lunes, 16 de enero de 2012

Hallazgo de fósil en Europa postula que evolución humana no ocurrió sólo en Africa

Diente de 7 millones de años revela que homínidos no se extinguieron en Europa hace 9 millones.

Un grupo internacional de científicos de Alemania, Bulgaria y Francia descubrieron en la ciudad búlgara de Chirpan un premolar que correspondería a un antepasado del hombre que habitó Europa hace siete millones de años. Un hallazgo que revela que los homínidos sobrevivieron dos millones de años más en Europa de lo que postulan las actuales teorías, lo que obliga a revisar los consensos sobre la evolución humana en este continente y en Africa.

Según los investigadores, que publican su descubrimiento en el Journal of Human Evolution, la data del diente convierte a este fósil en el más reciente hallado hasta ahora de un primate prehumano en el viejo continente. Un sitial que hasta hoy tenía el mono macedoniensis Ouranopithecus de 9,2 millones, hallado en Grecia.

Fuera de Africa

Hasta ahora, la evidencia científica apuntaba a que los homínidos que existieron en Europa murieron y se extinguieron hace unos nueve millones de años, debido a las cambiantes condiciones climáticas y ambientales que afectaron entonces a este continente, que pasó de tener frondosos bosques de hoja perenne a un clima más del tipo sabana estacional. Eso redujo drásticamente los frutos, alimento fundamental para la sobrevivencia de nuestros antepasados. Esa tesis, más múltiples registros fósiles y de ADN, avalan la teoría de que la evolución humana ocurrió exclusivamente en Africa, desde donde salieron los hombres modernos para poblar el resto del mundo.

Pero Madelaine Böhme, una de las coautoras del trabajo y profesora de antropología en la Universidad de Tubinga, dice que este hallazgo representa una de las primeras evidencias de que los homínidos que vivían fuera de Africa hace siete a nueve millones de años, pudieron contribuir a la evolución de los humanos modernos (Homo sapiens). ¿Cómo? Según explicó a Deutsche Welle, los análisis al diente encontrado muestran que el individuo al que perteneció comió pasto, semillas y nueces, es decir, que lejos de desaparecer, estos homínidos lograron adaptarse de manera eficiente al nuevo ecosistema que les tocó vivir.

Esa sobrevivencia -hasta ahora desconocida- podría llenar un vacío en el registro fósil en Africa que tiene escasos datos entre siete millones y 10 millones de años y de paso dar pie para postular que estos homínidos europeos vivieron en el viejo contienente en ese período y luego pudieron emigrar a Africa. "Ahora también es necesario replantear la ubicación del origen de los seres humanos", dijo Böhme.

De hecho, el mismo tipo de alimentos que comía el homínido de Bulgaria se asocia con homínidos posteriores de Africa, como el australopithecus, que data de aproximadamente cuatro millones de años. "Estos eran los hábitos alimenticios para la supervivencia en un ambiente tipo sabana", dice la experta.

Otro dato: junto al diente del homínido, los científicos encontraron restos de animales típicos de la sabana: varias especies de elefantes, jirafas, gacelas, antílopes, rinocerontes y tigres dientes de sable.

"Hasta ahora, la mayoría de los científicos cree que la evolución humana ocurrió exclusivamente en Africa y que los humanos emigraron de Africa a otros continentes. Pero hay una creciente evidencia, sin embargo, de que una parte significativa de la evolución humana ocurrió fuera de Africa, en Europa y Asia occidental", dice.

Fuente: latercera.cl

martes, 10 de enero de 2012

Secuencian por primera vez el ADN mitocondrial de un neandertal "catalán"

Fotografía facilitada por la Comunidad de Madrid de los restos humanos -cuatro dientes de leche- del que sería el primer menor neandertal descubierto en la Comunidad de Madrid, en las excavaciones de los yacimientos del Calvero de la Higuera, en el municipio de Pinilla del Valle, que han sido presentados por investigadores españoles. EFE/Archivo


Un equipo de investigadores arqueólogos de la Universidad de Barcelona (UB) han conseguido secuenciar por primera vez el ADN mitocondrial de un neandertal encontrado en la cueva del Gegant de Sitges (Barcelona).

Un equipo de investigadores arqueólogos de la Universidad de Barcelona (UB) han conseguido secuenciar por primera vez el ADN mitocondrial de un neandertal encontrado en la cueva del Gegant de Sitges (Barcelona).

Joan Daura y Montserrat Sanz, miembros del Seminario de Estudios e Investigaciones Prehistóricas (SERP) han determinado 52 pares de bases de la secuencia genética de la denominada mandíbula de Sitges, fósil que han podido identificar genéticamente como neandertal, lo que corrobora los análisis antropológicos realizados anteriormente, ha informado la UB.

Los responsables de la investigación señalan que esta secuenciación supone una aportación a futuros trabajos sobre la evolución de estas poblaciones del pleistoceno.

En Cataluña, los restos humanos anteriores al homo sapiens son muy escasos, ya que de hecho, se reducen a tres: la mandíbula de Sitges (objeto de la investigación del SERP), la mandíbula de Banyoles y el diente humano de la cueva de Mollet (Serinyà).

Y es el primero de estos restos el que ahora ha sido posible secuenciar una parte de su ADN mitocondrial.

Los resultados de esta investigación se han publicado en la revista Vertebrate Paleobiology and Paleoanthropology, en un monográfico especial sobre la conmemoración de los 150 años de estudio sobre los neandertales.

El fragmento de ADN analizado presenta las características genéticas comunes a otros fósiles de neandertal encontrados en varios lugares.

Los investigadores creen que estos estudios de ADN pueden ser útiles en el futuro para estudiar y clasificar restos de fósiles, sobre todo cuando no se conserven las partes necesarias para realizar análisis anatómicos que permitan clasificarlos y datarlos.

Además, la secuenciación de este fragmento de ADN de la cueva del Gegant puede contribuir en estudios posteriores sobre los procesos evolutivos de las poblaciones neandertales mediante la comparación con otros restos de varios lugares geográficos cuyo ADN se haya secuenciado.

Los arqueólogos Montserrat Sanz y Joan Daura encontraron la mandíbula de Sitges en 2005 en el Archivo Histórico de Sitges, un hallazgo que procedía de las excavaciones que había llevado a cabo mosén Santiago Casanova en los años 50 del siglo XX.

Se trataba de un fósil de 52.300 años de antigüedad y que al parecer correspondía al neandertal más moderno encontrado hasta ahora en Cataluña.

Actualmente, la cueva del Gegant, donde se halló la mandíbula, está al nivel del mar, pero en la época en la que los neandertales la ocuparon el mar estaba 80 metros por debajo del nivel actual a causa de la glaciación.

Eso significa que delante de la cueva se extendía una llanura que la separaba del mar unos 20 kilómetros aproximadamente, por lo que los investigadores apuntaban que esta llanura constituía el espacio de caza por excelencia de sus habitantes.

Montserrat Sanz y Joan Daura son los directores del Grupo de Investigación del Cuaternario integrado en el SERP y del proyecto de investigación Humanos, carnívoros y medio natural durante el pleistoceno en el macizo del Garraf, dedicado a determinar cuándo vivieron los neandertales en la costa sur de Barcelona.

También están trabajando en yacimientos como ahora la cueva del Rinoceront (Castelldefels), Canyars (Gavà), la cueva del Coll Verdaguer (Cervelló) o las dolinas de Les Alzines (Begues), donde han hallado abundantes restos de fauna correspondientes a la época de la última glaciación: mamuts, osos pardos, rinocerontes, linces, caballos, panteras, tortugas, grandes bóvidos, así como restos líticos que demuestran que los neandertales poblaron esta zona.

El SERP, dirigido por el catedrático Josep M. Fullola, es un grupo de investigación en el campo de la prehistoria vinculado a la cátedra de Prehistoria del Departamento de Prehistoria, Historia Antigua y Arqueología de la UB.

En este trabajo, han participado expertos antropólogos como J. L. Arsuaga, L. Dalén y A. Götherström (Universidad Complutense de Madrid-Instituto de Salud Carlos III), R. Quam (Museo Americano de Historia Natural) y E. Subirà (Universidad Autónoma de Bellaterra).

Fuente:noticias.lainformacion.com

«Nuestro cerebro es una herramienta social»

Juan Luis Arsuaga recuerda que somos «la consecuencia del juego de especies» y que la clave de nuestro éxito es que «hemos desarrollado sociedades muy complejas»

Juan Luis Arsuaga posa delante de un panel de la exposición 'La aventura de la Prehistoria en Gipuzkoa', en el Museo San Telmo, en San Sebastián./ Lobo Altuna


Juan Luis Arsuaga todavía se emociona cuando en una excavación desentierra un hueso. La última vez fue el pasado verano, con los dientes de leche de una niña neandertal. «Si, en el yacimiento en que estoy, sale un diente de rinoceronte, me pongo como una moto», dice el codirector de Atapuerca. Hace unos días, abrió en San Sebastián las XII Jornadas de Arqueología de Aranzadi, sociedad a la que se unió en su época de estudiante en Bilbao.

-¿Cómo le explicaría a un niño de dónde venimos?

-¿Puedo contar un chiste?

-Sí.

Un niño le pregunta a su padre: «¿De dónde venimos?». El padre le dice: «Al principio, eramos monos y estábamos en África. Vivíamos en los árboles, pero bajamos para vivir en la sabana. Luego, salimos de África y fuimos a Atapuerca. Después, inventamos la agricultura y la ganadería, empezamos a construir casas y todo lo demás...». Entonces, el niño le hace la misma pregunta a su madre, que le dice: «Dios nos creó en el Paraíso y vivíamos allí; pero hubo un problema con una manzana, fuimos expulsados y nos repartimos por el mundo». El niño responde: «Ama, vamos a ver... Aita me ha contado una historia completamente diferente: éramos monos, vivíamos en África, bajamos de los árboles... ». Y la madre le dice: «Mira, hijo, es que tu padre te ha contado la historia de su familia».

-Ja, ja, ja... La de la familia paterna es la historia real.

-Sí, es el relato científico, la historia real. La ciencia se ocupa de averiguar cómo funciona el mundo, de dar explicaciones naturales a lo que pasa en el mundo material.

-¿Cómo casa eso con la pretensión de que un descendiente de esos monos que bajaron del árbol recibió una especie de chispazo divino para convertirse en lo que somos, que es lo que mantiene la Iglesia católica?

-No está mal. Es un avance. Hasta hace no mucho, el relato creacionista decía que Dios había creado las especies tal como son ahora, que eran inmutables. Si ahora el relato religioso admite que ha habido una evolución, y que Dios ha intervenido en algo que es inmaterial y no ha afectado a la biología, estamos ante un creacionismo muy ilustrado.

-Sigue siendo creacionismo.

-Sí, pero, por lo menos, no niega la evidencia. A partir del hecho de que la Tierra es un planeta que gira alrededor de una estrella que está un brazo de una galaxia que es una de tantas, hay gente que quiere ver una trascendencia. Hay quien defiende, por ejemplo, no que la divinidad interviene en la Historia, sino que crea el orden, las propiedades de la materia...

Parientes lejanos

-El linaje de los homínidos es amplio. ¿Por qué hemos sido nosotros los supervivientes?

-Estamos aquí por lo mismo que están los leones y no los esmilodontes, los elefantes y no los mamuts... Somos consecuencia del juego de especies en la biosfera. Lo que tiene la historia es que, cuando se produce un acontecimiento, éste condiciona el futuro. Si se extingue una especie, esa vía se cierra y, a lo mejor, la que sobrevive tiene la posibilidad de crear algo nuevo.

-¿Cuándo situaríamos a nuestro primer antepasado homínido?

-El otro día leí a un paleontólogo una cosa que tiene bastante gracia y que me parece muy acertada. Decía: «La pregunta de cuándo pasamos de ser monos a humanos carece de sentido. Nosotros siempre estuvimos allí». Es cierto: siempre hemos estado ahí.

-Pero hay un momento en el que el mono de la familia paterna baja del árbol.

-Sí, hay un momento en que se separan la línea de los chimpancés y la humana. Eso ocurre entre hace 6 y 7 millones de años en África. Es lo que dice la genética combinada con los fósiles.

-¿Eran bípedos aquellos primeros homínidos?

-Los australopitecos son bídepos; eso está claro. Conocemos bien nuestra historia a partir de los australopitecos, que vivieron entre hace 4,2 y 1,9 millones de años. Antes de ellos, hay una serie de fósiles -"Sahelanthropus", "Orrorin" y "Ardipithecus"- que tienen muy poquito de humanos. De ser bípedos, lo serían ocasionalmente. Son my primitivos. Es lo normal. Los primeros homínidos no tenían que ser muy diferentes del último antepasado común con el chimpancé. -Lucy, que vivió hace 3,2 millones de años y es una australopiteco, era ya bípeda.

-Bípeda obligada: no tenía otro sistema de desplazarse.

-¿Sigue sintiendo algo especial por Lucy?

-Desde 1974, se han descubierto otros fósiles; pero yo suelo recordar eso tan fino que dicen los franceses: «Siempre se vuelve al primer amor». Lucy fue mi primer amor. La examiné para mi tesis. Una día, estaba en Addis Abeba viéndola, era tarde y no había terminado. Los del museo se iban, me dejaron que siguiera y cerrara yo, pero antes me dijeron: «No la lleves tarde a casa».

-¿En qué momento podemos hablar de humanos?

-Hace unos 2 millones de años.

-¿Por qué?

-Aparece "Homo", nuestro género. Seguramente, surge antes, pero no tenemos fósiles. Aunque los australopitecos ya tienen herramientas varios cientos de miles de años antes, "Homo" empieza a parecer otra cosa... Algunos "Homo" son altos y tienen ya un cerebro mucho más grande; otros no.

-¿A qué lo achaca?

-Es nuestro rollo. Desarrollar el cerebro no es, en principio, ninguna garantía de éxito. Los osos, por ejemplo, hibernan. Ése es su rollo. Durante el invierno, ser oso es un trabajo muy difícil porque no hay nada que comer. Entonces, la evolución ha favorecido a los que se pasan el invierno durmiendo. De hecho, hasta hace bastante poco tiempo, había en la Tierra más osos que humanos. Si un extraterrestre hubiera venido entonces, hubiera concluido que ser oso es lo que funciona.

Hombres y hormigas

-¿Pero cuál podría ser la causa de ese desarrollo cerebral que nos diferencia?

-Pues la misma que cualquier otra especialización, que los individuos que la desarrollan tienen éxito, más hijos... Cuando al biólogo inglés John Haldane le preguntaban por Dios, respondía: «De Dios, solo sé una cosa: que le encantan los coleópteros -los escarabajos- porque es el grupo animal con más especies». Yo creo que nuestro cerebro es, básicamente, una herramienta social. La clave de nuestro éxito no es que seamos listos en el sentido ecológico del término, sino que hemos desarrollado sociedades muy complejas.

-¿La clave es el grupo?

-El grupo, la red social.

-Entonces, Internet nos refuerza.

-Sí, claro. Solamente nosotros podíamos crear una cosa así. Ése es nuestro trabajo. El naturalista Edward Wilson dice, y tiene razón, que hay dos especies animales que son los reyes del planeta: en el mundo de lo grande, los humanos; en el de lo pequeño, las hormigas. La biomasa de las hormigas supera la biomasa humana. Wilson destaca que es muy curioso que, en lo pequeño y en lo grande, hayamos triunfado dos especies con sociedades muy complejas, y -esto hay también que tenerlo en cuenta- las hormigas no conocen la palabra paz, están en guerra permanente, como nosotros.

-¿Cuándo alcanzamos la autoconciencia, empezamos a pensar en nosotros?

-¡Eso me gustaría saber a mí! Es muy difícil contestar esa pregunta porque, de momento, no se sabe qué es lo que hace que tengamos conciencia del yo. Somos capaces de imaginarnos situaciones y experimentar cómo nos sentiremos, por ejemplo, si vamos de vacaciones al monte sin haber ido todavía. Ves cómo te sientes si vas. Lo experimentas por adelantado. Te proyectas al futuro. ¡Eso es muy fuerte! ¡Es la leche!

-¿Somos los únicos?

-Sí. Somos los únicos que planificamos.

-¿Los neandertales no tenían esa capacidad?

-Sí, yo creo que sí. Es una cuestión de debate. Yo diría que los restos arqueológicos apuntan a que los neandertales planificaban, pero habría que probarlo científicamente.
Fuente: ciencia.elcorreo.com

viernes, 30 de diciembre de 2011

Yacimiento de Irikaitz: solo apto para los más tenaces

El verano pasado, un colgante encontrado en el yacimiento de Irikaitz en Zestoa (Gipuzkoa) dio mucho que hablar: podría tener 25.000 años, el más antiguo encontrado en unas excavaciones de la Península Ibérica al aire libre. Esta piedra tiene nueve centímetros de largo y un agujero para colgarla del cuello, aunque parece que, más que como adorno, se utilizaba para afilar herramientas. El descubrimiento tuvo una gran repercusión, pero no es, ni por asomo, lo único encontrado aquí últimamente por el equipo dirigido por Álvaro Arrizabalaga: “Casi todos los años aparece alguna pieza arqueológica de gran calidad. A veces, incluso unas 8 ó 10. Es un lugar muy fructífero”.

Irikaitz se encuentra detrás del balneario de Zestoa, en el lado opuesto del río Urola, a 14 metros de su orilla. Este arqueólogo de la UPV/EHU realiza excavaciones aquí verano tras verano, junto a estudiantes e investigadores de esta y otras universidades, y en colaboración con la Sociedad de Ciencias Aranzadi. Desde 1998 hasta hoy, han cubierto 32 metros cuadrados; nada comparado con las ocho hectáreas que como mínimo ocupa este yacimiento al aire libre “gigante”. Así es la arqueología. Requiere de mucha paciencia, pero los resultados lo merecen: “Sientes que encuentras algo que ha estado esperando tus manos durante 200.000 años”.

Las labores en un yacimiento ya son complejas y largas de por sí, pero Irikaiz se lleva la palma. Para empezar, porque está al aire libre. En el caso de las cuevas, bien es sabido que servían de refugio para nuestros ancestros, y que una vez identificado el lugar, es muy posible encontrar tesoros arqueológicos. En cambio, los yacimientos al aire libre se descubren de pura “chiripa” (cuando se hacen obras para construir alguna infraestructura), y es difícil predecir lo que va a haber allí. Además, en este de Zestoa hay restos del Paleolítico Inferior, cuando apenas hay referencias de esta época en el País Vasco. Según afirma Arrizabalaga, cuando comenzaron “la quiniela estaba abierta. No sabíamos nada ni sobre la cronología, ni sobre el tipo de restos”.

Precisamente por esta falta de referencias, se quedaron fascinados cuando se toparon allí con materias primas “totalmente exóticas”: piedras volcánicas. “En la primera campaña, pensamos que tal vez alguien trajo las piedras cuando se estaba haciendo el ferrocarril del Urola, para usarlas de balasto. Todo era muy sorprendente e increíble”, dice el arqueólogo. Pero no, este hecho tiene otra explicación lógica: “Es una rareza geológica. En la cuenca del alto Urola hay una capa que contiene piedras volcánicas; el río la cortó, las sacó a la superficie y las trajo hasta aquí. Por eso vinieron los seres humanos de la prehistoria; no había piedras como las de aquí en ningún otro lugar del País Vasco”.

El hecho de que los restos sean tan antiguos o las características de los materiales tan peculiares dificultan mucho la datación en Irikaitz, ya que la mayoría de los métodos utilizados habitualmente para este fin no sirven aquí. Claro ejemplo de ello es que han tenido que olvidarse de cualquier tipo de datación relacionada con huesos, ya que, al contrario que en otros lugares, aquí apenas hay restos óseos: la tierra es tan ácida que los ha hecho añicos, dejando tan sólo las herramientas de piedra y los fósiles botánicos.

Así pues, hay pocos medios para datar ciertos restos. Hubo dos periodos de ocupación en Irikaitz. El más reciente, hace 25.000 años, de cuando es el colgante descubierto este verano. Pero es la ocupación más antigua la que da quebraderos de cabeza a la hora de datarla: se trata del Paleolítico Inferior, ¿pero de cuándo, exactamente? Apenas hay yacimientos que se le parezcan, para poder utilizarlos como referencia. Tal y como explica este arqueólogo, “no hay ningún otro caso de Paleolítico Inferior bajo estas condiciones en la cornisa cantábrica, y en la Península Ibérica, no demasiados”. Les está siendo imposible reducir un amplísimo intervalo de 350.000 años: “Sabemos que no puede ser posterior a hace 150.000 años (momento en el que acabó dicho periodo), y tampoco anterior a hace 500.000 años, porque el mar llegaba hasta aquí”.

Por lo tanto, de los 18-20 métodos de datación existentes en el mercado en la actualidad, no hay más que un par aplicables a Irikaitz. Ambos tienen que ver con la luminiscencia, hilo del que trata de tirar el equipo de Arrizabalaga. El primer método sirve para especificar cuándo ha iluminado el sol una pieza de cuarzo por última vez; sin embargo, no ha dado los resultados esperados. El segundo se basa en la termoluminiscencia, método con el que trabajan ahora: se aplica a ciertos tipos de piedras que han sido calentadas por el fuego, y la medición se realiza en función de la radiación acumulada.

Desde 1998, más de 500 personas han hecho trabajo de campo en el yacimiento de Irikaitz; ni qué decir de aquellas que han contribuido desde el laboratorio. Se trata de un amplio grupo de investigadores que ha trabajado tenazmente en busca de cualquier resultado, por pequeño que sea; muchos de ellos pertenecen a la UPV/EHU, al igual que Arrizabalaga. Y aunque los frutos se recogen muy poco a poco, ahí tienen su premio: “Si Googleas Irikaitz, ya aparecen unas 7.000 entradas. Empezamos a excavar en 1998, y ya en 2001, el yacimiento fue mencionado en una referencia no escrita por nosotros, en relación a la historia de la vertiente cantábrica”. (Fuente: UPV/EHU)

Fuente: noticiasdelaciencia.com

viernes, 23 de diciembre de 2011

El timo de Piltdown: Las cuatro decadas del engaño más grande de la paleoantropología


Durante cuarenta años fue la joya de la corona del londinense Museo de Historia Natural y quienes hasta él se acercaban creían contemplar al eslabón perdido, ese que habría marcado, siguiendo postulados darwinistas, el salto cualitativo entre el hombre y el mono.

Y era hombre, sí, y también simio. En concreto mitad -su cráneo- hombre, mitad -su mandíbula- orangután. Una genial falsificación que convirtió al Hombre de Piltdown en el timo de Piltdown.

Hace 58 años que el engaño salió oficialmente a la luz, pero el pub que en 1938 abrió sus puertas con el mismo nombre -Piltdown Man- que hizo célebre al pequeño pueblo al este de Sussex sigue homenajeando al hombre primitivo que no fue y, junto a él, a todos los que, de forma consciente o inconsciente, participaron en el engaño. Y no es para menos. Ellos hicieron que, durante cuarenta años, la cuna de la civilización estuviera allí, en su querido Piltdown.

Todo comenzó en 1908. El arqueólogo aficionado Charles Dawson aseguró haber recibido un fragmento de cráneo encontrado en una cantera de Piltdown.

Cuatro años -y muchas excavaciones y estudios- después, en 1912, el propio Dawson y el eminente paleontólogo del Museo Británico Smith Woodward presentaban ante la Sociedad Geológica de Londres el hallazgo: el cráneo que representaba el eslabón perdido. Un gran cerebro en una calavera aparentemente humana pero con rasgos simiescos.

Aunque los primeros escépticos -el paleontólogo francés Marcellin Boule y el británico David Waterson- aparecieron casi de forma paralela al Hombre de Piltdown y señalaron la combinación de dos especies -humano y simio-, el recién llegado Eoanthropus dawsonii (en memoria de su descubridor), convenció a suficientes miembros de la comunidad científica como para ser estudiado y expuesto en el Museo de Historia.

Quizá tratando de refrendar su descubrimiento, Dawson aseguró en 1915 haber encontrado otro yacimiento con restos similares a unas dos millas de Piltdown. Si era cierto o no nunca se sabrá porque Dawson murió en 1916, ajeno a las sorpresas que su criatura habría de dar más tarde.
Tampoco pudo presenciar Dawson el homenaje que los arqueólogos británicos le rindieron en 1938 y del que todavía se conserva el monolito que señala el lugar en el que ‘nació’ el primer hombre.

Entre homenajes e interrogantes llegamos a 1953. Aquel año el Museo se vio obligado a reconocer lo que muchos habían asegurado años atrás y que la revista Time publicaba ya como una certeza: el hombre de Piltdown no era más que la unión de un cráneo humano de la época medieval con una mandíbula de orangután y el diente fósil de un chimpancé.

Un baúl en el ático

Su creador había limado las partes del diente que evidenciaban su procedencia simiesca para conferir un toque humano al engaño y había utilizado un tinte para lograr el color ferruginoso de la muestra que hizo pensar a los científicos en una antigüedad superior a la real. Les habían colado un gol. Pero ¿quién?

Las primeras teorías apuntaron directamente al propio Dawson, y no solo porque estuviera muerto y, por tanto, sin capacidad de réplica, sino porque al parecer no era la primera vez que hacía trampas, y así lo prueba el estudio detallado de su currículum, que más tarde hizo el arqueólogo de la Universidad de Bournemouth, Miles Russell.

¿Fue Dawson el malo o fue víctima de una trampa?, ¿actuó solo o tuvo cómplices?... Demasiadas preguntas como para contentarse con un solo culpable. Así que se buscaron más. ¿Por qué no Grafton Elliot Smith, un anatomista australiano que anhelaba el cargo de Woodward en el Museo? También pudo ser William Sollas, un catedrático de Geología que envidiaba profesionalmente a Woodward, o el sacerdote Teilhard de Chardin, un jesuita experto en antropología que participó en las excavaciones. ¿Y por qué no Hinton, uno de los conservadores del Museo en la sección de Zoología? Posible teniendo en cuenta que en el ático del Museo se encontró un baúl con las iniciales de Hinton y en él materiales teñidos exactamente igual que los restos de Piltdown.

¿Y si el encargado de fabricar el engaño no hubiera sido otro que un hombre amante de la aventura, del misterio y de la naturaleza, con una imaginación a prueba de balas y con motivos -cierta desavenencia con la clase científica- para alegrarse de un fracaso tan sonado? Pues sí, el creador de Sherlock Holmes y de El mundo perdido, Arthur Conan Doyle, también fue acusado de haber perpetrado el ‘crimen de Piltdown’.

Pasado el tiempo, lo único que queda es el hombre que no fue, al que el Museo de Historia no dudó en exhibir en noviembre de 2003, cuando se cumplían 50 años de su descubrimiento. Solo él podría decir quién lo trajo al mundo. Pero los esqueletos -de chimpancé, de humano o de orangután- no hablan. “Elemental”, diría Conan Doyle.


Titulo original: El timo de Piltdown: el engaño más sonado de la paleoantropología

Fuente:intereconomia.com

viernes, 9 de diciembre de 2011

'Colchones' con repelente de insectos de hace 77.000 años

Fragmento del colchón vegetal fosilizado de la Media Edad de Piedra. | 'Science'

Un equipo internacional de arqueólogos ha descubierto en un asentamiento de la Edad de Piedra, a unos 40 kilómetros de la ciudad sudafricana de Durban, lo que parece ser la evidencia más antigua de un colchón, que fue hecho por los humanos modernos que habitaron en la cueva hace 77.000 años.

El lecho, según publican los investigadores esta semana en la revista 'Science', estuvo hecho con plantas que se caracterizan porque ayudan a repeler los insectos, lo que indicaría que aquellos primitivos 'Homo sapiens' de África del sur ya tenían comportamientos muy modernos.

Los investigadores, dirigidos por Lyn Wadley, de la Universidad del Witwatersrand (Johannesburgo) encontraron los restos en las excavaciones que, desde 1998, llevan a cabo en el abrigo rocoso de Sibudu, a unos 15 kilómetros del Océano Índico. Había, al menos, 15 capas diferentes con 'colchones' realizados prensando plantas, superpuestas en el lugar hace entre 77.000 y 38.000 años.

Para elaborarlo, aquellos 'sapiens' fueron amontonando capas de pocos centímetros con semillas, hojas de juncias y juncos, que se extendían desde uno a tres metros cuadrados. Incluso se han podido diferenciar los diferentes tipos de especies vegetales utilizadas. Las hojas, según la botánica Marion Bamford, son mayoritariamente de un árbol de la especie 'Cryptocarya woodii', que en su composición tiene sustancias insecticidas.

Yaciemiento de Sibudi, en Sudáfrica, durante la última campaña de excacavaciones. | 'Science

"El hecho de que las seleccionaran indica que aquellos habitantes primitivos de Sibudu ya conocían las aplicaciones medicinales de plantas de su entorno. Esas medicinas naturales les dieron ventaja en cuanto a la salud humana. Usar repelentes de insectos nos da una nueva dimensión del comportamiento humano primitivo", ha declarado.

Se cree que las juncias fueron recogidas de un río que pasaba ya entonces cerca del refugio, el uThongathi River. Wadley apunta que, aunque el lecho no se usara para dormir, si era una superficie mucho más cómoda para vivir y trabajar que el duro suelo.

El análisis microscópico ha revelado también que el lecho fue restaurado en varias ocasiones y que hace 73.000 años lo quemaban, de cuando en cuando, presumiblemente para acabar con plagas de insectos y con la suciedad que se acumulaba. "Lo quemaban para eliminar parásitos, lo que supone un nuevo uso del fuego por parte de la especie humana", destacan los arqueólogos. De hecho, el lecho está en el mismo nivel que restos de hogueras y montones de ceniza.

A partir de hace 58.000 años, el número de 'colchones', hogueras y de montones de ceniza es mucho mayor, lo que se interpreta como un aumento del número de habitantes en el refugio y en general en África.

Los arqueólogos recuerdan que hace unos 50.000 años, los seres humanos modernos comenzaron a salir del continente, si bien últimos hallazgos los sitúan en la Península Arábiga miles de años antes.

En todo caso, este hallazgo adelanta hasta 50.000 años la fabricación de las primeras esteras para dormir y en el lugar donde se han descubierto otros de gran importancia, como las conchas marinas perforadas, huesos afilados en punta, utilizados para la caza, e incluso algunas evidencias del posible uso de arcos y flechas, trampas y pegamento para las herramientas. En Ciudad del Cabo, no muy lejos, también se encontró lo que sería el primer taller de arte de la Humanidad, como se ha publicado recientemente.

Contacte con el autor del artículo vía Twitter. @Rosa M. Tristan

Fuente: www.elmundo.es

La vida en la prehistoria, más accesible

Excavaciones en el yacimiento bugalés de Atapuerca

Nuevo descubrimiento en el entorno de la sierra burgalesa de Atapuerca que a buen seguro aportará numerosos e importantes datos sobre nuestros antepasados y sobre la evolución humana. Y es que, acaban de localizar hasta 180 yacimientos prehistóricos que permitirán seguir avanzando profundamente en el conocimiento del ser humano. No ha sido flor de un día, sino un arduo trabajo de prospección durante los últimos siete años, del que ahora se empiezan a recoger sus frutos.

Una idea que surgió al ver la gran cantidad de ocupaciones de homínidos en las cuevas de Atapuerca desde hace un millón de años. El reto era saber cómo vivían esos homínidos y cómo se desplazaban fuera de las cuevas, porque era en el exterior donde cazaban y buscaban comida y agua.

¿Restos neandertales?

De todos estos yacimientos encontrados, todos ellos al aire libre, una treintena de ellos son de origen neandertal, una asignatura hasta ahora pendiente en la sierra burgalesa de Atapuerca. Si bien, según explica a la agencia Efe la doctora en Prehistoria, Marta Navazo, es difícil que se puedan encontrar restos de neandertales por la situación de estos yacimientos. Aunque la esperanza es lo último que se pierde.

Al respecto, cabe señalar que el Museo de la Evolución Humana está acogiendo con una gran aceptación una muestra de flora, fauna y otros elementos del yacimiento. cerca de ocho mil personas personas han visitado ya la exposición que lleva por título «Neandertales, desde Iberia hasta Siberia», que tiene como objetivo dar una imagen actual y ajustada de esta especie humana fósil con características anatómicas únicas en el árbol evolutivo de la humanidad.

Por otra parte, la directora destaca la importancia de que las administraciones sigan colaborando para proseguir con las investigaciones y poder continuar dando a conocer a la sociedad los importantes hallazgos que se han encontrado, se encuentran y se encontrarán en el futuro en el entorno de este lugar, declarado Patrimonio de la Humanidad. «Las investigaciones de campo dependen de las ayudas de las administraciones», señala, tras poner como ejemplo el trabajo que ella misma puede realizar una cueva del norte de Burgos y que sin ayudas sería imposible.

Fuente: www.larazon.es