".

Hasta ahora, los investigadores creían que las prácticas más antiguas de marisqueo las había realizado el Homo sapiens, según los descubrimientos realizados en el yacimiento de Pinnacle Point (Sudáfrica). Se trata de un el estudio que ha sido publicado en PLoS ONE.

"Este descubrimiento no se queda en una cuestión de datación, ya que tiene importantes implicaciones para el conocimiento de la evolución humana", matiza el experto. "Muchos investigadores argumentan que el marisqueo es uno de los comportamientos que define a los humanos modernos y, en cierta medida, una ventaja adaptativa que permitió que el Homo sapiens se expandiera. Pero esta investigación demuestra que, en el mismo momento, los H. sapiens del sur de África y los H. neanderthalensis asentados en el sur de la Península Ibérica, aprovechaban estos recursos", destaca el investigador del CSIC.

El lugar en el que se realizaron las excavaciones cuenta con un registro compuesto por 19 estratos arqueológicos y donde se han documentado asentamientos del Paleolítico medio, el Paleolítico superior, el Epipaleolítico y el Neolítico. El trabajo, liderado por el profesor de la Universidad de Sevilla Miguel Cortés Sánchez, es fruto de una colaboración de investigadores portugueses, ingleses y japoneses. Para este trabajo de campo y su análisis posterior se han utilizado técnicas de análisis del registro arqueológico (polen, dataciones, tafonomía, microestratigrafía sedimentaria, análisis isotópicos, etc.).

Fuente: arodevigo.es

lunes, 12 de septiembre de 2011

Las enfermedades de Atapuerca


Diente de hominido de la Sima de los huesos de las excavaciones en Atapuerca. | José Ayma

Si se sabe cómo preguntarles, los huesos pueden contar muchas historias. Saben hablar de sus dueños; de cómo vivieron, cuando murieron e, incluso, qué enfermedades sufrieron, aunque haya pasado mucho tiempo desde su último suspiro.

En Atapuerca, algunas historias médicas han esperado más de un 500.000 para salir a la luz. Pero, gracias a la labor de científicos como Ana Gracia, investigadora de la Universidad de Alcalá de Henares, responsable de Conservación del Centro Mixto de la Universidad Complutense de Madrid y el Instituto de Salud Carlos III y cuya labor ha estado ligada a la excavación desde hace casi 25 años, hoy en día sirven para esbozar un estudio epidemiológico de los antiguos pobladores de la sierra burgalesa.

La mayoría de los datos de los que se disponen hacen referencia a enfermedades crónicas, explica Gracia, porque otros trastornos no dejan un registro en el hueso y son más difíciles de rastrear.

En la mayoría de los casos no hay signos de infecciones, ni de señales que indiquen cómo fue la muerte, pero aun así, las 'huellas del pasado' permiten saber mucho de lo que tuvieron que sufrir estos homínidos.

"Por ejemplo, en los dientes se aprecian marcas claras que indican una ralentización del crecimiento", señala Gracia. Según sus palabras, estas marcas son una referencia clara del momento del destete, una transición sin duda traumática para quien dejaba de disponer de un alimento diario y pasaba a depender de la comida que estuviera disponible para el grupo.

La gingivitis, o inflamación de las encías, también era un trastorno común entre los 'homo heidelbergensis' que habitaron Atapuerca hace alrededor de 500.000 años, según las investigaciones llevadas a cabo hasta la fecha.

Uno de los primeros trabajos que salieron de la conocida 'Sima de los Huesos' -hace ya más de 30 años- describía la existencia de molares con surcos e incluso pequeños agujeros. El trabajo demostraba que las marcas se debían al uso sistemático de un objeto cilíndrico, lo que podría ser el primero de los palillos. "Es una evidencia indirecta de la existencia de inflamación de las encías, de una gingivitis que estos individuos intentaban aliviarse con un objeto externo", explica Gracia.
Benjamina, Elvis y Miguelón

Sin duda, el caso que más a marcado a esta investigadora en sus años de experiencia es el de 'Benjamina', la dueña de un cráneo hallado en 2001 con graves alteraciones morfológicas.

El estudio de sus características permitió 'diagnosticar' su problema como 'craneosinostosis', una enfermedad catalogada hoy en día como rara que provoca un retraso psicomotor en quienes la sufren.

"El cráneo era de un individuo de 10 años, por lo que sabemos que había tenido que recibir cuidados para poder vivir hasta entonces", señala Gracia. "Esto es una evidencia de comportamiento altruista de la que carecíamos y que no existe en el mundo animal", subraya esta especialista, quien recuerda que el 'bautizo' de Benjamina no es casual, ya que significa "la más querida en hebreo".

La historia de 'Elvis' también apoya esa solidaridad familiar o grupal tan antigua. "Sabemos que para mantener una posición erecta tenía que usar algún tipo de apoyo porque la pelvis que se conserva presenta graves anomalías", indica la investigadora, que ahora trabaja con 'Miguelón', un individuo que parece haber tenido una vida especialmente azarosa.

"Le pasó de todo. Tenía un crecimiento anómalo del maxilar, accesos de pus, sarro, gingivitis. Presentaba una salud de la cavidad oral muy precaria y creemos que pudo morir de una septicemia", comenta Gracia, que no deja de encontrar nuevos retos en su trabajo.

El hallazgo de una mandíbula en la 'Sima de los elefantes' que podría tener 1.2000.000 años de antigüedad y cuya especie aún no se ha determinado esconde nuevos secretos a la espera de ser desvelados.

Según los restos, este individuo presentaba numerosas alteraciones en la mandíbula y problemas en el desarrollo de los dientes, pero los investigadores no han podido determinar si estos trastornos se deben a un defecto congénito o a otras circunstancias. "A ver si sale el esqueleto completo", señala Gracia, que está deseando escuchar la historia que tiene que contarle.

Fuente: elmundo.es

jueves, 8 de septiembre de 2011

El homínido que abrió el camino del género humano, el Australopithecus Sediba

Un equipo de paleontólogos presentó el año pasado los restos de una nueva especie de homínido, bautizada entonces como Australopithecus sediba, que presagiaba cambios en el árbol evolutivo del género humano. Se trataba de los fósiles de dos individuos, un niño y una mujer, que vivieron en Sudáfrica hace unos dos millones de años y que presentaban una combinación de rasgos primitivos, especialmente el cerebro pequeño, y rasgos modernos, como unas manos hábiles para asir y unas piernas que les permitían caminar erguidos. Ahora, cinco estudios publicados al unísono se atreven a proponer que A. sediba es un antepasado directo de los humanos. Como mínimo, dicen, es el mejor candidato de todas las especies descubiertas hasta ahora.

Los trabajos, que se han publicado en la revista Science, incluyen el análisis de la mano más completa de un homínido primitivo, una pelvis prácticamente intacta y huesos pocos habituales del pie y el tobillo. Los restos proceden de un yacimiento situado en las cuevas de Malapa, unos 50 kilómetros al norte de Johannesburgo. Desde el primer hallazgo en Malapa, que data de agosto del 2008, se han localizado 220 huesos de homínidos correspondientes a al menos cinco individuos, incluyendo un bebé.


Lee R. Berger, de la Universidad de Witwatersrand de Sudáfrica, muestra el cráneo del 'Australopithecus sediba'. Lee Berger | AP

Individuos de 30 kilos de peso

Los dos individuos analizados con profusión, el niño y la mujer, murieron en el mismo lugar y posiblemente de forma simultánea, por lo que los investigadores postulan que había algún vínculo familiar entre ellos. A su alrededor aparecieron restos de hienas, antílopes, serpientes y otros animales. Ambos medían 1,27 y pesaban unos 30 kilos, pero el niño tenía entre 10 y 13 años y aún no había concluido su crecimiento.

Los restos han sido datados por el equipo de Robyn Pickering, de la Universidad de Victoria en Melbourne (Australia), con dos sistemas diferentes (uranio-plomo y paleomagnetismo) que han arrojado unos resultados de una precisión sorprendente, exactamente 1,977 millones de años. Son, por tanto, ligeramente anteriores a los primeros representantes del género Homo, concretamente unos fósiles de Homo habilis a los que se les ha calculado una antigüedad de 1,9 millones.
¿Antepasado directo de 'Homo erectus'?

El descubridor de los huesos, Lee Berger, de la Universidad de Witwatersrand en Johannesburgo, sostiene que la mayor antigüedad del Australopithecus sediba aumenta la posibilidad de la existencia de un linaje separado y más antiguo del que podría haber evolucionado el Homo erectus, nuestro incontestable antepasado, en lugar de la hipótesis más habitual del Homo habilis El bautizo de la especie es muy adecuado si se tiene en cuenta que sediba significa manantial en lengua sesotho.

En el sincrotrón de Grenoble


El esqueleto de la mano derecha del 'Australopithecus sediba' comparada con la de un humano. Peter Schmid | AP

Los análisis, que han incluido un estudio con el sincrotrón de Grenoble (Francia), muestran que el cráneo de A. sediba es mucho más pequeño que el del hombre actual. Concretamente, mide unos 420 centímetros cúbicos, casi como un chimpancé, muy lejos de nuestros 1.300-1.500. Sin embargo, tiene una morfología parecida, "con signos de reorganización neuronal en la región orbitofrontal, justo detrás de los ojos", escriben los investigadores en Science.

Según los paleontólogos, A. sediba pone en duda alguno de los dogmas más conocidos sobre la evolución humana, especialmente que la pelvis evolucionó en respuesta a un mayor tamaño del cerebro y que la fabricación de herramientas precisa de una capacidad craneal muy superior.

La mano de la mujer, según un análisis del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Leipzig (Alemania), tenía una fuerte capacidad de prensión, posiblemente porque trepaba por los árboles con asiduidad, pero al mismo tiempo su largo pulgar y los otros dedos cortos sugieren que podía asir los objetos con precisión. Si realmente pudo fabricar herramientas de piedra, lo habría hecho antes que el Homo habilis.

Mosaico de rasgos

Además de trepar, el análisis de los pies y los tobillos muestra que estos singulares australopitecos también podían caminar de forma bípeda. El tobillo recuerdo al de los humanos, pero la espinilla y el talón son los típicos de un simio. "Si los huesos no hubieran aparecido juntos, los podríamos haber considerado de dos especies diferentes", comenta Bernhad Zipfel, de la Universidad de Witwatersrand.

Fuente: elperiodico.com